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enero 26, 2010

REVERENCIA EN LA IGLESIA Y EL ALTAR, también en nuestro vestir

LA REVERENCIA A DIOS SE MUESTRA TAMBIÉN EN EL EL VESTIR.
La manera en que vestimos es un asunto individual y muy personal, que refleja o muestra una imagen de nosotros. Tiene que ver también con las tradiciones y la influencia cultural, así como con nuestro estado de ánimo del momento. Al fin de cuentas, somos nosotros quienes decidimos qué nos ponemos o qué no nos ponemos.

Pero cuando se trata de vestirse para ir a la casa de Dios (y cuánto más, si se trata de alguien que va a ministrar en una altar), hay que tener cuidado y sabiduría al hacerlo. >>>

No es mi intención aquí, en ninguna manera, pretender dictar pautas para la vestimenta adecuada de un ministro de alabanza en el altar. Sin embargo, quisiera tocar algunos aspectos generales al respecto, pues veo que, con demasiada frecuencia, algunos ministros descuidan lo referente a esto y no le conceden la importancia que amerita, en lo que respecta a reverencia, decoro, pudor, recato, decencia, prudencia y sabiduría y santidad en el vestir.

Si bien, nuestra vestimenta es un asunto a nivel personal, también es muy cierto que es algo que todos pueden ver y que, por consiguiente, influirá en el concepto que otros se formen de nosotros. Además, nuestra ropa puede resultarnos de ayuda o de estorbo (tanto en el plano natural como en el espiritual), dependiendo de cuán apropiada o inapropiadamente vestidos nos presentemos ante tal o cual lugar y situación.


1. Vestir con reverencia, santidad y decoro en la casa de Dios:

Al vestirnos para ir a la casa de Dios debemos estar conscientes de a dónde vamos, qué vamos a hacer y con Quién nos vamos a encontrar. (y cuando digo "con Quién" me estoy refiriendo al Señor).

Al ir a la iglesia no estamos yendo de compras, ni de paseo, ni al parque, ni a un evento deportivo, ni al supermercado; tampoco estamos yendo a la casa de un vecino, de un amigo, ni a nuestra propia casa. Cuando vamos a la casa de Dios estamos yendo, precisamente, a una casa, pero que es de Dios. Por tanto, no podemos ir allí vestidos de cualquier forma.

Es más, cuando acudimos a un banco, a un hospital, a un colegio, a la oficina, a una embajada, a una institución gubernamental y demás, nos ceñimos a las normas de vestir establecidas por dichas entidades para entrar a sus instalaciones. Incluso es común que coloquen a la vista en la entrada del sitio un cartel de aviso, que especifica las condiciones para ingresar. Y, gústenos o no, tenemos que acatar tales disposiciones, pues de lo contrario, en algunos de esos lugares nos impedirían el acceso a los mismos. Entonces, ¿por qué pretender acudir a la iglesia como si fuéramos a cualquier lado?

Hay quienes sugieren que si no consideramos apropiado un vestido para ir a la oficina o algunos de los lugares mencionados, entonces tampoco deberíamos usarlo para ir a la iglesia. Y no me refiero a un asunto de ostentación ni elegancia, sino más bien, y recalco, me refiero específicamente a la  reverencia y decoro en el vestir que amerita la casa de Dios.


NOTA: (Antes de seguir con este tema, quisiera hacer un paréntesis para aclarar un punto: si usted ha llegado por primera vez a una iglesia o es nuevo en ella, por favor, no se sienta aludido ni que le estamos recriminando, si usted no llegó lo más apropiadamente vestido a ese lugar. Lo importante es que usted llegó a buscar a Dios, y él está feliz por eso. Usted es bienvenido en la casa de Dios, Al Señor le interesa primero limpiar y santificar su vestimenta interna, que es su corazón y su alma, limpiándolo con la sangre de Cristo y haciéndolo a usted puro y santo. Lo de su vestimenta externa es secundario y vendrá con el tiempo. En este post nos estamos refiriendo más específicamente a la manera de vestir de los cristianos que asisten regularmente a las iglesias, incluso por muchos años, y sobre todo, a aquellos que sirven a Dios en un altar). Dicho todo esto, continuemos, por favor...


El propósito de congregarnos en la casa de Dios no es para socializar con los demás o para pasar un rato agradable. Vamos allí pretendiendo encontrarnos, no con cualquier persona, sino con Dios mismo. Por lo tanto, nuestro vestir ha de ir, necesariamente, digno, acorde y adecuado a la ocasión. ¿Y por qué? Porque vamos a la casa de Dios a rendirle tributo, honor, gloria, respeto, alabanza y adoración al Señor.



"Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón estaba junto a mí, y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre..."
Ezequiel 43:6,7

Estas fueron palabras del Señor al profeta Ezequiel cuando le mostró una visión del templo y de la presencia de Dios en él.. Vemos que Dios nos deja bien en claro aquí la santidad inherente a su templo. Hoy por hoy, ese templo son las iglesias y santuarios en donde los hijos de Dios se reúnen para rendirle tributo y adoración a él; y como tal, Dios demanda reverencia en ese templo.

En la lectura bíblica que acabamos de ver hace un momento me llama poderosamente la atención que, precisamente en un pasaje que habla del templo de Dios, él nos deja ver aspectos que tienen que ver con la reverencia, su santidad y majestuosidad, así como nuestra insignificancia ante él. Veamos:

  • Dios se dirige a Ezequiel en ese momento como "hijo de hombre". Ello hace hincapié en el contraste que hay entre nuestra insignificante humanidad y la grandiosa divinidad del Señor: él es Dios y nosotros, simplemente hombres.
  • Dios dice que ese templo es "el lugar donde posaré las plantas de mis pies". Eso nos recuerda que el Señor está muy, pero muy por encima de nosotros; al punto en que lo más alto nuestro queda por debajo de lo "más bajo" de Dios, o sea, bajo la planta de sus pies (lo de "bajo" es solo por ilustrarlo de alguna forma, pues en Dios no hay nada bajo). De por sí, ya es un honor para nosotros que Dios se digne posar sus pies en su templo, cosa que él no hace en cualquier sitio de esta tierra.
  • Ese hecho de que Dios pose la planta de sus pies en su templo y que él mismo nos diga que ese es "el lugar de mi trono" nos deja ver su señorío sobre su casa; lo que otra vez nos recuerda que él es el Señor del templo y que nosotros somos sus siervos.
  • Dios nos dice también: "habitaré" en ese templo. Es decir, él decide no solo visitar ese templo (llegar eventualmente y luego irse), sino habitar en él (establecer allí su morada). Por eso, precisamente, ese templo es Su casa (no la nuestra), y allí está su presencia.

Por tanto, todo lo anterior apunta a que en la casa de Dios debemos tener reverencia y santidad, lo cual se expresa no solo con nuestras palabras, acciones y actitudes dentro de ese lugar, sino incluso en la manera en que vistamos para acudir a esa casa de nuestro Dios y Señor.

"Mas ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo?..."
2 Crónicas 2:6     


"Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra."
Isaías 66:1-2

En estos dos últimos pasajes citados también se nos muestra nuestra insignificante condición humana ante la grandeza divina. Pero qué lindo es que, siendo la tierra el estrado de los pies del Señor, él escoja su templo, su casa, para allí "posar las plantas de sus pies" (Ezequiel 43:7) y para que sus vestiduras llenen el lugar:

"En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo."
Isaías 6:1

Aquí también vemos que Dios se revela ante Isaías como el Señor del cielo y de la tierra. Se nos dice aquí que él está sentado en su trono, el cielo. El tener su trono en lo más alto y el estar sentado en él, nos habla de su reinado, dominio y señorío sobre todo lo que está bajo él. Y luego se nos sigue diciendo que "sus faldas" (el borde de su vestidura) llenaban el templo. Esto nos muestra que la presencia de Dios llenaba el lugar. Y si esto es así, ¿cómo no tener un espíritu de reverencia en la casa del Señor?

"Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra."
Habacuc 2:20


"...Mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová."
Levítico 19:30


"Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre."
Salmos 93:5

Como ya mencionamos, ese espíritu de reverencia ante Dios en su casa debemos ponerlo de manifiesto en todo: en nuestra actitud personal, en nuestra conducta, en nuestro hablar e igualmente, en nuestro vestir. Por eso pienso que el factor del respeto e importancia que le concedamos al lugar de adoración y más aún, a Quién vamos a adorar en ese lugar, marcará nuestra pauta personal al seleccionar cómo nos vestiremos para ir a la casa de Dios.


2. Vestir con reverencia, santidad y decoro en un altar de Dios:

Ahora bien, si debería haber reverencia, santidad y decoro en el vestir por parte de los creyentes de la congregación (es decir, aquellos que solo asisten a la casa de Dios, sin desempeñar ningún cargo o ministerio), ¡cuánto más ha de ser esto válido en el caso de creyentes que ministran para Dios en un altar! Incluso para aquellos que, sin estar en un altar, desempeñan algún cargo de servicio público en su iglesia. Y esto va igualmente para predicadores(as), cantantes, coros, músicos, ujieres, danzores(as), maestros(as) etc.

Basta tan solo darse un breve recorrido por Internet y por algunos videos de Youtube para toparnos con gran cantidad de ejemplos que dejan mucho que decir, en cuanto a ministros, supuestamente cristianos, que se visten no solo inapropiadamente para un altar, sino incluso de manera sensual, provocativa o indecente (y me refiero tanto a damas como a caballeros).

Cuando veo tales cosas no puedo más que preguntarme en qué cabeza les cabe a estos hermanos que es correcto presentarse de esa forma para subir a un altar, en donde los ojos de todos estarán sobre ellos. ¿Acaso no se miraron frente a un espejo antes de salir de su casa? ¿No se dan cuenta de que su mal vestir puede incitar a la distracción e incluso a provocación? ¿Es que no tienen la más mínima sabiduría para discernir que su vestimenta será un estorbo espiritual en su ministración? ¿O es que no se tomaron el tiempo para detenerse a preguntarle al Señor si él aprueba la vestimenta que llevarían? O quién sabe si quizás sí lo hicieron, solo que no quisieron atender lo que él tenía que decirles al respecto.

Y no es que tenga que bajar un ángel del cielo para hablarnos de estas cosas, ni que Dios tenga que hacerlo de manera audible a nosotros. Dios es vivo y real y nos habla a nuestros corazones para mostrarnos lo que está bien y lo que está mal en nuestro diario vivir. Cuando algo en nuestro vestir nos hace sentir mal o aunque sea un poco incómodos, sabiendo que algo no está correcto, ese el Señor hablando a nuestro corazón. Otras veces, el saber cómo vestirnos es simplemente un asunto de conciencia o hasta de simple sentido común, el cual, por cierto, muchos ministros parecen no ponerlo en práctica a la hora de vestirse para un altar.

Me ha tocado ver, a lo largo de los años, a algunos ministros de alabanza (tanto a damas como a varones) con mucha unción y un don y gracia especial de Dios; pero que al no poner cuidado en su vestir, ataviándose con poco decoro, esto se convierte en tropiezo para las personas ante quienes van a ministrar.

En otro caso, hay atuendos que son muy aptos y decentes para otras ocasiones y que no tienen nada de malo; pero que no son los más apropiados a la hora de estar en un altar del Señor; todo tiene su momento y ocasión. Como bien reza un dicho "Un lugar para cada cosa; y cada cosa, en su lugar". Mucho mejor lo expresó el sabio Salomón:

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora."
Eclesiastés 3:1

3. Dios exigía santidad a sacerdotes y levitas en su vestir para ministrar:

Esto de que todo tiene su tiempo y su hora se cumple también en lo referente al vestir. Al respecto, quisiera que viéramos el pasaje en donde Dios le muestra a Ezequiel una visión o revelación profética del templo. Independientemente de cuál sea la interpretación de dicha visión (de la cual no hay un consenso en el ámbito teológico, lo que no viene al caso en este momento), quisiera mencionar ciertos aspectos de dicho pasaje, para aplicarlos al caso específico que nos ocupa, en lo que respecta a la vestimenta para ministrar. En ese pasaje se nos deja ver claramente que Dios hace diferencia entre lo que habrían de vestir sus ministros al entrar al templo a servirle y lo que podían vestir en su diario andar:

"Cuando los sacerdotes entren, no saldrán del lugar santo al atrio exterior, sino que allí dejarán sus vestiduras con que ministran, porque son santas; y se vestirán otros vestidos, y así se acercarán a lo que es del pueblo."


"Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras."
Ezequiel 42:14; 44:19

Hay ciertas cosas importantes que quisiera rescatar de estos pasajes que acabamos de citar:

A. Dice aquí, respecto a los sacerdotes, y de manera literal, que "sus vestiduras con que ministran son santas":
  • Ellos únicamente podían usar vestiduras santas, sagradas. Es decir, vestiduras que reflejaran decoro, reverencia y santidad; y no cualquier cosa que se les ocurriera ponerse; vestiduras que expresaran en sí mismas que ese lugar en donde ellos ministraban era especial, que no era cualquier cosa, pues era el lugar en donde estaba o descendía la presencia de Dios mismo.
  • En otras palabras, una vestidura que no fuera santa, no podía usarse para ministrar. Y hoy tampoco debería ser diferente, respecto a los que ministran en un altar. Tal como hace siglos los sacerdotes se vestían santamente para ministrar, deberíamos también hacerlo así nosotros hoy.
B. Esas vestiduras con que ministraban los sacerdotes eran tan santas que ellos ni siquiera podían sacarlas al atrio exterior, sino que éstas debían permanecer dentro del Lugar Santo. Para entender mejor esto, cabe anotar que, tanto el tabernáculo, como posteriormente el templo original (el de Salomón), se componían de tres secciones bien diferenciadas. De adentro hacia afuera eran: 
  • El Lugar Santísimo (en donde únicamente entraba el Sumo Sacerdote; y esto, solo una vez al año).
  • El Lugar Santo (en donde los diferentes sacerdotes entraban diariamente a ejercer determinados oficios y rituales).
  • El atrio (que era el recinto más exterior del santuario). En el templo (que era muchísimo más grande que el tabernáculo) había también un atrio exterior, que era hasta donde tenía acceso el pueblo para congregarse. Ahora bien, según se nos muestra en los citados pasajes del libro de Ezequiel, los sacerdotes debían dejar sus vestiduras "en las cámaras del santuario" y se les dice a éstos que "no saldrán del lugar santo" con ellas. Y eso, debido a que eran vestiduras santas, las cuales deberían permanecer así, santas.
C. Dichas vestiduras sacerdotales eran tan santas que incluso podían "santificar al pueblo", si es que los sacerdotes salían afuera con ellas puestas y se mezclaban con la gente.
  •  Hoy ocurre en las iglesias todo lo contrario: las vestiduras que usan algunos ministros del altar no tienen absolutamente nada de "santas", sino que lo que hacen es poner tropiezo delante del pueblo y darles ocasión de caer, por la manera de vestir indecorosa, sensual o provocativa de algunos.
D. También se nos dice aquí que "cuando los sacerdotes entren" al Lugar Santo debían ponerse esas vestiduras especiales; es decir, vestiduras dedicadas, apartadas y consagradas para ministrar en el santuario. Es decir:
  • Ellos no podían vestirse con ropa de diario ni con vestiduras para otra ocasión, aún por muy hermosas que estas fueran. Tenían que ser las vestiduras específicamente escogidas y diseñadas por Dios para ministrar.
  • Eso nos debería recordar que, al momento de vestirnos para ministrar en un altar de Dios, no deberíamos apresurarnos a ponernos cualquier cosa, sino que deberíamos escoger únicamente ropa que no estorbe ni riña con el propósito de ministrar a Dios y ante el pueblo.
  • Más aún, un cristiano y una cristiana verdaderos no han de vestir decorosamente solo cuando van a la iglesia, sino siempre y en todo lugar.
E. Tanto las vestiduras que usaban los levitas (que eran ayudantes y servidores en el templo), como las vestiduras de los sacerdotes en general y las vestiduras del sumo sacerdote (el máximo sacerdote), habían sido diseñadas por Dios mismo
  • Dios mismo le dio a Moisés instrucciones específicas para tal fin (eso lo podemos leer en Exodo 28:1.43 y Exodo 39:1-31).
  • El Señor se tomó todo el cuidado de indicarle a Moisés, con lujo de detalles, cómo debían elaborar dichas vestiduras, las cuales eran de telas finísimas, colores específicos, bordados primorosos y accesorios de oro y piedras preciosas. Cada uno de esos detalles tenía un simbolismos y significado específico. El conjunto todo de las vestiduras era una belleza, especialmente dedicada para el servicio a Dios. (Ello no quiere decir que necesitamos vestirnos lujosa u ostentosamente para ministrar a Dios. Por supuesto que no).
  • Lo que sí nos deja en claro este pasaje es que el Señor se tomó la molestia y el cuidado de ordenar cómo quería que se vistieran los sacerdotes que ministraban en su templo. Eso quiere decir que hoy también Dios se fija y le interesa cómo nos vistamos nosotros para ministrar en su casa, en su templo, en su santuario. Y nosotros deberíamos también tomar especial cuidado a la hora de vestirnos para esa ocasión.
F. Quisiera recalcar aquí un detalle muy explícito en las vestiduras de los sacerdotes, el cual estaba en la mitra (la especie de gorro que llevaban sobre su cabeza). En la parte frontal de la mitra, sobre sus frentes, debían llevar un letrero grabado en oro que decía: "Santidad a Jehová".
"Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de selloSANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón..."
(Éxodo 28:36-38).

  • Ese letrero estaba ubicado así a propósito, de modo que llamara la atención, quizás más que todo el atuendo del sacerdote. Ello nos hace ver que, muy por encima de toda la hermosa y santa vestimenta externa que llevaba el sacerdote, él mismo debía y tenía que ser santo. La santidad era lo más importante de su atavío. De la misma manera, hoy por hoy, si llevamos una vida santa ante Dios, entonces nuestro atavío externo será, de por sí, una expresión y producto de esa santidad interna.  
  • Ese letrero tan llamativo estaba sobre la frente del sacerdote y se podía ver a cierta distancia, por el brillo del oro. Pero sus detalles y lo que decía el grabado en sí, solo se apreciaban al estar cerca del sacerdote. Cando miramos de lejos a alguien, vemos su vestimenta, de manera general. Pero cuando miramos de cerca a una persona, lo primero en que nos fijamos es su rostro y lo que tenga en él. Aplicando eso a la vida diaria, podemos decir que los que nos vean desde lejos, sin conocernos personalmente, solo verán nuestro exterior; pero los que nos vean de cerca (es decir, los que nos conocen de manera personal, en nuestro diario vivir), ellos podrán darse cuenta si verdaderamente vivimos en santidad o no. Por eso, nuestra santidad ha de mostrarse y reflejarse en todo lo que hacemos en nuestra vida, tanto en las cosas grandes como en los detalles, en aquello que todos ven, en lo que pocos ven y en lo que solo Dios ve.
  • Dice además que el letrero era de oro, y del fino. Ello nos habla de la excelencia, de lo mejor, de lo perfecto, lo duradero, lo incorruptible, lo hermoso, lo santo. Así debe ser nuestra santidad.
  • El mensaje escrito en ese oro debía hacerse "como grabadura de sello". Seguramente todos hemos visto cómo se estampa un sello. Se necesita un objeto con una superficie plana (sea de metal, madera, barro o plástico) en el cual, dependiendo del caso, se graba en alto relieve o bajo relieve el texto o imagen que queremos implantar sobre el papel, cuero, resina u otro material. Dependiendo del material del sello, la figura del sello es tallada o bien, fundida como parte del mismo sello cuando se fabrica. Lo que quiero resaltar en esto es que la figura o texto grabado en el sello es y se convierte en parte integral del sello, siendo inherente a él e inseparable de él, pues forma parte del cuerpo mismo del material del cual está constituido todo ese sello. De manera similar, nuestra santidad al Señor ha de estar grabada en nuestra mente y corazón, como parte integral, indivisible e inseparable de nuestra vida misma, de lo que somos, "como grabadura de sello", como algo que no se puede quitar ni cambiar y que estará con nosotros para siempre. Además, cabe señalar que el grabado de un sello tiene la capacidad de implantar una réplica o imagen de sí mismo sobre otra superficie. Nuestra santidad también ha se dejar una huella en aquello que tocamos y en aquellos con quienes nos relacionamos y tenemos contacto, haciendo que ellos se conviertan a nosotros, y no nosotros a ellos (Jeremías 15:19).

Para terminar este post, quisiera decir que el atuendo de los ministros en un altar es un tema algo ponzoñoso, que a algunos no les gusta tocar, por evitarse conflictos. Pero no podemos pretender tapar el sol con un dedo ni hacernos de la vista gorda. Hay un hecho que no podemos negar: lastimosamente, son cada vez más los altares en donde vemos situaciones nada reverentes ni prudentes en cuanto al vestir y a la manera de comportarse de los ministros que sirven en la casa de Dios. En algunos casos, hasta se dan situaciones que no solo rayan en la indecencia, sino que explícitamente le dan lugar a la carne.

Algunas veces esto se da por la falta de sabiduría y prudencia de algunos a la hora de vestirse, y no porque no les importe, sino porque no aplican el sentido común al vestirse; y a veces ni siquiera se dan cuenta de lo que están causando con su vestir inapropiado. Cuando ese es el caso, aún hay remedio, pues cuando a dichos ministros se les aconseja o amonesta, abren los ojos y entran en razón, porque sinceramente quieren agradar a Dios; solo que no han sido lo suficientemente sabios al respecto.

Pero también se da otro caso, que es el peor: cuando los "ministros del altar" (si es que podemos llamarlos así) pierden el pudor, recato y decoro, en lo que respecta a la manera en cómo suben al altar de Dios. Y esto sucede cuando endurecen su corazón, cuando pretender sobresalir o "brillar" (a su modo) sobre los demás; cuando no les importa exhibirse indecorosamente, pues no les interesa ni valoran la santidad inherente a un altar de Dios; al contrario, prefieren darle culto a su propia carne. Y se visten así, porque así también andan en su diario vivir.

Y no es que yo sea legalista, pues detesto el "fariseísmo". Pero tampoco acepto ni apadrino el libertinaje o la indecencia en el vestir; y muchísimo menos, cuando se trata de un altar de Dios. En lo particular, me molesta cuando veo cosas así en un altar, pues se supone que quien tiene la suficiente madurez para servir a Dios en un ministerio o en un altar, también debería tener la suficiente madurez y sabiduría para vestirse adecuadamente al desempeñar dicha función.

Aún nos queda mucha tela que cortar en este tema. Pero, antes de proseguir con el tema de la vestimenta adecuada para un altar de Dios, quisiera que viéramos (en este otro post) un poco acerca de lo que es y lo que representa un altar de Dios, y cuál ha de ser nuestra actitud al respecto; ya que pienso que de allí es que parte todo. Es decir, el concepto que tengamos de Dios, de su casa y de su altar determinará la forma en que nos vistamos para estar ante el Señor.

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2 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

jess2108 dijo...

bueno mi comentario referente a la forma de presentarse como ministro de alabanza les puedo comentar que vivo en una zona rural donde hay mucha pobreza pero tambien hay muchas personas apasionadas por el señor JESUCRISTO y su vestimenta es sencilla como podemos ver en las ciudades donde hasta con trajes asisten a los cultos y sus carrazos nuevos , aqui somos mas sencillos nos vestimos con ropa sencilla pantalon y camisa zapatos limpios y un corazon dispuesto a alabar a nuestro SEÑOR JESUCRISTO y Adorarle ....

Osmar Mejia dijo...

Estoy muy de acuerdo con en comentario anterior y también conos la enseñanza expuesta... creo que en muchas iglesias se ha perdido la reverencia a Dios y a su templo.

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