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enero 26, 2010

REVERENCIA EN LA IGLESIA Y EL ALTAR, también en el buen vestir

LA REVERENCIA A DIOS SE MANIFIESTA TAMBIÉN EN EL EL VESTIR
La forma en cómo vestimos, es algo individual y muy personal, que refleja o muestra una imagen de nosotros. También, tiene que ver con las tradiciones y la influencia cultural, así como con nuestro estado de ánimo del momento. Al fin de cuentas, somos nosotros quienes decidimos qué nos ponemos o qué no nos ponemos.
          Pero cuando se trata de vestirse para ir a la casa de Dios, y cuánto más, si se trata de alguien que va a ministrar en una altar; pues hay que tener cuidado y sabiduría al hacerlo. >>>
          No es mi intención aquí, en ninguna manera, pretender dictar pautas para la vestimenta adecuada de un ministro de alabanza en el altar. Pero sí quisiera tocar algunos aspectos generales al respecto, pues veo que a veces algunos ministros descuidan lo referente a esto y no le conceden la importancia adecuada
          Aunque se trata de algo personal, nuestra vestimenta también es algo que todos pueden ver y que influirá en el concepto que se formen de nosotros. Además, nuestra ropa puede resultarnos de ayuda o de estorbo, dependiendo de cuán apropiadamente vestidos nos presentemos ante tal o cual lugar y situación.
          Al vestirnos para ir a la casa de Dios, debemos estar conscientes de a dónde vamos, qué vamos a hacer y con Quién nos vamos a encontrar. No vamos a la casa de un vecino, de un amigo, ni a nuestra propia casa. Tampoco vamos de compras, de paseo, al colegio o a la oficina. Vamos, pues, a la casa de Dios.
          Y el propósito de congregarnos en la casa de Dios no es para socializar con los demás o para pasar un rato agradable. Vamos allí pretendiendo encontrarnos, no con cualquier persona, sino con Dios mismo. Por lo tanto, nuestro vestir ha de ir, necesariamente, adecuado a la ocasión. Sí. Porque vamos a la casa de Dios a rendirle tributo, honor, gloria, respeto, alabanza y adoración al Señor.
"Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón estaba junto a mí, y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre..."
Ezequiel 43:6,7
          Estas fueron palabras del Señor al profeta Ezequiel cuando le mostró una visión del templo. Vemos que Dios nos deja bien en claro aquí la santidad inherente a su templo. Hoy por hoy, el lugar en donde los hijos de Dios se reúnen para rendirle tributo y adoración es un templo de Dios; y como tal, demanda reverencia al Dios de ese templo.
          El hecho de que Dios se refiera en ese momento a Ezequiel como "hijo de hombre" hace incapié en el contraste entre nuestra insignificante humanidad y la grandiosa divinidad del Señor. Asísmismo, cuando él dice que ese templo es "el lugar donde posaré las plantas de mis pies", nos deja ver que Dios está muy, pero muy por encima de nosotros. ¿Acaso no nos dice algo el hecho de que el Señor nos muestra esto, precisamente en este pasaje que habla de Su templo?
"Mas ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo?..."
2 Crónicas 2:6     
"Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra."
Isaías 66:1-2
          En estos pasajes citados también se nos muestra nuestra insignificante condición humana ante la grandeza divina. Pero qué lindo es que, siendo la tierra el estrado de los pies del Señor, él escoja su templo, su casa, para allí "posar las plantas de sus pies" (Ezequiel 43:7) y para que sus vestiduras llenen el lugar:
"En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo."
Isaías 6:1
          Aquí también vemos que Dios se revela ante Isaías como el Señor del cielo y de la tierra. Se nos dice aquí que él está sentado en su trono, en el cielo. El tener su trono en lo más alto y el estar sentado en él, nos habla de su reinado, dominio y señorío. Y luego se nos sigue diciendo que "sus faldas" (el borde de su vestidura) llenaban el templo. Esto nos muestra que la presencia de Dios llenaba el lugar. Y si esto es así, ¿cómo no tener un espíritu de reverencia en la casa del Señor?
"Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra."
Habacuc 2:20
"...Mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová."
Levítico 19:30
           Y ese espíritu de reverencia ante Dios en su casa debemos hacerlo de manifiesto en todo: en nuestra actitud personal, en nuestra conducta, en nuestro hablar e igualmente, en nuestro vestir. Por eso pienso que el factor del respeto e importancia que le concedamos al lugar de adoración y más aún, a Quién vamos a adorar, marcará nuestra pauta personal al seleccionar qué nos pondremos para ir a la casa de Dios.
          Ahora bien, si esto ha de ser es así, tratándose de personas que son, lo que podría decirse "asistentes" a la casa de Dios, cuánto más ha se tenerse en cuenta en el caso de creyentes que ministran para Dios en un altar. Y esto va igualmente para predicadores(as), cantantes, coros, músicos, ujieres, etc.
          Algunos han sugerido que si, por ejemplo, no consideramos apropiado un vestido para ir a la oficina, pues tampoco deberíamos usarlo para ir a la iglesia.
          He visto a lo largo de los años, algunos ministros de alabanza (tanto a damas como a varones) con mucha unción y una gracia especial de Dios; pero que al no poner cuidado en su vestir, ataviándose con poco decoro, esto se convierte en tropiezo para las personas ante quienes van a ministrar.
          En otro caso, hay atuendos que son muy aptos y decentes para otras ocasiones y que no tienen nada de malo; pero que no son los más apropiados a la hora de estar en un altar del Señor. Como bien reza un dicho "Un lugar para cada cosa; y cada cosa, en su lugar". Mucho mejor lo expresó el sabio Salomón:
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora."
Eclesiastés 3:1
          Vemos que en tiempos del antiguo Israel, Dios hacía diferencia entre lo que debían vestir sus ministros al entrar al templo a servirle y lo que podían vestir en su diario andar:
"Cuando los sacerdotes entren, no saldrán del lugar santo al atrio exterior, sino que allí dejarán sus vestiduras con que ministran, porque son santas; y se vestirán otros vestidos, y así se acercarán a lo que es del pueblo."
"Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras."
Ezequiel 42:14; 44:19

          Aunque el atuendo de los ministros en un altar es un tema que a algunos no les gusta tocar, para evitar conflictos; me atrevo a decir que lastimosamente, se pierde a veces el pudor y el recato en ciertas iglesias (a Dios gracias, es solo en algunas) en cuanto a la manera en cómo músicos y cantantes suben al altar de Dios.
          Y no es que yo sea legalista, pues estoy en contra de eso. Pero tampoco acepto ni apadrino el libertinaje o la indecencia en el vestir; y muchísimo menos, cuando se trata de un altar de Dios.
          Por eso, antes de proseguir con el tema de la vestimenta adecuada para un altar de Dios, quisiera que viéramos un poco acerca de lo que es y lo que representa un altar de Dios, y cuál ha de ser nuestra actitud al respecto; ya que pienso que de allí es que parte todo. Es decir, del concepto que tengamos de Dios, de su casa y de su altar es que dependerá la forma en que vistamos para estar ante el Señor. (Ver: "Nuestra actitud ante el altar de Dios")

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