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enero 23, 2010

EL HÁBITO ¿HACE AL MONJE? - Proyectamos una imagen según lo que vestimos

LO QUE VESTIMOS SIEMPRE PROYECTARÁ UNA IMAGEN DE NOSOTROS
Querámoslo o no, nuestra forma de vestir, nuestra apariencia exterior, influye mucho en el concepto “a priori” que las personas se formen de nosotros, desde un principio. Es muy cierto el dicho que reza: “El hábito no hace al monje"; pero yo añadiría: “Si llevas puesto un hábito, de seguro parecerás un monje”. .
          Nuestro atuendo es, a primera vista, nuestra carta de presentación, la proyección inicial de nuestra imagen, pues visualmente es la primera impresión que los demás se llevan de nuestra persona. Si bien, es cierto que lo que vestimos no nos hace ser lo que somos, también es cierto que la forma en que vestimos proyectará siempre (gústenos o no) un mensaje y una imagen que hablará de nosotros, ya sea para bien o para mal. >>>
          Y la realidad es que no siempre esa imagen proyectada será un indicativo veraz de quiénes somos en realidad, si es que a través de nuestra apariencia nos permitimos enviar un mensaje errado de nuestra propia persona. Es más, aquellos que en un momento dado nos vieron por primera vez, pero no llegaron a tratarnos personalmente (sino que solo nos vieron de lejos) se quedarán con la percepción del concepto o imagen que, en primera instancia, se formaron a partir de nuestra apariencia externa.
COMO TE VISTES, ASÍ TE TRATARÁN
          Si vamos a aplicar para un empleo, por ejemplo, como recepcionista de una importante empresa, como cajero de un banco, como vendedor de bienes raíces o para protocolo de eventos (puestos éstos en donde es muy importante la proyección de nuestra imagen), pues no creo que ninguno de nosotros se presentaría a tal entrevista vestido con pantalones playeros o bermudas, una camiseta sin mangas y zapatillas (aún por muy finos, de alta calidad o de una marca prestigiosa que éstos pudiesen ser). Todos procuraríamos presentar nuestra mejor imagen, de acuerdo a la ocasión y lugar y pondríamos cuidado detallado al respecto.
          De manera opuesta, pero paralela, si un varón acude a solicitar un trabajo como obrero de la construcción, pero lo hace vestido de saco y corbata y zapatos de charol, creo que ello le restaría credibilidad ante su posible empleador. Lo más seguro es que, a simple vista, su indumentaria no estaría acorde a la de un hombre dispuesto y acostumbrado al trabajo duro, aún cuando en realidad este hombre pudiese ser el peón más eficiente y esforzado. Y es que toda la indumentaria que llevemos habla silenciosamente de nosotros ante los demás; y aunque no siempre diga lo que realmente somos, en efecto, siempre algo va a decir. Y en base a lo que eso diga, así nos van a tratar.
          Existen estereotipos que varían de cultura en cultura y aún, dentro de las distintas sociedades que forman parte de una misma cultura. Por eso, aunque el vestirnos de x ó y forma no va a convertirnos en eso que aparentamos con nuestra indumentaria, es una realidad que quienes nos vean, dentro de esa determinada sociedad, nos juzgarán de acuerdo a los patrones de vestimenta de su cultura.


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