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enero 21, 2010

VESTIRSE PARA UN ALTAR de manera que agrade a Dios

CUÁL ATUENDO ES APROPIADO EN UN ALTAR DE DIOS? 
Creo, de manera muy personal, que nuestra regla general a seguir para el atuendo propio de un altar (tanto para las damas como para los caballeros) podría basarse en tres cosas: decoro, prudencia y sabiduría.
          Me parece que todo lo que vayamos a llevar como indumentaria deberíamos pasarlo antes por el filtro de estas tres cosas y preguntarle al Señor si es correcto que lo llevemos puesto y si a él le agrada o no que nos vistamos de tal o cual forma.
          Estas pautas deberíamos observarlas, como hijos e hijas de Dios que somos, en nuestro diario vestir, y de manera voluntaria, no por imposición; sino porque queremos agradar a Dios. Pero aún muchísimo más importante es que pongamos especial cuidado en ello cuando vamos a elegir nuestro atuendo para estar en un altar de Dios. Y esto, sin importar dónde se encuentre ese altar.
          La recomendación anterior no solo va para quienes se encargan de dirigir la alabanza, estando parados al frente, sino también para todo el grupo que esté en el altar: tanto coristas (o voces de apoyo o de fondo) como músicos en general; pues los ojos de los demás están sobre todos.
          Opino que, independientemente del grado de elegancia o calidad de nuestra ropa o del presupuesto accesible (ya que ello va de acuerdo a las posibilidades de cada quien) siempre podrá cumplirse el decoro, la prudencia y la sabiduría en nuestro vestir.
          Veamos un poco de todo esto:

CONTENIDO:
1. Decoro, prudencia y sabiduría en el vestir.
    a. Decoro
    b. Prudencia
    c. Sabiduría
2. ¿Por qué vestirnos apropiadamente para un altar de Dios?
    a. Porque somos emisarios de Dios en el altar.
    b. Porque el lugar es un lugar santo.
    c. Porque los demás nos juzgan de primera mano por nuestra apariencia.
d. ¿Cuál es la vestimenta adecuada para un altar?
    a. La ocasión y lugar.
    b. La idiosincrasia de las personas.
    c. Nuestro grado de actividad en el altar.
    d. Los lineamientos de cada iglesia.


A. El decoro:
          La Biblia nos habla de vestir con decoro:
"Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. "
1 Timoteo 2:9-10
"Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios."
1 Pedro 3:3-4
          Aunque ambos fragmentos bíblicos se refieren específicamente a las mujeres, creo que el mensaje intrínseco en éstos es, de manera similar, perfectamente aplicable a varones, como hijos de Dios que también son. Es decir, esto compete igualmente a los hijos y a las hijas de Dios. Y aunque su contexto implica a una cultura de hace aproximadamente dos mil años, me parece que los principios expresados en estos versículos no caducan y son valederos para los creyentes de hoy.
          Si nos fijamos, los pasajes en cuestión se refieren al vestir en el diario andar. ¡Cuánto más deberíamos tenerlos en cuenta si se trata del vestir para estar en un altar de Dios!
          Uno de los pasajes citados hace un momento (1 Tim. 2:9-10), nos da a entender que todo aquel que "profesa piedad" debería ataviarse "como corresponde" a tal condición (es decir, como se espera y supone lo haría alguien piadoso). Y la forma de hacerlo es "con buenas obras"; pero también, ataviándose con "decoro, pudor y modestia".
          Ese debe ser el atavío del creyente, o sea, una belleza que nos adorne desde nuestro interior, y no solo en lo superficial o externo (1 P.3:3). Y creo que si todo eso está en nuestro interior, también se reflejará en nuestras actitudes, palabras y, por qué no, en nuestro vestir.
          Sin embargo, la vestimenta de algunos para un altar no se corresponde ni concuerda con tal condición de "profesar piedad". Todo lo contrario; a través de su vestir, algunos parecieran profesar cualquier otra cosa, menos eso.
          Y ¿a qué se refiere la piedad? Bueno, el diccionario de la RAE la define así: "Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción por las cosas santas; y, por el amor al prójimo (inspira), actos de amor y compasión." Así que, si como creyentes, profesamos dicha piedad, pues nuestro vestir debería reflejar ese "amor por las cosas santas", con el fin de agradar a Dios; así como también, la debida consideración para con nuestro prójimo, de manera en que no le seamos de tropiezo.
Los cristianos deben conservar
pudor y decencia en su vestir.
          Retomando el tema del decoro necesario en el vestir, buscando en diccionarios, encontré definida la palabra DECORO como honor, respeto y reverencia que se debe a una persona”. También, como “pureza, pudor, recato y decencia”. Y ya que a nuestro Dios le debemos honor, respeto y reverencia, ¿cómo pues no ataviarnos pura y decentemente en un altar?
          También otra definición implica "Honra, pundonor, estimación". Me llamó la atención el término pundonor (confieso que hasta entonces, no lo conocía). Y este significa: "amor propio, sentimiento que lleva a una persona a quedar bien ante los demás y ante sí mismo".
          Me parece que sería indispensable que al vestirnos para un altar tengamos también un poco de ese pundonor, de manera que realmente nos interese presentar una imagen correcta de nosotros mismos. Pero, en base a la forma de vestir de algunos al estar en un altar, pareciera que no les incomoda que los demás se formen una imagen negativa de su persona.
          Por último, quisiera citar otra de las definiciones para la palabra decoro. Es también "gravedad, seriedad, en la forma de actuar y de hablar". Creo que no está de más tener esto presente al estar en un altar de Dios y al ataviarnos para ese santo lugar.

B. La prudencia:
Necesitamos discernir con prudencia lo
que es apropiado y lo que no lo es.


          Igualmente, es buena y necesaria la prudencia en el vestir. La PRUDENCIA se define como: virtud cardinal que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello”. Además, significa “buen juicio, moderación, cordura, buen sentido, equilibrio, discreción, cautela y "cualidad que consiste en actuar con reflexión  y precaución para evitar posibles daños". Creo que, de por sí, tales definiciones lo explican todo, ¿no?
          Aplicando esto al vestir, es necesario saber filtrar las modas y costumbres, y vestirnos entonces de manera apropiada; máxime, en un altar de Dios; teniendo el cuidado de que lo que nos pongamos no sea de tropiezo para otros y que no provoque un efecto contraproducente con lo que queremos proyectar.
"Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará;"
Proverbios 24:3
          A través de los años, en ocasiones he sufrido "pena ajena" cuando me ha tocado ver cómo aflora y salta a la vista la falta de prudencia en ciertas damas que suben al altar de Dios en las iglesias, supuestamente a ministrar a Dios y al pueblo de Dios. Pero su atavío refleja tan poquísima sabiduría que no puedo evitar preguntarme dentro de mí si, tan solo por casualidad, se detuvieron por un instante a contemplarse frente a un espejo antes de salir de su casa o, al menos, antes de subir al altar.

C. La sabiduría:
          Y hablando de la SABIDURÍA, la encontré definida como: “el acierto para conducir uno su vida o sus asuntos” También como sensatez, conciencia, razón, cordura e inteligencia”. Igualmente es "cuidado en el comportamiento y modo de conducirse en la vida"; "conducta prudente en la vida y en los negocios" y "grado más alto del conocimiento".
Necesitamos sabiduría para nuestro
vestir en el altar.
          Y qué decir de cómo la Palabra de Dios define la sabiduría:

"El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia."
Proverbios 9:10

"He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia."
Job 28:28
          En otras palabras, la sabiduría y la inteligencia tienen su raíz y fundamento en el temor del Señor y en conocerle a él. Y ese conocimiento de Dios nos capacitará para alejarnos del mal y buscar lo que a Dios agrada.
          Y volviendo al tema de este artículo, puedo decir que, si conocemos al Señor y le tememos con reverencia, no tendremos problemas en este aspecto del vestir y mucho menos, en un altar; pues Dios mismo nos llevará a lo correcto y sabremos escoger así lo apropiado.
"Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica."
1 Corintios 10:23
          Y si sentimos o pensamos que nos hace falta sabiduría para nuestro diario vivir, pues recurramos a la fuente, que está abierta dispuesta para todos nosotros:
"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada."
Santiago 1:5

          Hay además otros aspectos por los cuales nuestra presencia en un altar ha de ser con decoro, prudencia y sabiduría.

A. Porque somos emisarios de Dios en el altar:
          Primeramente, como hijos de Dios que somos, en el momento de ministrar nos constituimos ante el pueblo como emisarios, embajadores y representantes de ese Dios al cual rendimos honor; razón de más por la cual debemos estar dignamente vestidos.
          Y no me refiero a vistosidad u ostentosidad, sino, recalco, a una vestimenta digna de un hijo de Dios, en el sentido de que refleje ante el público la identidad de un embajador de ese Dios de santidad a quien representa.
"Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros..."
2 Corintios 5:20

B. Porque el altar de Dios es un lugar santo:
          En segundo lugar, el altar de Dios es en sí mismo un lugar de encuentro entre Dios y su pueblo; es un lugar en donde esperamos que se encuentre la presencia del Señor. Por tanto, el altar es en sí, un sitio santo.
"Viendo Jehová que él (Moisés) iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios."
Éxodo 3:4-6
          Siendo así, me parece que no resulta correcto ni agradable ante Dios que nos ataviemos de manera impropia o indecorosa para un altar.

C. Porque los demás nos juzgan de primera mano por nuestra apariencia:
          En tercer lugar, el punto quizá más obvio o palpable a simple vista para vestirse adecuadamente es que esto influirá grandemente en cómo perciben nuestra apariencia las demás personas.
          No podemos ataviarnos de tal forma en que nuestro aspecto distraiga al pueblo y desvíe la atención hacia cómo lucimos nosotros, en lugar de dirigir la atención hacia alabar y adorar a Dios.
          Y nosotros mismos podemos propiciar tal distracción, al lucir, ya sea sensuales, provocativos, desarreglados o hasta demasiado ostentosos. Hemos de ser, por tanto, muy sabios en nuestro vestir al estar en un altar de Dios.

          Además de los puntos anteriores que hemos venido analizando, es importante también tomar en cuenta otros aspectos (ya de índole más práctico) para elegir lo que llevaremos puesto en un altar. Veamos algunos ejemplos.


A. La ocasión, evento y lugar:
          Hay que adaptarse a la ocasión y lugar en donde se va a ministrar, para así escoger la vestimenta más apropiada a la situación específica, y no cometer el error de vestirnos discordantemente.
           Es decir, hay que mantener cierta flexibilidad (con sabiduría) en cuanto a nuestra forma de vestir y de arreglarnos, adaptándonos a la circunstancia y lugar; claro está, sin olvidar todo lo que implica el decoro, la prudencia y sabiduría.
          Procedo a explicarme.
          Si vamos a ministrar un tiempo de alabanzas en un campamento juvenil, en una iglesia al aire libre, en la montaña o en el campo junto a un río, no podemos ir vestidos de la misma manera en que nos vestiríamos para ministrar en una conferencia o convención internacional dentro un hotel. Un campamento juvenil implica en sí un ambiente informal, contrario a la clásica formalidad dentro de una sala de conferencias.

Un campamento al aire libre implica un ambiente informal y,
por tanto, una vestimenta también informal.

Un concierto formal implica otro tipo de vestimenta,
dependiendo del tipo de concierto.
          De la misma manera, resultaría un tanto contraproducente ir ataviados ostentosamente si vamos a ministrarles a hermanos sencillos y humildes que viven kilómetros adentro, en la montaña, y que tal vez llegaron a la iglesia descalzos ese día. Es decir, todo tiene su momento y su lugar.


B. La idiosincrasia de la gente a quienes queremos alcanzar con nuestra ministración musical:

          Otro punto importantísimo a tener en cuenta a la hora de vestirnos para ministrar en un altar es la idiosincrasia de la gente a quienes queremos alcanzar con nuestra música. Esto implica, de manera general, la cultura propia del lugar en donde vamos a ministrar. Además de ello, también implica respetar las pautas propias de la iglesia o congregación en donde vamos a llevar a cabo la ministración musical.


C. Nuestra manera personal de comportarnos en un altar:
Si somos muy activos al ministrar,
nuestra ropa no debe ser de tropiezo.
          Por otro lado, si somos muy activos o fogosos al ministrar y nos gusta saltar y movernos mucho de aquí para allá, levantar las manos o quizás, arrodillarnos en el altar, por ejemplo, pues lo más apropiado es vestirnos cómoda y holgadamente para sentirnos en libertad, sin que nuestra ropa sea un estorbo o tropiezo que nos impida desenvolvernos. O simplemente, para evitar que debido a nuestros movimientos y posturas terminemos mostrando partes de nuestro cuerpo que no deberían revelarse en público; todo, por no haber tenido el cuidado de vestirnos apropiadamente.
          Incluso muchos cantantes seculares, no cristianos, hacen su ensayo final antes de un concierto, con toda la ropa y atuendo que llevarán al momento de presentarse en escena. Así, saben de antemano si su vestimenta les estorbará o no en su desempeño en el escenario. No digo que tengamos que hacer eso, pero sí es aconsejable que tengamos un cuidado previo respecto a lo que pensamos llevar puesto durante una ministración.
          Todo este balance necesario en nuestro atuendo externo, puede lograrse, recalco, sin dejar a un lado el decoro, la prudencia y la sabiduría en el vestir.
          Así, todo tiene su momento y su lugar. Pongamos mucho cuidado para que aquello que físicamente llevamos puesto, no sea un estorbo para lo que espiritualmente pretendemos lograr.
          En todo caso, por lo general cada pastor suele sentar sus propias pautas para el vestir de los ministros dentro de su congregación. En la búsqueda de la vestimenta adecuada, a veces algunos caen en ser sumamente legalistas. Otros, por el contrario, evitando aquello, se van al extremo opuesto y se vuelven demasiado permisivos, para no ofender a nadie; al punto en que, aunque no aprueban la manera de vestir de algunos de sus ministros de alabanza, sí la toleran; (lo que, para efectos prácticos, me parece que resulta lo mismo).
          Pero, sea como sea, se supone que alguien que tenga la madurez espiritual suficiente como para pararse frente a un altar a ministrar a Dios, debería igualmene ser lo suficientemente maduro como para presentarse correctamente vestido en ese altar y ello no debería resultar motivo de problema. Pero, lastimosamente, no siempre resulta así. Eso obliga a veces a los pastores a tener que dictar reglamentos y estándares a seguir para la vestimenta en el altar en su iglesia. Otros, para evitarse complicaciones, optan por la uniformidad en el vestir, como vestimentas tipo coro "gospel" o similares.
          En fin, los ministros de alabanza deberían ser, a estas alturas, lo suficientemente maduros (incluyendo lo concerniente a su atavío externo) y no andar incomodando al pueblo y a sus pastores de esa forma. Deberíamos tener todos ya criterios formados y bien definidos al respecto.
"Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar."
1 Corintios 14:20
          Como dije en un principio, no pretendo instituirme en fiscalizadora o legisladora del vestir, pues no soy quien para hacerlo. Pero no estoy de acuerdo con los extremos legalistas, ni tampoco con un libertinaje que raya en la indecencia y el desorden. Lo único que quisiera es apelar a la conciencia de cada ministro de alabanza al respecto; ya que al fin y al cabo, esto termina siendo algo entre cada uno y Dios. Pero aún así, no podemos perder de vista que la manera en que vistamos al ministrar, aunque es algo personal, también es algo que afecta e influye en los que nos ven, sea para bien o para mal.
          Hay que darnos a respetar, también en la manera en que vestimos, y reflejar a Cristo incluso en nuestra apariencia. Creo que antes de subir a un altar deberíamos mirarnos con honestidad frente a un espejo y preguntarnos si el decoro, la prudencia y la sabiduría se cumplen en nosotros, en cuanto a lo que llevamos puesto. Si así hiciésemos todos siempre, creo que nos evitaríamos en las iglesias más de cuatro "espectáculos" indeseados, no seríamos de tropiezo a la congregación y les ahorraríamos a los pastores y demás autoridades eclesiásticas varios dolores de cabeza, evitándoles tener que andar lidiando con sus ministros de la música, por su vestir inadecuado, habiendo tantas otras cosas más apremiantes que atender.
          Diría yo, en resumidas cuentas, que nuestro atuendo general de los pies a la cabeza, como ministros de alabanza, no debería enviar el silencioso mensaje de: “¡Hey, mírenme todos! ¡Me gusta la irreverencia y el libertinaje!”. Así como tampoco debería proclamar: “Heme aquí, el súper santurrón y legalista. ¡Ninguno aquí es más santo que yo!”. Mas bien, nuestro atuendo externo debería tácitamente expresar: “VIVO EN LIBERTAD, PERO TAMBIÉN EN SANTIDAD”.


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