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mayo 07, 2010

LA FAMILIA en el orden de prioridades de la vida (2a Parte)

ATENDIENDO LA PRIORIDAD FAMILIA
En el artículo anterior vimos la importancia de concederle a la familia la segunda prioridad en nuestra vida. En otras palabras, darle a nuestra familia la prioridad que debería seguir, después de Dios. Ahora, hablaremos acerca de establecer ese balance entre atender la familia y atender las demás ocupaciones.
          El concederle la segunda prioridad de nuestra vida a nuestro núcleo familiar, implica también dedicarle el amor, cariño, atención, cuidado, comprensión, apoyo, sostén (tanto espiritual, moral, como material); así como la instrucción, recreación y tiempo a todos y cada uno de los miembros que conforman nuestra familia. Y esto, en la medida de las necesidades de cada quien.
          Lamentablemente, en la vida real, no siempre nuestras mayores prioridades humanas son aquellas a las que les podemos dedicar más tiempo.
          Tal el caso de nuestra ocupación o empleo secular (o seglar). Las ocupaciones laborales pueden restar gran parte del tiempo que desearíamos dedicar a la familia.
          Por ejemplo, un padre o madre, por mucho que ame a su familia y desee pasar la mayor parte de su tiempo con ella, no podrá hacerlo así; ya que seguramente, por necesidad, se verá en la obligación de pasar una mayor cantidad de horas fuera de casa.
          Esto, tomando en cuenta el tiempo que le toma dirigirse a su trabajo; luego, cumplir con su jornada laboral y, sumado a ello, el tiempo que le tome regresar a casa. En promedio, todo ello puede acapararle tal vez entre nueve a doce horas o más; quedándole así escaso tiempo disponible para compartir con sus seres amados.
          Y qué decir de aquellos a quienes sus ocupaciones laborales les exigen ausentarse de su hogar por días, semanas e incluso, meses. Allí es en donde entra el cuidado y esfuerzo que pongamos en buscar el balance necesario; ya que si la cantidad disponible de tiempo es poca, entonces debe hacerse sabiamente el esfuerzo de que esa poca cantidad de tiempo sea un tiempo de la mayor calidad posible.
          Existirán también ciertos momentos en que algún miembro de la familia necesitará mayor cuidado y atención que los demás. Entonces hay que atender esa necesidad específica en ese tiempo específico, procurando que, aún así, no se rompa el balance, en lo concerniente a a atención que también necesitan los demás miembros de la familia.


1. DEBERES COMO CÓNYUGES Y COMO PADRES:

     La familia demanda, como parte de sus necesidades, que se le dedique tiempo de calidad. Como miembros de una familia, y más aún, si se es cabeza de ésta, es imprescindible apartar y dedicar la atención a aquellos seres que amamos; puesto que si no lo hacemos así, estaremos en peligro de cosechar graves consecuencias.
          La propia palabra del Señor nos dice:
"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará."
Gálatas 6:7
          Por ejemplo, hay madres de familia que, bajo la buena intención de servirle al Señor, dedican tanto tiempo a la obra de Dios que descuidan sus obligaciones para con su cónyuge y sus hijos. No cuidan del bienestar ni salud de sus hijos, ni saben en qué pasos andan; no atienden a su esposo como debe ser; no limpian su casa, no preparan la comida, etc. O si lo hacen, lo hacen "a medias", por salir del paso; y llegan a altas horas de la noche casi todos los días. Todo ello, por pasarse la mayor parte del tiempo en la iglesia o sirviendo al Señor en algún ministerio.
          Además, por estar gran parte de su tiempo en esos menesteres, no solo descuidan la atención física para con su familia, sino que tampoco dedican tiempo para compartir emocional y espiritualmente con sus seres queridos. Y cuando lo anterior sucede, especialmente si se trata de esposos o hijos que aún no conocen al Señor, todo ello resulta en tropezadero y en un pésimo testimonio para ellos.
          No me parece, por ejemplo, que al Señor le agrade que una esposa o un esposo descuide deliberadamente a su pareja, bajo pretexto de estar sirviendo en la obra de Dios. Y cuánto más grave resultaría esto si su cónyuge no es creyente.
          Recordemos lo que nos dice el apóstol Pedro:
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.”
1 Pedro 3:1
          Aunque el verso anterior es una indiación del apóstol Pablo a las esposas (en cuanto a respetar la autoridad de sus esposos), creo que la última parte del mismo es también es muy aplicable a los esposos. Lo digo en el sentido de que las esposas no creyentes, también pueden ser ganadas para el Señor, debido a la buena conducta de sus esposos.
          Lamentablemente sucede a veces (aunque no por ello lo justifico) que por la falta de atención brindada, el marido o su mujer terminan buscando dicho afecto, cariño y atención en otra persona que se lo brinde fuera del hogar.
          Los esposos y esposas no creyentes deberían encontrar en sus cónyuges cristianos un ejemplo del verdadero cristianismo.
          Un hombre o una mujer (aún cuando su esposo o esposa no sea creyente) puede mantener su matrimonio y hogar en correcto balance con su trabajo o servicio a Dios. Y existen muchos testimonios y vívidos ejemplos que demuestran que esto es funcional.
          Es más, en matrimonios cristianos, si hay un común acuerdo, pues algún miembro de la pareja podrá hasta ausentarse y viajar lejos, si así lo exige su servicio a Dios, sin que esto tenga por qué causar problemas (si es que se ha sabido mantener la relación conyugal en blance). Y este distanciamiento físico del cónyuge solo debería ser por un tiempo prudencial, sin abandonar por demasiado tiempo su hogar. Y al reencontrarse, ambos cónyuges deberían darse y permitirse para sí el suficiente tiempo juntos, para estrechar sus propios lazos de pareja.
          Y qué decir de los hijos. Aún cuando una madre o un padre no tenga una pareja en el hogar, pero sí tiene hijos; entonces esa madre o ese padre es la persona responsable ante Dios por el cuidado y esmero que le brinde a su prole. No está bien que se les descuide y que no sepa en qué andan su hijos, por estar, según ese padre o esa madre, "sirviendo de lleno a Dios."
          Es que no importa qué edad tengan los hijos: si son aún bebés, niños, adolescentes o jóvenes un poco mayores; nunca hay que descuidarlos Ni siquiera, por el más grande servicio a Dios.
          Como padre o madre, pregúntese, solo como caso hipotético, ¿de qué me valdría haber desempeñado por años un poderoso ministerio para Dios, si al final de cuentas, y por no haber sabido hacerlo con sabiduría, eso me costó descuidar a mis hijos y que éstos se perdieran? Siempre recuerdo un pensamiento que leí hace muchos años que, parafraseádolo un poco, dice así:
Los hijos salen del seno de Dios y él los entrega en manos de sus padres. Es responsabilidad de éstos criarlos de tal forma que, cuando mueran, vuelvan allá.
          Y esto también va para los padres y/o esposos. Algunos terminan descuidando la atención personal que los miembros de su familia requieren, por estar sirviendo en la obra de Dios o por dedicar más tiempo del debido a su ocupaciones laborales seculares. Y entonces, están en peligro de cosechar grandes conflictos en su relación con su esposa y/o con sus hijos.
          Si el Señor ha puesto a un padre o a una madre para cuidar de su familia, instruir y levantar a sus hijos, pues esa es la tarea más especial e importante que se le ha conferido, así como también la más difícil, delicada y dedicada. Entonces, hay que atender la familia como una prioridad, a cabalidad y con toda la propiedad que ello implica.

2. SERVIR A DIOS, SIN DESCUIDAR LA FAMILIA:
          Si queremos servir al Señor en su obra, tenemos que, de manera integral, saber balancear el trabajo en la obra de Dios, con aquellas obligaciones primordiales para con la familia; ya sea, como esposos o esposas, como padres y madres, o como hijos e hijas.
          Servir a Dios y atender bien las necesidades de todos los miembros de la familia requiere una grande y tremenda dedicación y exige ser gente esforzada y comprometida con Dios; puesto que envuelve dedicar y administrar sabiamente el tiempo y esfuerzo en lo que se hace.
          El servicio a Dios incluso podrá requerir a veces, sacrificar tiempo o atención que le pertenece a los seres que más se aman. Pero esto ha de ser, nunca en demasía ni con mucha frecuencia. Y todo, siempre y cuando ellos entiendan porqué lo hacemos y estén anuentes a contribuir con su comprensión.
          No quiero decir con todo lo anterior que hay que servirle a Dios con "las sobras" de nuestro tiempo y de nuestro esfuerzo. En ninguna manera. Estoy consciente de que el servir en la obra del Señor implica también pagar un precio.
          Creo que el balance estriba en que el sacrificar la atención a nuestros seres amados por servir en la obra del Señor puede ser la excepción; mas no ha de ser nunca la regla.
          Es decir, va a haber momentos en que dedicar tiempo, atención y esfuerzo en el servicio a Dios pueda restar un poco de estas mismas cosas a nuestra familia. PERO ELLO NO TIENE POR QUÉ SER UNA FORMA O ESTILO DE VIDA CONTINUO Y PERMANENTE. Cuando sea necesario, lo será; pero no puede ser de esa manera todo el tiempo.
          Esto ha de ser únicamente por un tiempo prudente; además de, preferiblmenente, por común acuerdo con ellos. Es que si siempre estamos relegando a los nuestros, por estar sirviendo en la obra de Dios, pues no creo que al Señor le agrade así y estaríamos saliéndonos del orden establecido por Dios mismo. Recordemos que recogeremos aquello que hayamos sembrado.
          En un momento dado, hasta podría darse en la vida suya alguna circunstancia o problema familiar (tal vez con su cónyuge o sus hijos, o quizás con sus padres); siendo ésta una situación fuera de lo normal, muy grande, severa, delicada o extrema (ya sea de salud, emocional o de otra índole). Puede que dicha circunstancia le exija que concentre en ello y de lleno, una tremenda, urgente o absorbente atención. o también podría llegar el caso en que esas circunstancias extremas le hagan demasiado difícil o tal vez casi imposible compaginar, por un tiempo, su vida personal con su servicio en la obra del Señor.
          Quizás en ese caso, de ser estrictamente necesario, sería sabio y prudente hacer solo un alto (no un retiro definitivo), dedicarse a sus seres amados y a tratar esa situación fuera de lo común; si usted sabe que Dios así se lo está ordenando. Puede que ello implique también efectuar una pausa en su servicio a Dios, hasta que le sea posible de nuevo balancear familia y ministerio. Y esto, sin sentirse culpable o que le está fallando al Señor por eso. Él más que nadie comprende y está interesado en su bienestar en el bienestar de aquellos que usted ama.
          Nótese que lo que dije fue hacer un alto en el servicio a Dios. No dije retirarse del servicio a Dios; ni tampoco mencioné hacer un alto en nuestra relación con Dios. Nada de eso. Eso es muy distinto.
          Independientemente de las circunstancias extremas o no de la vida, el Señor ha de ser lo primero para nosotros; y nuestra relación personal con él jamás debe menguar ni enfriarse.
          Para ilustrar mejor a lo que me refiero con esto de "hacer una pausa", mencionaré algunas situaciones hipotéticas, sin hacer alusión específica a ninguna persona.
          Por ejemplo, no creo que sería muy pruedente que un siervo de Dios, cuya esposa, hijo o quizás madre o padre, esté en la etapa terminal de una grave enfermedad, deba viajar o ausentarse de
continuo por semanas y semanas, debido a estar predicando la palabra de Dios. En esa situación, ese familiar necesita más que nunca de la presencia, aliento y cuidados de sus seres más allegados. Pienso que lo más prudente podría ser hacer una pausa al respecto y pasar los últimos días con ese ser querido. Pues, de no hacerlo así, tal vez se arrepienta de ello por el resto de su vida, cuando esa persona ya no esté y no tenga manera de recuperar el tiempo que no aprovechó a su lado.
          Y podríamos seguir hablando de manera supuesta, para ser más explícitos. Otro caso podría ser el de un hijo o hija adolescente que se enreda en pandillas, que cae víctima de drogas, alcoholismo, o que es presa de opresiones mentales o padecimientos psicológicos. Suponiendo que esté viviendo un proceso de rehabilitación o que se encuentre en un tiempo de re-adaptación o re-integración, pues necesitará urgentemente de todo el tiempo y atención que su madre o su padre pueda brindarle.
          Todo estas cosas podrían tal vez ser muy absorbentes para los padres, como para pretender estar todo el tiempo sirviendo al Señor en la iglesia; aún cuando anteriormente acostumbraran hacerlo así. No es que tengan que dejar de servir a Dios, sino que deben, como padres, concederle la debida importancia y atención a tan delicada situación que su hijo o hija esté viviendo.
          De manera similar, si un hijo o hija ha sufrido un grave accidente y está hospitalizado o en proceso de terapia; pues ello demandará todo el tiempo que su madre o padre pueda darle, tanto en compañía como en cuidados y atenciones físicas. No estaría bien darle la espalda a ese hijo o hija, por pasar la mayor parte del tiempo trabajando para Dios en la iglesia.
          Paralelamente, sería irresponsable que la madre de un bebé recién nacido se la pase en la iglesia todo el tiempo, bajo la excusa de ir a servir a Dios; dejándolo siempre al cuidado de nodrizas (niñeras, nanas) u otras personas. Cuando lo correcto es que ella misma le dedique suma atención y tiempo a su hijo(a) en esta etapa tan delicada de la vida del infante.

          No intento con todo esto juzgar aquí a nadie, pues no soy quién para hacerlo.  Además, cada situación, sea hipotética o real, es única y solo el Señor sabe y comprende cada caso. Lo que pretendo con estos ejemplos es tratar de explicarme mejor para que usted pueda tener un panorama de ciertos casos extremos que a veces ocurren, tal y como los hemos planteado.
          Ahora bien, en ninguna manera pretendo insinuar que hay que servirle a Dios solo cuando las cosas anden bien y en perfecto orden; y que si llegasen a ocurrir problemas, pues “dejamos el plumero” y nos retiramos. Que no se me mal interprete.
          Lo que quiero decir es que a veces en nuestras vidas podrán surgir circunstancias extraordinarias o extremas que nos pueden poner "entre la espada y la pared" y que exigirán nuestra temporal, pero casi total atención y dedicación a las mismas. Aún y cuando ello represente hacer una pausa (recalco la palabra pausa) en nuestro servicio en la obra de Dios.
          Me refiero en estos casos a  hacer un alto temporal; pero no a abandonar definitivamente nuestro servicio a Dios. Y aún cuando se hiciera una pausa en el ministerio, ello no implica en ninguna manera alejarnos de la presencia del Señor ni dejar de buscar de él, ni tampoco de congregarse. Sino, todo lo contrario, aferrándonos a él más que nunca en una situación así.

          Nunca deberíamos hacer una pausa en lo que respecta a buscar y recibir de Dios, pues nos moriríamos sin él.
          No creo que sea de Dios insistir en dedicarle todo el tiempo y esfuerzo a una labor ministerial (como algunos cristianos hacen) si es que lo que hacen va en detrimento constante del cuidado y atención a los seres más amados y más importantes en su vida, cuando éstos así lo requieren. Y todo, por no encontrar y mantener el balance correcto entre estas cosas. Pues, en ese caso, no me parece (y es mi opinión muy personal) que el Señor reciba con agrado lo que se hace.
          Todos deberíamos empezar por darle a Dios el primer lugar en nuestra vida, estableciendo nuestra relación personal con el Señor como nuestra mayor prioridad. Y de allí, permitirle a él que nos ayude a poner en orden todas las demás prioridades y ocupaciones de nuestra vida.
"Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino."
Salmo 37:23

4 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

Unknown dijo...

me parece muy buena esa reflexion, xq tengo una amiga q prefiere pasarsela en la jglesia q estar en su casa atenida a su esposo q es el q ve x sus hijos pero en el fondo sus hijos reclaman su presencia como madre pero ella no lo quiete entender

esther alarcon dijo...

Gloria a Dios por su vida. Es algo que he visto mucho en la iglesia "zombis" sirviendo a "Dios", pero una vida seca pues la relación de matrimonio y familia es muchas veces una farsa, peor que la de gente inconversa, cómo necesitamos sabiduría... Ciencia, Inteligencia... Cómo necesitamos el Espíritu Santo de Dios.

esther alarcon dijo...

Gloria a Dios por su vida. Es algo que he visto mucho en la iglesia "zombis" sirviendo a "Dios", pero una vida seca pues la relación de matrimonio y familia es muchas veces una farsa, peor que la de gente inconversa, cómo necesitamos sabiduría... Ciencia, Inteligencia... Cómo necesitamos el Espíritu Santo de Dios.

Elizabeth Valenzuela dijo...

Muy bonita reflexión

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