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mayo 08, 2010

EL SERVICIO A DIOS en el orden de prioridades de la vida (2a Parte)

¿ES LO MISMO SEGUIR A DIOS que SERVIR A DIOS EN UN MINISTERIO?
Es importante discernir la diferencia entre lo que es seguir a Dios y lo que es servir en la obra de Dios. Lo primero, es una forma de vida; y lo segundo, viene como parte de lo primero.
          Entendiendo esta diferencia, podríamos evitar el error que tantos cristianos cometen. Y este es el creer que su relación personal con Dios (que sí es y debe ser lo principal en sus vidas) es lo mismo que el servicio o ministerios que desempeñan en su obra. Aunque ambas cosas guardan relación y a algunos podría parecerle lo mismo, no lo son. Y la confusión de dichas prioridades lleva, en la práctica, a muchos inconvenientes en la vida de una persona.

1. ES IMPORTANTE SERVIR A DIOS, PERO MÁS IMPORTANTE ES NUESTRA RELACIÓN CON ÉL:
          El darle al Señor el primer lugar en nuestra vida tiene que ver directamente con nuestra relación personal con él. Y esto es independiente de si estamos sirviendo o no en su obra en un momento dado.
          Tal como vimos en el artículo anterior (Dios en primer lugar), podríamos decir, en resumidas cuentas, que el hecho de que Dios sea o no sea la principal prioridad en mi vida, tiene que ver directamente con quién es Dios para mí y cómo lo pongo de manifiesto, de una manera real, en mi diario vivir; amando al Señor con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas (Marcos 12:30). Y no solo amarle, sino demostrándolo a diario con los hechos. Eso es tener a Dios en primer lugar.
          Ahora bien, es perfectamente posible amar al Señor y tener una estrecha relación personal con él, dándole la primera prioridad en nuestra vida, aún y cuando por una u otra razón, no estemos sirviendo en su obra en un momento dado.
          Esto puede reiterarlo, por ejemplo, cada fiel cristiano (sea nuevo o viejo en la fe) que aunque no esté trabajando en la obra de Dios, ello no le impide amar al Señor por sobre todo en su vida y darle también el primer lugar en ella.
          Tampoco es cierto que cuando un creyente no está trabajando de lleno en la obra de Dios, por ello no es un buen cristiano. Y digo estas cosas porque así suelen pensar muchos.
          Hay muchos cristianos que (ya sea porque sufren alguna enfermedad incapacitante, son muy ancianos o por alguna otra circunstancia específica de la vida) no pueden estar sirviendo en la obra del Señor de una manera activa y palpable (ante los ojos de los demás). Pero eso no quiere decir que no sean fieles creyentes del Señor y que con su testimonio, su fe y sus oraciones no puedan ser de bendición para otros.
          Sucede también que algunos otros hasta se acusan a sí mismos dentro de sí, sientiéndose culpables y "malos cristianos", si es que por alguna razón ajena a su voluntad no pueden servir al Señor como quisieran. Esto no debería ser así.
          Es que el tener al Señor en primer lugar en nuestra vida no depende de que desempeñemos o no un ministerio o trabajo específico para Dios; más bien, depende de nuestra relación personal con él. Y esto último debería ser la prioridad número uno en la vida de todo cristiano.
           Por otro lado, es lógico que quien ame verdaderamente a Dios, pues también anhelará y amará el servirle y trabajar para él, haciendo su obra; lo cual está muy bien y es el deber de todo buen creyente (tanto para con el Señor como para con este mundo que nos rodea).
          Pero el servir a Dios desempeñando un ministerio, jamás debe ser tan importante que llegue a ocupar, en la vida de un cristiano, el puesto y lugar que solo le compete a Dios.
          Él es primero; nuestra relación personal con él es lo más importante. Después y solo entonces, viene todo lo demás.
          Más importante que AMAR AQUELLO que hacemos para Dios, es realmente AMAR A AQUEL para quien hacemos lo que hacemos.

          Creo que lo que desea el Señor es que ante todo, le amemos profundamente y en verdad, por encima de todas las cosas; y siendo así, de ese amor a él nacerá, como algo natural, nuestro deseo de servirle.



2. SERVIR EN UN MINISTERIO NO LO ES TODO:
          Servir al Señor, trabajar en su obra o servirle en algún ministerio es algo hermoso, es un privilegio y además, es necesario; es cumplir la voluntad del Señor. En otros articulos de este sitio veremos con detenimiento la grandeza de servirle, el privilegio, la responsabilidad y muchas otras cosas más, en lo que se refiere a trabajar para el Señor.
          Pero antes de llegar a todo eso, quisiera dedicar el presente artículo a hacer énfasis en la importancia crucial de que Dios sea el fundamento de nuestra vida y por ende, de nuestro ministerio. Ese es el punto de partida correcto. Si establecemos o desarrollamos un ministerio de una forma distinta a esa, tarde o temprano llegaremos al fracaso.
          Traigo esto a colación, pues en repetidas ocasiones he escuchado a cristianos decir que lo que los mantiene a ellos firmes en el camino del Señor es, precisamente, el estar trabajando en la obra de Dios, ya sea sirviendo en la iglesia o en algún ministerio. Que si dejan de hacerlo, entonces se apartarían del Señor o "se enfriarían". Gran error pensar así, o vivir de acuerdo a ese precepto.
          Y es que la vida cristiana no se reduce a un ministerio. Servir en un ministerio no lo es todo. No podemos establecer una relación con Dios, en base a un ministerio.
          Aunque no la comparto, entiendo la lógica (solo hasta cierto punto) de los que piensan que necesitan servir a Dios para mantenerse más cerca de él. Es cierto que el solo hecho de tener sobre los hombros la responsabilidad de desempeñar un determinado ministerio o servicio para Dios, motivará a esa persona a buscar de él; ya que obviamente, querrá realizar una obra fructífera, bajo su unción y con su gracia, favor y poder. Tal expectativa lleva a la persona a comprender que por sus propias fuerzas, talentos o habilidades no podrá lograrlo, sino que depende del Señor. Y todo esto le llevará a buscar de Dios. Sino lo hace por amor a él, aunque sea, lo hará porque sabe que le necesita. La parte positiva de esto es que se mantendrá buscando de Dios.
          Pero si un creyente se acostumbra a vivir bajo este precepto anterior y se mantiene cerca de Dios, únicamente porque lo necesita para poder desempeñar su labor en la obra de Dios, buscando al Señor solo por esa razón; entonces creo que se ha salido de la perspectiva correcta.
          Si un creyente establece su relación con Dios y su cercanía a él, en base a las cosas que pueda o quiera hacer como servicio a Dios, estaría desenfocado al respecto.
          Como mencionamos al inicio de este artículo, lo primordial es seguir a Dios y darle a él (no al ministerio) el primer lugar en nuestras vidas. Si hacemos esto de la manera que Dios quiere, entonces, en consecuencia y como parte de esa vida en correcto orden, tendrá lugar nuestro servicio al Señor.
          Quien verdaderamente ame al Señor, le buscará y procurará mantener una relación de intimidad con él. Y lo hará así, precisamente, porque le ama y porque él es todo para dicha persona. Además, sabrá también que necesita al Señor, no solo para servirle en su obra; sino que le necesita y depende de él para vivir cada día de su vida; independientemente de que esté realizando o no alguna labor específica dentro de la obra de Dios.
          La palabra de Dios también nos deja esclarecido que es primordial tener una buena relación con el Señor. Y a ello, entonces, añadir nuestro servicio a él:
“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma...?”
Deuteronomio 10:12
          Vemos que en este verso el Señor mismo nos manda primero a temer a Dios. Si tememos a Dios, ello nos llevará a caminar en  su senda; es decir, a "andar en todos sus caminos". Y ese hecho de guardarnos para Dios es una forma de mostrarle nuestro amor por él. Por eso, nos dice que amemos a Dios. Y luego entonces, después de todo lo anterior y como consecuencia de temerle, seguirle y amarle es que nos dice que sirvamos al Señor.
          Hay quienes procuran solo servirle a él, pero sin llevar primeramente una vida dentro del temor de Dios, sin andar en sus caminos y sin amarle como él quiere que le amemos.
          El versículo en mención también nos deja en claro la manera en que hemos de servirle al Señor: "con todo el corazón y con toda el alma". Es decir, con todas las fuerzas, energía, empeño, dedicación, entrega y disposición de nuestro ser.
"...Servid a Dios con alegría; venid ante su presencia con regocijo."
Salmo 100:2
          Podemos y debemos deleitarnos en servirle a Dios, pero no podemos darle, al trabajo que hacemos para Dios, el mismo lugar que corresponde a Dios, a lo que el Señor es para nosotros.
          A veces ocurre con algunos cristianos que éstos llegarn a disfrutar y amar tanto el trabajo, servicio o ministerio que desempeñan para el Señor, al punto en que esto llega a ser para ellos más importante que su propia relación con Dios; y aún, que Dios mismo.
          Entonces, sin querer y sin darse cuenta, su ministerio se convierte para ellos en su ídolo y razón de ser. Llegan a amar más AL MINISTERIO DE DIOS que AL DIOS DEL MINISTERIO. Que nunca seamos hallados nosotros así.
          Y si hay un ministerio que, por la naturaleza del mismo, se presta para que este proceder llege a atrapar a algunos, es precisamente el ministerio de la música. Algunos terminan amando tanto el hecho de cantar, componer música, ejecutar un instrumento para Dios o participar dentro de un grupo musical, que terminan concediéndole a la música, per sé, y al ministerio, un sitial desproporcionado en sus vidas.
          Entonces, invierten muchísimo más tiempo, esfuerzo y dedicación en estos menesteres, que en buscar y anhelar la presencia de Dios; olvidando quizás, que CUALQUIER MINISTERIO ESTARÁ VACÍO, SI DIOS NO REINA EN MEDIO DE ÉSTE.
          Nunca perdamos nuestro norte, llegando a afanarnos tanto por servirle a Dios, que terminemos anteponiendo el ministerio, antes que nuestra relación íntima y personal con el Señor; que es lo que verdaderamente importa en esta vida y por toda la eternidad.
         


3. SIRVAMOS A DIOS CON UN CORAZÓN CORRECTO:
          El apóstol Pablo también nos enseña que al final de los tiempos nuestras obras serán probadas por el Señor mismo:
"...pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego."
1 Corintios 3:10-15
          Aquí el apóstol se está refiriendo a obras de los cristianos, de los hijos de Dios; puesto que inicia diciendo que sobre el fundamento, que es Cristo, algunos edificarán obras que prevalecerán y otros no. Y que en todo caso, la persona será salva. Por eso decimos que está hablando de creyentes, salvados por la sangre de Cristo. (Esto también guarda relación con lo que se nos dice en 2 Corintios 5:9-10, acerca de comparecer ante el tribunal de Cristo).
          Esto nos lleva a otra cosa: que todas las obras aparentemente buenas que hagamos, serán probadas por Dios. Puesto que se está hablando aquí de creyentes salvos, es lógico pensar que ya esto no se trata de obras pecaminosas, pues Cristo las debió haber perdonado (si no, tales creyentes no hubiesen podido nunca llegar hasta el cielo, a ese día que se menciona en dicho pasaje). Además, Dios no "restriega en la cara" de nadie los pecados que ya él perdonó cuando nos arrepentimos de ello. Por otra parte, nos enseñan las Escrituras que por las obras nadie gana su salvación; lo cual nos hace comprender que el Señor no está juzgando allí las obras para salvación o condenación, sino para recompensas y galardones.
           Por eso, creo que aquí se habla de que ese fuego de Dios probará las obras que, como hijos de Dios, hemos hecho para él. En ese entonces, el fuego revelará la calidad de nuestras obras; o más bien, del corazón con el cual hicimos dichas obras.
          Pienso que cuando Dios pruebe todo lo que hacemos, por ejemplo, para servirle a él en su obra, no necesariamente todo lo que aquí y ahora es bueno (a los ojos de los hombres), vaya luego a ser aprobado por Dios como bueno y agradable delante de sus ojos; ni a ser digno de recibir galardón en los cielos.
          Se nos dice que "la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la declarará". Esto me hace pensar que esas obras, en el presente terrenal, no están aún manifiestas del todo. Sino que solo hasta ese entonces serán reveladas por Dios.
          Si hicimos algunas de esas cosas por vanagloria, por obligación, con tristeza, con enojo, de mala gana o por cualquier otra razón incorrecta, creo que entonces dichas obras se consumirán por el fuego; aún por muy notorias que hubiesen sido aquí en la tierra, o aunque dichas obras hubiesen resultado de bendición para muchas personas. O incluso, aún cuando más nadie se hubiese dado nunca cuenta de que no las hicimos con un corazón correcto delante de Dios.
          Esto también me trae a la memoria el pasaje (Mateo 6:1-6,16-18) en donde el Señor Jesús nos enseña que cuando oremos (v.5), demos limosna (v.2) o ayunemos (v.16), lo hagamos con sencillez y de manera tal que los demás no se enteren. Que si lo hacemos para que otros nos vean y nos alaben por ello, bien podremos contar eso como la única recompensa que recibiremos, pues de parte de Dios, ya no la recibiremos (v.1).
          Y en el pasaje de 1 Corintios que ya citamos más arriba se nos explica que cuando las obras sean probadas por el fuego, "Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa." Eso me da a entender también que si no permaneciere, entonces no se recibirá ninguna recompensa. Y esto bien podría ser porque si esa persona hizo una buena obra, pero lo hizo para recibir halagos y honra, no recibirá después recompensa de Dios (pues ya bien recibió en su vida terrenal su recompensa, de parte de los hombres).
           Creo que el oro, plata y piedras preciosas (que no se quemarán), así como madera, heno y hojarasca (que serán consumidas por el fuego) no solo son las obras en sí, sino las intenciones, las razones y el corazón con que se hicieron esas obras.
          Solo como un ejemplo hipotético: si algún predicador con un ministerio a nivel mundial, famoso y reconocido hubiese ganado miles y miles de almas, a través del tal ministerio; pero no lo hizo siempre con un corazón sencillo delante de Dios, sino que en lugar de ser movido por un genuino amor a esas almas y a cumplir el mandato del Señor, terminó amando más el hecho de ser reconocido, respetado y admirado por la gente. Pues, en ese caso, yo no creo que ese gran ministerio llegue a ser oro, plata o piedras preciosas al final de los tiempos. Yo no soy quién para juzgar; solo estoy analizando las cosas, según los principios que se me enseñan a todo lo largo de la palabra de Dios.
          Es que los estándares humanos, que usamos para catalogar las cosas y a las personas, no son los estándares de Dios.
"...Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón."
1 Samuel 16:7
          En fin, tan solo nuestro amor por el Señor es lo que le dará validez a nuestras obras y es lo que prevalecerá por los siglos de los siglos:
 "El amor nunca deja de ser...Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor."
1 Corintios 13:8,13

2 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

DANIEL WALTER ATTIAS MOLINARI dijo...

estoy pasando un problema matrimonial por este tema desde ya los felicito y DIOS los bendiga

Vicky dijo...

Hola Daniel!
Muchas gracias por tu sinceridad de compartirnos tu experiencia personal. Y gracias al Señor por permitirnos el honor de serte de bendición.
Realmente es algo muy delicado mantener el equilibrio entre darle la correcta atención a nuestra familia y servir en la obra de Dios. Pido al Señor que él te ayude a restablecer un bendecido y sólido matrimonio.
Aquí también hay otros artículos relacionados, que tienen que ver con la relación entre familia, matrimonio y ministerio. Dios quiera que te sean de ayuda, aunque sea un poquito:
http://www.alabadora.com/search/label/Orden%20de%20prioridades
Gracias por visitarnos y que Dios te bendiga, Daniel.

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