Hoy es - ¡Este es el día que hizo el Señor!

marzo 06, 2011

SERVIR A DIOS EN LA MÚSICA ES UN HERMOSO HONOR

HERMOSO PRIVILEGIO, GRAN RESPONSABILIDAD. 
Es fundamental que todo creyente que sirva al Señor en la música sepa apreciar y valorar ese hermoso y grandísimo privilegio; siendo más que agradecido con Dios por ello. Y que, a la vez, esté realmente consciente de la enorme responsabilidad que Dios ha depositado en él, como ministro del altar.
          Bien reza un decir popular: “No protegemos aquello que no amamos; no amamos lo que no comprendemos, y no comprendemos aquello que no conocemos”. Por eso, si vamos a apreciar, amar y cuidar, el ministerio de la alabanza y la adoración a Dios, primero debemos tener una real conciencia de qué es lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Veamos un poco al respecto:
1. EL HERMOSO PRIVILEGIO:
          En los diccionarios encontré diferentes definiciones para la palabra privilegio. Pero hay dos de ellas que me parece que se ajustan perfectamente a lo que quiero explicar en este artículo.
          Unas de ellas dice: "ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior." Y la otra dice: "prerrogativa que se da o concede sin atención a los méritos del privilegiado, sino solo por gracia, beneficencia o parcialidad del superior."
          Y es que el poder servirle al Señor en su viña es un privilegio que Dios mismo nos concede; y no precisamente por nuestros méritos propios, sino solo por su gracia; simplemente porque a él le plació hacerlo así. Nosotros no tuvimos que ver nada en esa decisión de Dios. Él lo dispone solo por su voluntad, sin que lo merezcamos.
Agradezcamos a Dios el honor de servirle
          Como ministros de alabanza, es un privilegio y un honor el hecho de que el Señor nos haya escogido para alegrarle a él con nuestra alabanza y adoración; que nos haya encomendado llevar y conducir al pueblo de Dios a alabar y adorarle a él; y también que podamos proclamar el mensaje de salvación a los que no le conocen; todo ello, a través de la música.
          Si hemos sido llamados a servirle a Dios en la alabanza y la adoración a él, como ministerio, es menester que esa gran verdad de lo que implica ese honor, se nos meta muy profundo en la mente y el corazón.
          Si estás sirviendo al Señor en este campo porque Dios te llamó a hacerlo, pues comprende que fue Dios quien te escogió para ello. Nos escogió a ti y a mí para hacerlo, cuando bien pudo elegir a millones de otras personas en lugar nuestro. Ese solo hecho de por sí, ya nos debería llenar de gozo y gratitud y hacernos sentir, no especiales, sino privilegiados por Dios y agradecidos con él por tan grande honor.
Nunca creamos que, por servir a Dios, somos superiores.
          Todos los hijos de Dios somos especiales para él. Pero cuando digo que no nos deberíamos "sentir especiales" me refiero más bien a nunca llegar a creernos superiores o más que los demás, por el simple hecho de poder servir al Señor en este ministerio de la música.
          Y créanme, que lo digo porque he visto cristianos, ministros de la música, a quienes este ministerio "se les sube a la cabeza", y llegan a sentirse "los más especiales"; e incluso, llegan a expresarlo a través de sus palabras o lo dejan entrever en sus actitudes. ¡Qué equivocados están los que tal piensan!
"Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña."
Gálatas 6:3
"Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno."
Romanos 12:3
          Cuando un hijo de Dios es llamado para servirle en la alabanza y la adoración (tal como sucede con cualquier otro ministerio en la Iglesia del Señor) es precisamente por un llamamiento divino. Es decir, es Dios quien escoge a la persona y la llama; pero no el hombre.
          Por decirlo de alguna forma, más que un asunto de voluntarios, se trata de un asunto de llamamiento. No es que alguien decide de por sí ser cantante o músico para Dios; más bien, es que ya Dios le escogió de antemano para eso y le dotó con los dones y capacidades para cumplirlo. Por consiguiente, la persona que le llega a servir a Dios de la forma en que Dios concibió para ella, tan solo estaría cumpliendo así el propósito de Dios para su vida (o al menos, parte de ese propósito).
          Lo que quiero enfatizar aquí es que no depende de nosotros el servir a Dios en este ministerio; sino que depende de Dios. Él es quien decide a quién escoge para eso; nosotros, simplemente, decimos sí o no a su llamado.
          Y no nos escoge "por nuestra linda cara", o por nuestras "grandes capacidades". Más bien, lo hace por su gracia y por su misericordia. Y si no depende de nosotros, entonces ¿por qué razón podríamos gloriarnos por eso? ¿No sería más sabio agradecer al Señor por tan grande privilegio y cumplir nuestra labor, con sencillez y temor de Dios?
          El apóstol Pablo dice esto, de manera más clara y enfática:
"...Para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
1 Corintios 4:6-7
          Recordemos siempre que todo lo que podamos hacer es tan solo por, mediante y gracias a Dios.
"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden."
Juan 15:5-6
          El hecho de que alguien sea o no sea llamado por Dios para servirle en este ministerio, saldrá a relucir con el tiempo, tarde o temprano. Bien lo dice el Señor, en la continuación del pasaje que acabamos de citar:
Comprometámonos de veras con Dios
"No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca..."
Juan 15:16
          Por eso, quien realmente haya sido llamado por Dios para esta labor, dará fruto que permanezca y será una persona comprometida con ese Dios que le llamó.
          Pero quien esté en el ministerio de la música, simplemente por emoción, por entretenimiento, por afición, por "auto-realización" personal, por lucro, por compromiso con otros, por obligación adquirida o para sentirse parte de un grupo o de una comunidad, nunca será una persona realmente comprometida con Dios ni con el ministerio. Y tarde o temprano, llegará el momento en que abandonará la buena lid. Como bien reza un dicho: "El tiempo dirá...".


2. ENCONTRAR NUESTRA FUNCIÓN EN LA OBRA DE DIOS:
          Ahora bien, dentro de la mies del Señor existen muchas formas de servirle y de hacer su obra. Principalmente, están aquellos ministerios de la iglesia del Señor que se mencionan en la palabra de Dios (Efesios 4:11-12Romanos 12:6-81 Corintios 12:27-31).
          Y además de lo anterior, hoy por hoy, con la diversificación de las tecnologías y con las puertas abiertas en tantas diferentes formas para llevar el mensaje de Dios, podemos ver que son cada vez más las maneras en que cada creyente puede servir en la obra del Señor; incluso, algunas de ellas, no tan convencionales. Así que no tenemos excusa para decir que no podemos ser útiles para servir al Señor, de una u otra forma.
          Todos tenemos nuestro espacio y lugar para servir al Señor y hacer su obra. El Señor no excluye a nadie, sino que él tiene planes y propósitos para todos nosotros; para tí y para mí.
“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.”
Romanos 12:4-8
          Nadie, absolutamente, está capacitado para hacer todas las cosas y hacerlas bien. Por eso, la labor de todos es importante en la viña del Señor; y todos nos necesitamos a todos. Cada creyente tiene una, varias o muchas funciones que hacer. Pero, obviamente, nunca podrá estar capacitado para hacer “de todo” en la obra del Señor; ni tampoco Dios lo ha llamado a hacer de todo. No somos algo así como un pulpo, ni un "hombre orquesta".
Necesitamos encontrar nuestra función en la obra de Dios.
          Es necesario que todos y cada uno encontremos nuestro lugar, la función o funciones que el Señor tiene para cada uno nosotros, dentro de su iglesia, dentro de su obra, dentro de su viña. Y una vez que encontremos y entendamos nuestro llamado, entonces, hemos de servir al Señor con todas las fuerzas.
          No todos pueden ser predicadores en un altar, maestros de la Palabra o profetas. Tampoco, todos tienen el don de saber tratar con el público y atender bien a las personas o de ser buenos administradores y planificadores. Igualmente, no todos pueden ser buenos escritores de literatura cristiana, buenos locutores, camarógrafos, secretarias, etc. De igual forma, no todos pueden ser pastores, misioneros, evangelistas, ni están capacitados todos para trabajar con los niños o con la juventud; o en las cárceles, o con los adictos, o las pandillas.
          Pues así también es una realidad que no todos pueden ser músicos o cantantes para el Señor. Dios da diferentes dones, talentos y capacidades a sus hijos.
“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?”
1 Corintios 12:4-6,14-21,29-30
          Muchos son los hijos de Dios anhelan servir en la alabanza y convertirse en ministros de la música o cantantes; sin que esa sea realmente la misión que el Señor ha escogido para ellos y les haya encomendado. Esto sucede, más que todo, con creyentes que tienen un corazón adorador para con su Señor, lo cual (esto último), es algo magnífico, ya que Dios anda buscando verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.
          Al respecto, es importante señalar que todos podemos y debemos adorar al Señor de manera personal y es cierto que él quiere que así sea. Pero de allí, a que la música o el canto, como línea de servicio a Dios, sea el ministerio para todos, hay realmente mucha diferencia.
          Tal como todos los creyentes podemos y debemos evangelizar (al menos a un nivel personal e individual hacia aquellos que nos rodean - ya que esta es una misión y una responsabilidad que Dios nos encomendó en su “gran comisión”); eso no quiere decir necesariamente que todos hayamos sido llamados a predicarle a multitudes, tal como los grandes evangelistas.
No hay que ser músico ni cantante para adorar a Dios de manera personal
          Ahora bien, hago un paréntesis para aclarar que para alabar y adorar al Señor de manera personal y devocionalmente, nadie necesita ser ni músico ni cantante; pues lo que al Señor le interesa es lo que hay en nuestro corazón.
          Además, ni siquiera necesitas de la música para rendirle exaltación a Dios. La música es una preciosa vía para hacerlo, pero la adoración a Dios no está supeditada a la música; es decir, no es dependiente ni está subordinada a esta última.
          Así, el Señor no anda buscando grandes músicos o grandes cantantes. Lo que nos dijo Jesús que Dios anda buscando es, simplemente, verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. (Juan 4:23-24). Eso es todo lo que necesita para rendirle adoración a él: ser un verdadero adorador. Y está al alcance de cualquiera que lo anhele.
          Ahora bien, fuera del contexto devocional o privado de cada quien, el rendirle exaltación al Señor a través de la música, a una mayor escala y a la vez, ser una inspiración y bendición para otros, ya es harina de otro costal y es un don que no ha sido dado a todos.
          Para ello hay que tener, al menos, el talento mínimo necesario para poder hacerlo adecuadamente y, sobre todo, contar con el respaldo y llamado del Señor. Dios es sabio y él sabe cómo hace las cosas. Por eso, él da a cada quien los dones, según los planes que él tenga para cada vida.
No nos ofendamos, si la música no es nuestro don.
          Por eso, pienso que nadie debería porqué ofenderse (como a veces sucede) cuando, al aspirar a servir a Dios en la alabanza (ya sea como cantante o interpretando algún instrumento musical), se le prueba y se encuentra que esos no son ninguno de sus dones.
          Hay personas que no tienen ni el “oído musical” elemental necesario; o tal vez, aunque tengan algo de ello, su destreza musical para ejecutar algún instrumento o su voz no los acompaña para nada a su favor.
          Con lo anterior no me estoy refiriendo a aquellos que no han tenido la oportunidad de pulir dichas artes, pero que efectivamente cuentan con la semilla de talento básica.
          Cuando hay esa semilla de talento, aunque la persona no sea un músico experimentado o un cantante con una voz educada, si realmente se tiene aunque sea el talento en bruto (esa facilidad innata para la música, ese don que Dios da), pues siempre será posible trabajar con éste y ponerlo en las manos del Señor para su servicio. Es más, por ahí aún están escondidos, en forma de carbón, muchos de los diamantes que un día se levantarán para honrar a Dios con su alabanza.
          Pero en el caso diferente, o sea,  cuando la música no es para nada lo nuestro, no insistamos en engañarnos. Mejor es pedirle a Dios dirección para que nos guíe a trabajar en aquello que él sí tiene para nosotros. Pues, sino, estaremos desubicados, y eso nos puede acarrear dificultades innecesarias.
Servir a Dios es un don inmerecido que él nos concede.
          Si fuera el caso de que realmente tenemos algún talento para la música o el canto, es precisamente porque, recalco, a Dios le plació dotarnos con él. Y el hecho de que Dios nos permita servirle en la alabanza es un don, un regalo, una gracia que él nos concede, no por nuestros atributos personales o capacidades que en nosotros podamos tener; sino por su gran misericordia.
          Esa una gracia inmerecida de Dios hacia nosotros y eso es algo que jamás debemos olvidar. Si tenemos esto muy metido en nuestro corazón, no importa cuánto el Señor pueda llegar a usarnos, tendremos siempre una actitud de sencillez y humildad, pues siempre sabremos que todo lo que podamos lograr se lo debemos al Señor, y no a nosotros.
Nunca olvides que todo lo debes a Dios
Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios… y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios… y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder…”
Deuteronomio 8:11,14,17,18
"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo el él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer."
Juan 15:5
“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican...
Salmos127:x
          Si tantos creyentes anhelan servir a Dios en la alabanza, pero no están llamados por Dios a hacerlo y tú sí, valora entonces ese privilegio que Dios te concede y pon a trabajar el talento que el Señor te dio.
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
1 Pedro 4:10

¿Qué piensas acerca de tus talentos? ¿Crees que vienen de Dios? Platícanos.

0 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

Publicar un comentario en la entrada

¡NOS ENCANTARÍA CONOCER TUS COMENTARIOS!
-----------------------------------------------------------
Si no tienes perfil, usa la opción Nombre/URL, con tu nombre o pseudónimo (La URL es opcional).

Ultimos Tweets: