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noviembre 25, 2010

POR QUÉ SURGE LA ESCRITURA MUSICAL

(VERSIÓN PARA MÓVIL de este artículo)
PARA QUÉ SIRVE LA ESCRITURA MUSICAL?
La aparición de la escritura (de los idiomas) marcó un punto crucial en el desarrollo de la humanidad. Tan es así que, si no hemos olvidado nuestras lecciones de Historia, recordaremos que incluso hay una tenue, pero muy importante línea que marca la delimitación entre la Pre-Historia y la Historia como objeto de estudio. Y dicha línea es, precisamente, la escritura.
          Así, los historiadores han hecho una división, considerando como Pre-Historia todos los hechos acontecidos a la humanidad hasta antes de la aparición de la escritura. Y consideran la Historia, como tal, desde la aparición de la escritura en adelante.
          ALGO SIMILAR OCURRIÓ CON LA MÚSICA. Desde un principio, por muchos miles de años, desde que existe la humanidad, la música fue transmitida a los presentes y a sus descendientes, solo de manera acústica. Es decir, la música solo se difundía a través de lo que escuchaba el oyente en vivo; y este, a su vez, lo trasmitía a las subsiguientes generaciones. Pero no había una manera de plasmarla por escrito, para la posteridad. Buscando la forma de hacerlo, es que empiezan a surgir los primeros intentos de escritura musical.
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1. LA DIFUSIÓN DE LA MÚSICA, ANTES DE LA ESCRITURA MUSICAL:

          Dicha difusión de la música antes de la escritura musical, podía darse instrumentalmente, (si es que era ejecutada a través de instrumentos musicales); por tradición oral (si era cantada,), o de ambas formas combinadas a la vez (si era cantada y tenía además un acompañamiento musical).

          Ello no representaba ninguna complicación, en lo que respecta solamente a escuchar, apreciar y disfrutar una composición musical; ya sea por parte de los espectadores e incluso, por los propios ejecutantes de tal pieza. Pero ya era un asunto diferente y un problema, cuando se trataba de trasmitir a otros la música, por una vía que no fuera escuchándola.
          Dada tal limitación, de necesitar escuchar en vivo una pieza musical para saber cómo sonaba, pues se nos hace imposible saber, a ciencia cierta, cómo eran las piezas musicales que se produjeron e interpretaron antes de la aparición de la escritura musical. No hay manera de saberlo.
          Es más, antes de la escritura musical, un músico o cantante ni siquiera podía indicarle a otro cómo interpretar una pieza musical determinada, a menos que se lo mostrara en vivo.
          El poder transimtir a otros la música por otra vía diferente, es decir, más allá su tiempo y espacio original, solo sería posible hasta que alguna cultura estableciera algún sistema de escritura musical, estructurado e inteligible para otros.
          Antes de ello, en las diversas culturas, los músicos y los cantores solían transmitir la música como un legado a sus descendientes o sucesores, a través de la repetición constante de la misma; de tal manera que quedara plasmada en la memoria de los oyentes, quienes, más adelante, serían los ejecutantes y encargados de traspasarla a sus descendientes.
          Así, tradicionalmente, la única forma de transmitir la música era enseñarla de generación en generación.
          Esta forma, únicamente oral o acústica de difundir la música, adolecía de una gran limitante, y es que era transmitida, conservándola solamente en la memoria del oyente o del ejecutante; lo cual, no era un medio estrictamente confiable.
          Siendo así, no había garantía de que una pieza musical, que era interpretada instrumental o vocalmente, volviera a ser reproducida de manera casi idéntica, la próxima vez que fuera ejecutada. Es más, ni el propio compositor (al momento de seguir su musa e improvisar una pieza, interpretando una nueva creación), podría estar seguro de que la recordaría e interpretaría igual la siguiente vez; ya que no disponía de una forma de recordación, más allá de su propia memoria.
          La repetición continua al oído de una pieza musical y luego, la práctica constante al ejecutarla o interpretarla, reforzaban la recordación de la misma. Pero la retentiva humana no es infalible y al confiarle todo a la memoria van surgiendo los cambios. Aún con la frecuente repetición, quiérase o no, cuando ya el compositor o maestro no estuviera más para afianzar una pieza musical en sus discípulos o sucesores, éstos terminarían, tarde o temprano, añadiendo, quitando o imprimiéndole ciertas variaciones a la misma (ya sea deliberadamente o sin intención). Y todo esto es de esperarse, tratándose de algo altamente subjetivo, como lo es la música.
          Y no es que fueran totalmente negativas las alteraciones que iba sufriendo la música, pues así se iban enriqueciendo las composiciones musicales. La parte negativa era que, hasta antes de la aparición de la escritura musical, no había una manera de conservar para la posteridad una pieza musical, tal como la concibió o ejecutó su creador, para siempre, sin alteración, igual a su original.
          El músico se fue dando cuenta de ello y fue buscando una manera de plasmar por escrito los sonidos musicales; pero esto no parecía ser nada sencillo. Idear la manera de hacerlo resultaba algo más complicado que como se hacía con otros tipos de escritura de las lenguas ya existentes.

2. EN QUÉ SE DIFERENCIA LA ESCRITURA MUSICAL DE LA ESCRITURA CONVENCIONAL:
          Como bien ya dijimos, concebir y estructurar un sistema que permitiese plasmar, solo por escrito y de manera fidedigna una pieza musical dada, pues era una tarea complicada, debido a las propias cualidades inherentes a la música en sí.
          Es que la escritura musical necesita contemplar muchísimos otros aspectos más, que la escritura convencional de un idioma no suele tomar en cuenta.
          Por ejemplo, para plasmar gráficamente (por escrito) los diferentes idiomas hablados, se asigna, por lo general, un símbolo determinado a cada sonido o a cada concepto básico del idioma. Y esto (dependiendo de cada idioma) puede ser un signo, caracter o símbolo por letra, por sílaba o incluso por palabra. De ese modo, mediante la combinación de dichos símbolos se hace posible expresar todos, o al menos, la mayor parte los sonidos o conceptos utilizados en dicho lenguaje. Pero resulta mucho más complicado, cuando se trata de expresar por escrito la música.
          Es más, no todas las lenguas habladas actualmente en el mundo poseen un sistema estructurado de escritura.
          Ahora bien, en nuestro idioma, como sucede con la gran mayoría de otros idiomas, si escribimos, por ejemplo, la palabra “casa”, pues, para leerla correctamente solo debemos cumplir con el requisito de que cada letra suene como está estipulado dentro de las normas de pronunciación de nuestro idioma. Podríamos darle la entonación anímica que nos plazca, pero (siempre y cuando le demos la pronunciación que corresponde a cada letra o a la combinación de las mismas), esa seguirá siendo la palabra: “casa”.
          Sin importar si lo decimos con alegría, tristeza, incredulidad, temor, enojo o asombro; sin importar si lo decimos como un susurro o murmullo; o bien si lo gritamos a los cuatro vientos; sin importar si lo decimos con voz grave y fuerte o con voz dulce y delicada; sin importar si lo hacemos pausadamente o rápidamente; el hecho es que siempre esas cuatro letras (c-a-s-a), al ponerlas juntas en nuestro idioma, leerán la palabra “casa”. Pero no es tan simple como eso, cuando se trata de la escritura musical.
          Por otro lado, como todos sabemos, para indicar la entonación que hay que darle a una palabra o frase dentro de un contexto, utilizamos en nuestro idioma algunos símbolos como: signos de interrogación, de admiración; puntos, puntos suspensivos; comas, punto y coma y otros.
          De esta forma, no es lo mismo decir: “¡casa!”, que decir: “¿casa?”, o tal vez: “casa...” Pero dichos signos son algo imprecisos, ya que aún respetando la entonación correcta que cada uno de ellos exige, es posible inferir otra amplia gama de variaciones e inflexiones de la voz.
          Y es que, al leer un fragmento de un escrito, aún respetando las entonaciones ortográficas y gramaticales, tenemos la libertad de inferirle anímicamente todos los dejos que nos plazca, incluyendo velocidad, intensidad, altura y timbre de la voz. Esto es así porque nuestra forma de escritura (al menos del castellano) tan solo nos indica cómo deben sonar, en su forma más básica, las letras o palabras específicas. (Y decimos, al menos, porque existen otros idiomas, como por ejemplo, el idioma chino, en donde el significado de un mismo fonema puede variar, dependiendo de la entonación que se le dé).
          Pero en la escritura musical es necesario estipular muchos otros parámetros específicos que le indiquen al posterior lector de dicho escrito musical cómo ha de ejecutarse la pieza en cuestión. Y esto, aún sin haber tenido que escuchar previamente tal pieza.
          Es que hoy por hoy, la escritura musical le permite al músico y/o cantante imaginar o "escuchar" en su mente una pieza musical (aunque le fuese totalmente desconocida). Todo, simplemente con leer la partitura correspondiente. Incluso puede estar en capacidad de ejecutar o interpretar dicha pieza, siguiendo su partitura.
          De esa forma, en la escritura musical hay que plasmar gráficamente una diversidad de parámetros. Los siguientes son solo los aspectos básicos que puede contemplar una partitura, pues aún hay muchos más:
  • La altura o tono de cada sonido específico (es decir, cada nota musical).
  • El tipo de variaciones que van a sufrir las notas musicales, en caso de que así sea (como sostenidos, bemoles, etc.).
  • Cuánto van a durar o mantenerse dichas notas (el tiempo).
  • Cómo cada nota se va a combinar con las demás notas (los acordes).
  • En qué tono o tonos se va a desarrollar la pieza musical (la tónica).
  • Cuándo habrá silencios, pausas, etc.
  • El compás y el patrón rítmico y melódico a mantener (o las variaciones de éstos).
          Más aún, cuando se trata de una pieza en donde interactúan varias voces o varios instrumentos, es necesario especificar todo lo anterior PARA CADA UNO de los participantes; ya que la ejeución de cada voz o instrumento no será igual, dependiendo del caso.
          Además de todo esto, existen en nuestra nomenclatura musical actual otros símbolos o indicaciones musicales que nos dicen cómo deben ser interpretados dichos sonidos, en cuanto a la velocidad, intensidad y tipo de expresión musical a utilizar, entre otras cosas. Y aún dentro de cada uno de éstos, existen otras variaciones.
(La explicación de todos estos puntos los iremos viendo poco a poco, en otros artículos de este sitio)
          Por todas esas razones y teniendo que abarcar tantos aspectos que hacen de cada composición una pieza musical única, les resultaba a los músicos un tanto complicado encontrar un sistema de escritura que pudiera representar, a la vez y gráficamente, todas las condiciones o indicaciones que debería seguir el ejecutante de una pieza musical.
          Debido a eso es que hubo tantos tropiezos para desarrollar y estandarizar un sistema musical estructurado y funcional. Y aún el que tenemos hoy, presenta ciertas limitaciones. Pero aún así, es bastante funcional. 
          En otros artículos de este sitio veremos como empiezan a surgir los primeros indicios de escritura musical en el mundo y cómo estos van evolucionando, hasta llegar a nuestros días.

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