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febrero 11, 2010

CÓMO ENFRENTAR LAS VIRTUDES Y DEFECTOS de nuestro temperamento

Cómo lidiar con nuestro propio temperamento:
Mientras analizábamos un poco de cada temperamento, hablamos de las debilidades y virtudes de cada uno de ellos. Ahora bien, no es permisible para ninguno de nosotros escudarnos en las debilidades propias de nuestro temperamento para decir: “es que yo soy así”, tomándolas como excusa o justificación de nuestros errores, pues ese sería un pensamiento conformista, derrotista y poco cristiano.
          Y es que los hijos de Dios no estamos solos en nuestra lucha, sino que podemos recurrir a la fortaleza que nos da el Espíritu Santo para perfeccionarnos en todas nuestras debilidades. No en vano, el Señor Jesús le dijo a Pablo: >>>
"Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad..."
2 Corintios 12:9
También nos dice Pablo:
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Efesios 4:22-24
          La Palabra de Dios está llena de tantas y tantas exhortaciones, consejos y promesas a las cuales nos podemos aferrar para reforzar los puntos débiles de nuestro carácter. Por ejemplo, cuando el sanguíneo llega a sentirse un poco vanidoso por sus logros, puede recordar que ninguno debe tener más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que debe pensar de sí con cordura, estimando a los demás como superiores a él mismo (Romanos 12:3).
          Cuando el colérico está pronto a enojarse, pues bien puede hacer un alto recordando que “el que fácilmente se enoja hará locuras” (Proverbios 14:17). Si el melancólico llega a sentirse muy triste y que nadie lo quiere, pues bien puede saber que el Señor dijo: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).
          Y cuando el flemático se siente indeciso y poco animado a terminar lo que empezó, pues puede recordar que “en lo que requiere diligencia, no perezosos, sino fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11).
          La idea que quiero dejar aquí plasmada es que no tenemos ninguna excusa, pues podemos encontrar en la Palabra de Dios una fuente inagotable de antídotos para los errores y debilidades inherentes a nuestro temperamento. Además, el Señor nos ha dotado a cada uno, en nuestra personalidad, con más talentos y virtudes que los defectos que podamos tener. Solo es necesario pedirle a Dios la sabiduría y fortaleza necesaria para sacar a flote todo lo bueno que hay en nosotros y que entonces sea esto lo que predomine en nuestra personalidad, y esto es algo que realmente podemos alcanzar, pues:
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13

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