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febrero 17, 2010

LOS SANGUÍNEOS - Los temperamentos humanos

TEMPERAMENTO SANGUÍNEO:
Este tipo de temperamento es fácilmente identificable y salta a la vista, cuando es el predominante en una persona. El sanguíneo es aquel individuo que para nada es inhibido ni tímido; sino, por el contrario, es sumamente extrovertido. Se podría decir que casi nada le apena o le da vergüenza. Es entusiasta y espontáneo.
          Le encanta socializar y suele ser el alma de la fiesta. Es amigable con todos y poseedor de cierto tipo de energía interior: esa “chispa” o carisma que llama la atención; por lo que suele ser popular y, de primera mano, le "cae bien" a la gente. Tiene una personalidad atractiva y atrayente.
NOTA IMPORTANTE, antes de seguir leyendo:
          Quizás verá que algunas características aquí detalladas parecen encajar con su persona o con otros que conoce. Pero, ANTES de catalogarse a sí mismo o a otros dentro de determinado tipo de temperamento, el lector debe tener muy presente lo siguiente:
1. El presente es un vistazo del temperamento SANGUÍNEO PURO, presentado así, solo para una mejor comprensión de sus características.
2. Que las personas NO TIENEN un solo tipo de temperamento; sino la mezcla dos o más de ellos. Y esto, en distinta proporción o porcentaje, según cada individuo.
3. Que aquí solo son descritas las fortalezas y debilidades más notorias del temperamento sanguíneo, y llevadas principalmente A SUS PUNTOS EXTREMOS.
4.  Que muchas de dichas características PUEDEN estar presentes en un sanguíneo, SIEMPRE Y CUANDO éste sea el temperamento evidentemente predominante en esa persona.
5. Que NO TODAS las caracterísiticas aquí mencionadas estarán presentes, siempre y necesariamente, en todos los sanguíneos.
6. Que ciertos factores combinados, (como el grado de madurez e inteligencia emocional, la madurez espiritual y la edad cronológica ) son los que determinarán que un sanguíneo presente o no las virtudes y defectos aquí descritos.


          Al sanguíneo le gusta ser el centro de atención y hacer chistes o bromas. Es divertido y juguetón y también sabe divertir y entretener a los demás, transmitiendo alegría y energía positiva a su entorno. Es "ruidoso" (a su manera) y donde llega, imprime cambios en el ambiente. Si todo está pasivo y en calma, el sanguíneo "inyecta" la chispa que faltaba. Pero habrá situaciones en las que se requiere precisamente de sosiego; y ese espíritu "intranquilo" del sanguíneo no siempre encajará a la perfección, en esos casos.
          El sanguíneo es una persona cálida y vivaz; hospitalaria y amigable. Muy comunicativo, expresivo y receptivo por naturaleza; teniendo la capacidad de solidarizarse con los demás. Siente verdaderamente las alegrías y tristezas de otros como si fueran las suyas, siendo la empatía una de sus fortalezas.
          Por su carácter jovial, alegre y risueño se le facilitan mucho las relaciones interpersonales, tanto en lo personal como en lo laboral y hasta en la vida pública. Tiene un don natural para romper el hielo e iniciar una conversación, acercándose sin ningún reparo, aún a un total extraño.
          El sanguíneo es un conversador por excelencia, pues le encanta hablar y puede entablar fácilmente una relación con otra persona. Es capaz de entrar de manera ligera en un lugar, en donde no conoce a nadie y luego de un rato, pareciera que fuera amigo de esas personas desde hacía ya mucho tiempo; cuando en realidad, las acaba de conocer. Él no espera a que lo presenten; si nadie lo hace, él se presentará a sí mismo; y de seguro, encontrará algún tema del cual hablar.
          A pesar de que a los sanguíneos les encanta hablar, también saben escuchar y no acaparan la conversación ni condenan a la otra persona a que les escuche permanentemente. Más bien, permiten e instan a los demás a participar en la charla. Aún así, el sanguíneo es quien conducirá el desarrollo de la conversación, pero sin que esto sea molestoso para los demás; sino, al contrario. Es que a la mayoría de la gente le agradará conversar con el sanguíeno, pues parecerá que siempre tiene algo interesante que decir. Y si lo que dice no fuese tan interesante, entonces tan solo con su manera de hablar, ya resultará entretenido para algunos.
          Pero, por otro lado, pueden terminar siendo a veces demasiado habladores y parlanchines, al punto en que ya después de demasiado tiempo, "empalagan". Son personas que no siempre miden sus palabras, sino que van diciendo todo lo que piensan. Bien les convendría a veces a algunos sanguíneos poder colocarse una especie de "filtro" entre su cerebro y su boca; con lo cual podrían evitarse muchos problemas. A veces, cuando es necesario callar, se les hace difícil hacerlo.
          Se podría decir que un punto débil del sanguíneo es precisamente su lengua. Por su (en ocasiones) parloteo desmedido, a menudo terminan hablando de más, comprometiéndose en cosas que luego no cumplirán. O expresan alguna opinión, sin pensar en las consecuencias, solo porque ese era su sentir del momento; pero luego, cambian de parecer cuando lo piensan mejor. Pero lo dicho, dicho está; y las palabras no siempre pueden ser revertidas.
          Incluso (y quizás aún sin mala intención,) pueden llegar a lastimar a otros con sus palabras, solo por no haber medido sus comentarios y expresiones. Y lo peor es que en ocasiones, ni siquiera se percatan de ese efecto que han provocado. Además, como siempre quieren andar de chistosos, tienen una tendencia a la burla o a la ironía, lo que puede herir las susceptibilidades de otros.
          Como líder, es fácilmente aceptado por sus subalternos, pues le cae bien a casi todo el mundo. Sin embargo, a la hora de ejercer esa autoridad, no todas las veces resulta tan efectivo.
          Es que no suele “tomar el toro por los cuernos” cuando es necesario hacerlo; pues es demasiado diplomático y quiere quedar bien con todos a la vez, porque es muy complaciente. Aunque tiende a favorecer un ambiente de cooperación y compañerismo, eso no basta de por sí. Cuando hay conflictos, le da la razón a una parte; y luego, también a la contraparte, por lo que no es nada efectivo como mediador.
          Cuando el sanguíneo está en un puesto de autoridad, al tener que aplicar una sanción o disciplina a alguien, trata de evitar hacerlo, por no enemistarse con esa persona y por no complicarse la vida. Además, como no le gusta seguir reglas, preceptos, horarios y regulaciones él mismo no resulta un buen ejemplo en ese sentido, cuando está en un puesto de liderazgo. Aunque trate de ceñirse a esas reglas, le cuesta lograrlo; y al final, como líder, tiende así a ser demasiado flexible o permisivo.
          Ahora bien, un punto a su favor como líder es que el sanguíneo tiene una facilidad muy peculiar para contagiar a los demás y motivarlos, así como para venderles una idea; ya que él mismo es el más motivado de todos. Tiene la facilidad de "atrapar" e impulsar a las masas, por ser carismático.
          Pero no siempre cuenta con toda la constancia necesaria para mantener dicha motivación a lo largo del tiempo. Es decir, cuando pierde el interés inicial en una causa o proyecto, pues con ello podría irse también su motivación y todo el empuje que llevaba en un principio. Y de igual forma, sus seguidores perderán interés, si la causa que el sanguíneo lideraba no tenía un firme fundamento, sino que estaba basada en simple emoción colectiva.
          Es que el sanguíneo es bastante inconstante. Su estado de ánimo es muy inestable, ya que tiene un humor muy variable; pudiendo pasar en un momento del enojo a la alegría, o de la alegría a la tristeza.
          Esta característica, aunque a veces sea contraproducente, por otro lado, también los ayuda a reponerse con mayor facilidad de los golpes y fracasos, pues no es su costumbre lamentarse indefinidamente por un error cometido. En lugar de eso, suelen hacer “borrón y cuenta nueva” con mayor facilidad que otros temperamentos. Cuando el sanguíneo cae, se levanta más rápidamente.
          En contraposición a lo anterior, los sanguíneos son a la vez, débiles de carácter; pues la energía que los mueve se alimenta más del exterior que de su propio ser interior. Recogen todo de afuera y son afectados por el estado de la situación en su entorno; razón ésta por lo que son fluctuantes, bastante cambiantes y poco perseverantes.
          Es que las situaciones que le rodean, las impresiones externas del entorno y su relación con las demás personas, encuentran fácil entrada en su interior. Esto provoca una avalancha de respuestas a todo lo anterior. Es decir, el sanguíneo no tiende a guardarse nada para sí, sino que tal como las cosas vienen a él, asimismo él actúa y habla en respuesta. Esa falta de reflexión a menudo le ocasiona problemas.
          Así, los sanguíneos son de impacto rápido y respuesta rápida. O sea, que tal como las cosas llegan rápido a ellos, así mismo tienen facilidad para recibirlas y captarlas con rapidez. Esto no es del todo malo, principalmente en un entorno laboral que exija mucha creatividad; ya que todo lo anterior los convierte en personas muy "despiertas" y vivaces, y les permite una capacidad de respuesta casi inmediata ante las situaciones.
          El sanguíneo es muy ingenioso y a menudo tendrá alguna idea innovadora, así como una gran motivación para ella; bueno, al menos, inicialmente. Y aunque no siempre esas ideas resulten al final las más acertadas, las más bien pensadas o las mejor elaboradas, también es cierto que mucho de bueno tendrán para aportar.
          Sin embargo, siendo una persona sumamente activa y que siempre querrá estar haciendo algo, el sanguíneo es, a veces, algo flojo en lo que se refiere a esforzarse y trabajar duro. Para librarse de las responsabilidades, puede verse tentado a recurrir a su carisma innato y esa facilidad natural que tiene para convencer a otros, para que hagan las cosas por él.
          Los sanguíneos pueden ser también disimuladamente manipuladores, cuando así lo requieren, pues saben que con zalamería y adulación consiguen muchas cosas. Tienen la facilidad de "envolver" a los demás para conseguir un propósito determinado (incluso, para su propio beneficio).
          Es que a ciertas personas se les hace difícil decirle "no" a un sanguíneo, debido al carisma innato de éstos. Y los sanguíneos saben exactamente qué "botones" mover en los demás, para su propia conveniencia, pues son muy intuitivos. Además, saben dar órdenes a su manera: no expesamente, sino muy discreta y diplomáticamente, a través de una acertada motivación. Esta "técnica" quizás le funcione para con otros temperamentos, excepto para con el colérico; ya que en ese sentido, éste último no se dejará "envolver" por un sanguíneo.
          El sanguíneo es bastante creativo y emprendedor; y le gusta involucrarse en actividades en las que pueda canalizar toda esa energía interior que se desborda por aflorar. Pero suele ser impulsivo, despreocupado y le falta cierta tenacidad para perseverar en las cosas que emprende.
         Aún así, no tiene temor al fracaso ni a equivocarse. Él emprende lo que cree mejor hacer en el momento; y nunca "pecará" de indeciso ni de inactivo. Primero hace y luego mira las consecuencias; quizás un poco bajo el sistema de "ensayo y error". Para él, es mejor hacer algo y equivocarse, que quedarse sin hacer nada.
          Por esa manera de ser tan impulsiva, el sanguíneo es bastante desorganizado y tiende a la improvisación. También es sumamente olvidadizo, pues por lo general, tiene muchas cosas en su cabeza y los estímulos externos le distraen con facilidad.
          Al respecto, algo bueno del sanguíneo es que también es olvidadizo para las ofensas. Es decir, no es rencoroso ni guardará indefinidamente en su memoria el mal que otra persona le hubiese ocasionado. Como se repone con facilidad ante los disgustos, tristezas y frustraciones, ninguna de esas cosas hallarán cabida permanente en su interior.
          Pero la parte mala de esto es que, tal como él olvida con facilidad las ofensas hechas a su persona, igualmente olvidará las ofensas que él mismo le haya hecho a otra persona. Como el sanguíneo no le concede gran importancia a esas cosas, las olvidará; pero así mismo, olvidará disculparse ante los demás por el mal que les haya causado. Y cuando la ofensa cometida ha sido contra un melancólico o contra un colérico, por ejemplo, esto puede traer consecuencias posteriores, pues estos otros temperamentos son, de por sí, bastante rencorosos.
          Por ser inconstantes en su manera de ser, algunos sanguíneos pueden tener cierta tendencia a la infidelidad y a veces, a la mentira, como una manera de librarse fácilmente de sus responsabilidades o de las consecuencias de sus acciones. No son muy dados a aceptar, de buenas a primeras, su propia culpa. Pueden ser rápidos para culpar a otros, si es que con eso se zafan a sí mismos del problema.
          Si se pudiera describir en una sola palabra la fuerza impulsora del temperamento sanguíneo, podría decirse que es la alegría. Esta es la que marca su manera de sentir, de pensar y ver la vida, así como su manera de proceder ante las cosas. El temperamento del sanguíneo está basado, principalmente, en lo que algunos definen como un sistema nervioso rápido y equilibrado.
          El sanguíneo es una persona muy positiva, que tiende a ver lo bueno de la vida, más que lo malo. No es quejumbroso, sino que siempre buscará "el lado amable" de las cosas. Él verá el vaso "medio lleno", en lugar de "medio vacío".
          Por ello, disfruta de todo aquello de lo cual tenga la oportunidad de disfrutar. Es amante de la diversión y a veces, vive con un espíritu despreocupado, en el cual le interesa más el presente que el mañana. No es muy dado a hacer planes serios a largo plazo, sino más bien, a corto y quizás, a mediano plazo. Entre todos los temperamentos, el sanguíneo es el que mayor facilidad tiene para "vivir un día a la vez".
          En sentido figurado, su filosofía particular para planificar podría describirse así: "Si tengo que cruzar un caudaloso río que está a un kilómetro de aquí, ¿para qué preocuparme de antemano si habrá o no habrá un puente sobre él? Es que, al fin y al cabo, ya me daré cuenta de ello cuando llegue allí, ¿no? Y si al llegar veo que no hay puente, entonces me las ingeniaré. Ya veré de dónde consigo los materiales para construirlo; seguramente algo hallaré por ahí. O mejor aún, veré quién puede construirlo por mí."
          A pesar de que es rápido para reaccionar ante los estímulos, el sanguíneo no es una persona que se enojará con facilidad por cosas triviales. Y si llega a molestarse en un momento dado, seguramente que la causa lo ameritaba. Aún así, su enojo no será indefinidamente, sino que luego no le concederá tanta importancia al asunto y, como dijimos antes, lo dejará atrás, sin rencor. Todo esto, precisamente porque su carácter es predominantemente alegre y despreocupado.
          Por su naturaleza extrovertida, el sanguíneo no tiene reparo en actuar, a veces de manera espontánea y demasiado improvisada, sin meditar antes de proceder. Es más emotivo que cerebral. Precisamente por ese carácter impulsivo y voluntarioso, el sanguíneo toma sus decisiones, guiado más por emociones y sentimientos que por la razón y la reflexión.
          Todo ello puede conducirlo a involucrarse en cosas que no debería, así como a cometer errores y hasta grandes locuras, de las que más adelante podría arrepentirse.
          Ahora bien y por otro lado, la humildad no es una de las más grandes virtudes del sanguíneo. Es que aunque no siempre se muestre externamente vanidoso, sí puede serlo un poco en su interior; a veces de manera subconsciente. Es que su ego se alimenta mucho de la aceptación del grupo; y su seguridad crece a medida que se siente querido y solicitado por los demás; todo lo cual puede imprimirle cierto sentido de superioridad; a veces, un poco desmedido. Muy dentro de sí (y aunque no lo confiese) le gusta recibir halagos, respeto y admiración de los demás. Y más que agradarle, hasta necesita de vez en cuando de un poco de ello, pues la retroalimentación fortalece su ánimo.
          Al sanguíneo le gusta ganar y puede resultar un mal perdedor, cuando le toca serlo. A su juicio, él se lo merece todo. Es que está acostumbrado a que, por la naturaleza carismática de su carácter, las puertas se le abran con facilidad. Pero cuando se topa con un muro que debe saltar, no siempre tendrá toda la fuerza y empuje para lograrlo.
          Es cierto que desinteresadamente le gusta compartir y ser amable con todos. Pero, muy en el fondo y algunas veces (quizás sin proponérselo), tiende a buscar su propio beneficio; pues subconscientemente procura siempre destacar, aún a costa de otros. Si le es necesario minimizar lo que otros hacen para poder sobresalir él, pues lo hará. Y en ocasiones, sin cargo de conciencia, pues a su parecer, es obvio y lógico que es él quien debe ocupar ese lugar; algo así como el clásico “quítate tú, para ponerme yo”.
          Lo anterior puede hacerlo ser, en ocasiones, un tanto egoísta. Y a aquellos que hayan conocido esa faceta de su personalidad, luego ese sanguíneo ya no les caerá como “monedita de oro”.
          Como por naturaleza, al sanguíneo le encanta sobresalir, es dado a sentir celos cuando otro sobresale más que él. Por eso, no mirarará con beneplácito cuando otra persona se imponga ante él y opaque sus logros.
           Y cuando esto sucede dentro de un ministerio en la obra del Señor, el sanguíneo tiende a ver a esa otra persona como su rival. A menos, claro está, que su carácter haya sido moldeado por el Señor en ese aspecto.

          Dentro del ministerio de la alabanza, los sanguíneos suelen disfrutar más ejerciendo como cantantes (y preferiblemente como solistas) que solo como músicos.
Es que a ellos les agrada estar en contacto directo con las personas y se sienten como pez en el agua frente a un público, pues son desinhibidos.
          Realmente disfrutan el alabar a Dios a través del canto y ponen todo su empeño y energía en ello. Su típica efusividad, animosidad, energía y su contagioso espíritu motivador, así como su carisma innato, les ayudan mucho a la hora de dirigir a un grupo de personas, durante un tiempo de alabanza a Dios.
          Solo que éste debe tener cuidado en no pretender sacar adelante una ministración musical, basándose tan solo en todo lo anterior. Debe aprender a depender de Dios en todo lo que hace, y no en su propia persona.

NOTA: Para una mejor comprensión de la manera en que las personas se desempeñan en una ministración musical, de acuerdo a su temperamento particular, puede ver luego estos dos artículos:

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