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enero 28, 2010

PROYECTAR SEGURIDAD al ministrar en un altar de Dios

LA PREPARACIÓN ESPIRITUAL Y LA PREPARACIÓN HUMANA
La seguridad que proyectemos ha de estar fundamentada, primeramente, en nuestra confianza completa en el Señor; y después, en cuán bien nos hayamos preparado.
          Cuando un ministro de alabanza está en un altar para ministrar, pues no debe haber cabida para la inseguridad. Primero, debemos recordar que la palabra de Dios nos dice:
“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová…Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.”
Jeremías 17:5.7
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          Al subir a ministrar alabanzas a un altar, no debemos poner nuestra confianza en otras personas ni aún en nosotros mismos, en nuestras capacidades, experiencia o habilidades. De así hacerlo, terminaremos entonces valiéndonoslas solos, sin la ayuda del Señor. Más bien, debemos poner nuestra confianza en Dios, sabiendo que quien obrará por nosotros es él. Podemos estar completamente seguros en el respaldo del Señor en lo que hacemos, si es que le hemos puesto a él en primer lugar y si estamos haciendo las cosas conforme a su voluntad.
          Aún así, no podemos descartar el hecho de que, más allá de ello, se necesita también cierto grado de seguridad o confianza humana, la cual tendrá mucho que ver con cuán bien preparados estemos o no para lo que vamos a hacer.
           Una cosa es aquel simple nerviosismo natural, humano, que pudiésemos llegar a sentir en el momento previo a encargarnos de un tiempo de ministración de alabanza, ya sea como cantantes o como músicos. Pero ello no tiene por qué pasar a más de allí. No debe convertirse en un temor paralizante o estresante. Debemos aferrarnos a la palabra de Dios, a sus promesas, sabiendo que él es quien va delante de nosotros y quien va a hacer la obra.
          Por otro lado, también está el aspecto del temor de Dios, en cuanto a preguntarnos si llegaremos o no a cumplir el propósito de Dios, siguiendo su dirección, deseando no equivocarnos y estar en el centro de su voluntad. Pero ello nos debe llevar, nuevamente, a la confianza y fe en el Señor, si somos respaldados por su Espíritu y su unción, sabiendo que él es quien tiene todo el control de las cosas.
          Ahora bien, circunscribiéndonos por un momento a la parte natural o humana de la ministración, como dijimos, la seguirdad que proyectemos, mucho va a tener que ver con cuánto nos hayamos preparado.
          Si por ejemplo, conocemos y recordamos bien la letra de la canción (o mejor aún, contamos con un respaldo escrito); si dominamos la melodía de lo que vamos a entonar; si nos encontramos cantando en los tonos apropiados para nuestra voz; si no tenemos problemas con el ritmo, tiempo y compás de las piezas musicales; si sabemos cómo dirigirnos al público; si hemos practicado con los demás (en caso de tratarse de un grupo) y todos sabemos lo que vamos a hacer; aún también, si contamos con un buen monitoreo del audio; pues entonces, obviamente, si no hemos dejado ninguno de esos "cabos sueltos", pues nos será mucho más fácil desenvolvernos “escénicamente” en el altar de Dios.
          Y por “desenvolvimiento escénico” no me refiero al montaje y desarrollo de un espectáculo mundano, falso o vano, sino a ciertas situaciones o aspectos que no podemos ignorar o perder de vista y que aplican, tanto a un espctáculo secular como a una ministración musical en una iglesia o lugar similar. Dentro de estos parámetros, tenemos que ese "desenvolvimiento escénico" al que me refiero implica el dominio de los aspectos naturales, humanos o prácticos implicados en la ministración, como lo son todos los que acabamos de mencionar en el párrafo anterior. Ese dominio nos permitirá fluir más "automáticamente" en los aspectos naturales, para concentrarnos más en el aspecto espiritual y en seguir el mover de Dios durante una ministración de la alabanza.
          A muchos les ocurre (y a mí misma también me ha sucedido) que por estar inseguros en lo que se va a hacer (por haber descuidado alguno de los aspectos prácticos que mencionamos dos párrafos atrás), entonces eso nos estorba para concentrarnos bien y poder enfocarnos en el mover espiritual de Dios y en discernir qué es lo que él quiere que hagamos o no hagamos.
          Además, el hecho de sentirse inseguro trae consigo cierto nerviosismo y esto, a su vez, lo lleva a uno a cometer más errores y termina uno enredándose más; es como un círculo vicioso. Cuando ello sucede, aún sin percatarnos de eso, estamos proyectando una gran inseguridad y el público espectador se da cuenta, muy clara e inmediatamente.
          Y para empeorar las cosas, todo eso nos resta autoridad. Sí. Aún cuando espiritualmente Dios nos haya delegado su autoridad, sucede que al no estar bien preparados en los aspectos humanos, eso puede hacer que perdamos credibilidad ante el público y por ende, autoridad en lo que hacemos y decimos. Recordemos que "el hombre mira lo que está delante de sus ojos..." (1 Samuel 16:7). Por eso, hay una parte humana o natural que no podemos descartar, pretendiendo ser solo espirituales.
          Si nos sentimos seguros en Dios (ante todo) y además de eso, seguros en lo que vamos a hacer humanamente (habiéndonos previamente preparado bien), no estaremos entonces preocupados por esto último.
          Tengamos en cuenta que gran parte de esos aspectos naturales podemos controlarlos, preparándonos y siendo idóneos en lo que a nosotros respecta. Cumplamos con hacer nuestra parte y permitamos que Dios haga lo que solo a él le compete y que solo él puede hacer.
"Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia."
Salmo 127:1
"No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos."
Zacarías 4:6

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