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junio 30, 2010

VIGILAR EL AMBIENTE ESPIRITUAL Y NATURAL AL MINISTRAR

UN DIRECTOR DEBE ESTAR AL TANTO DE LO QUE SUCEDE ALREDEDOR
Otras de las cosas que un ministro de la música debe tener en cuenta, a la hora de dirigir un tiempo congregacional de alabanza y adoración a Dios, es estar al tanto del mover espiritual que se está dando a su alrededor; es decir, de lo que está sucediendo en el ambiente, espiritualmente hablando.
          Y esto es prudente y necesario, no solo para el cantor, sino también para los músicos y coros de apoyo; en otras palabras, para todo el grupo que esté ministrando en un altar de Dios.
          Algunos, mientras están al frente dirigiendo la alabanza y adoración congregacional, se sumergen de lleno en adorar a Dios (lo cual está bien y perfecto y es como debe ser). Solo que se desconectan por completo de la situación que los envuelve, y todo el ambiente o mover espiritual y natural (de la ministración que ellos deberian dirigir) pasa desapercibido ante ellos.
          Éstos, en lugar de dirigir congregacionalmente un tiempo de alabanza al Señor, lo que terminan haciendo es elevando un devocional personal de adoración a Dios; solo que, en lugar de hacerlo en su cámara secreta, lo hacen parados ante un público.
Es que no es lo mismo alabar y adorar a Dios en un devocional privado, que dirigir la alabanza y adoración a Dios, de manera congregacional.

1. UN DIRECTOR DEBE DIRIGIR
          Al respecto, recuerdo el caso de una joven (hace como veinte años ya) que estaba dirigiendo el tiempo de alabanza en el culto de una iglesia. Ella, muy sincera y genuinamente, se dedicó a cantar y adorar a Dios, quietamente, con sus ojos cerrados. Pero esto lo hizo desde casi el principio hasta el fin, durante todo el tiempo de alabanza y adoración.
          Sin darse ella cuenta, se fue desplazando poco a poco de lugar (pues mantenía sus ojos cerrados). Cuando acabó el tiempo de la ministración y abrió los ojos, es que vino a darse cuenta de que había terminado parada muy lejos del atril del púlpito, junto a la pared del fondo del altar y mirando hacia ésta; prácticamente, de espaldas a toda la congregación. Al ver su reacción cuando abrió sus ojos, pude notar que ella misma se sintió sorprendida y apenada. No podemos desconectarnos hasta ese punto.
Recordemos que estamos al frente para dirigir el tiempo de alabanza y adoración a Dios. Es decir, debemos alabarle y adorarle, pero también debemos guiar a los demás a hacerlo.
          Es que dirigir algo o a alguien implica también, en un sentido, liderazgo. Y es que cualquier dirigente o director, no importa si se trata del plano espiritual o del secular, debe estar al tanto de la situación que está liderando, para poder hacerlo con efectividad.
          Por eso, debemos tener muy abiertos nuestros ojos y oídos espirituales para estar apercibidos del mover del Señor y de cómo él quiere que procedamos en todo momento. Y lo anterior no tiene por qué desviar nuestra atención en los aspectos naturales o humanos; ni tampoco, desconcentrarnos de alabar y adorar a Dios. Podemos hacer esto, sin dejar de hacer aquello.
          Examinemos qué implica el término dirigir. Veamos algunas de las definiciones que encontré en diversos diccionarios:
  1. Enderezar, llevar rectamente algo hacia un término o lugar señalado.
  2. Guiar, conducir, mostrando o dando las señas de un camino.
  3. Encaminar la atención, la intención y las operaciones a determinado fin.
  4. Gobernar, regir, dar reglas para el manejo de una dependencia, empresa o pretensión.
  5. Aconsejar y gobernar la conciencia de alguien.
  6. Orientar, guiar, aconsejar a quien realiza un trabajo.
  7. Poner las pautas para la realización de un trabajo.
          Incluso hay una definición que se refiere estrictamente al ámbito musical y artístico:
     8.  Conjuntar y marcar una determinada orientación artística a los componentes de una orquesta o coro, o a quienes intervienen en un espectáculo, asumiendo la responsabilidad de su actuación públlica.
          En todas las definiciones citadas, vemos que dirigir significa mucho más que simplemente estar al frente de algo. Se puede hacer lo último sin necesariamente hacer lo primero.
          En el caso de la mencionada joven, ésta se concentró solo en vivir un lindo tiempo de comunión privada, entre Dios y ella. Pero parece que se olvidó de que ella estaba en el altar no solo para eso; sino además, para guiar a la congregación a que ellos también tuviesen su tiempo de comunión con Dios, a través de la alabanza y la adoración que a ella le correspondía dirigir.
          Conozco a la dama del ejemplo citado y sé que ella ama al Señor; y que si actuó así, quizás fue por su inexperiencia o inmadurez como ministro, en ese entonces. Eso lo puedo comprender. Pero no siempre sucede de esa forma:
          Es que hay directores de alabanza que, a sabiendas, adoptan la corriente de "esto es algo personal, solo entre Dios y yo, y no me importa con más nadie". Esa premisa sería factible si se tratase de que usted, hermano cantor, va a rendirle alabanza y adoración a Dios, de una manera personal e indivicual. Pero no puede ser aplicable en el caso de que usted es la persona encargada de dirigir un tiempo congregacional de alabanza y adoración al Señor. Procedo a explicarme.
          A algunos que sirven al Señor a través del canto, les he escuchado decir que cuando van a dirigir un tiempo congregacional de alabanza, pues a ellos lo único que les importa es que Dios reciba su alabanza; y que, a más de eso, pues ni les interesa ni tienen que ver con más nada ni con más nadie. Es mi opinión muy personal que ese es un pensamiento un tanto inmaduro para alguien que se llame un ministro de alabanza.
          Si esa es la filosofía de éstos al subir a un altar (supuestamente a dirigir un tiempo congregacional de alabanzas y adoración a Dios), me parece que mejor sería que no subieran a dirigir nada. Ya que en realidad, no estarían dirigiendo a la congregación a alabar a Dios; pues, al fin y al cabo, eso no forma parte alguna de sus objetivos. Opino que, en su caso, mejor les resultaría sentarse conjuntamente con la congregación y dedicarse a alabar a Dios allí, de manera personal, desde su puesto, ellos solitos. ¿Para qué subir a dirigir, si en realidad a ellos no les interesa dirigir a nadie? Lo único que les interesa es alabar a Dios ellos solos.
          He escuchado, como parte de sus razonamientos al respecto, que ellos solo cumplen con alabar a Dios, y que si la congregación no quiere hacerlo, eso es problema de la gente, no de ellos. Dicen que, como alabar a Dios es algo entre cada uno y Dios, ellos no pueden hacer nada para que la gente decida alabar a Dios. En tales razonamientos, solo hay una parte de cierto, mas no todo lo es.
          Es cierto que mi alabanza y adoración a Dios es algo individual y personal; es algo íntimo, entre el Señor y yo. Eso lo tengo muy en claro. También estoy enfocada en que, si voy a subir a un altar a dirigir un tiempo congregacional de ministración de alabanza y adoración a Dios, lo primero que busco, mi propósito primordial, es precisamente, ministrarle a Dios y alegrar su corazón; ofreciéndole, elevándole mi alabanza y mi adoración a él; y que él se complazca en todo ello. Eso es lo más importante. PERO ALLÍ NO TERMINA TODO.
          Si Dios me ha puesto y me ha concedido el privilegio de estar ante su pueblo en un altar, pues también debo honrar tal privilegio. Y esto, cumpliendo igualmente mi servicio y mi compromiso para con ese pueblo del Señor: guiarlos a ellos a encontrarse también con Dios, así como lo estoy haciendo yo en ese momento, de manera personal.
          En otras palabras, debo recordar que estoy siendo una especie de puente, parada en la brecha entre Dios y su pueblo. Para eso estoy allí; para eso me puso Dios allí. Sino, bien podría dedicarme a alabar y adorar a Dios desde mi puesto, en medio de la congregación; o bien, en mi devocional privado, en mi casa. Pero no, desde un altar. ¿Para qué pararme allí, si solo estoy pensando en lo mío?
          Es que, el estar en un altar para dirigir al pueblo en la alabanza y adoración al Señor implica, tanto un objetivo dual, como un compromiso dual. Es decir, se refiere a ministrar, pero en dos planos o niveles: ministrar a Dios y ministrar a los congregados (llámese al pueblo de Dios, congregación, iglesia, invitados, público, etc., según el caso del que se trate).
(Este tema de ministrar a Dios y ministrar al pueblo es un tópico que vale la pena tratar con mayor detenimiento; lo cual haremos en otros artículos de este sitio.)



2. MÚSICOS y CANTANTES de FONDO pueden ADORAR a DIOS, SIN "DESCONECTARSE" de su alrededor
          Ahora bien, considero importante también señalar que
Esto de estar al tanto del mover espiritual de la ministración no solo va para la persona que esté encargada de dirigir al frente. Es aplicable también a todos los que participan dentro del grupo que esté ministrando ese tiempo congregacional de alabanza y adoración a Dios. En otras palabras, también aplica a músicos, cantores de fondo, coro, etc.
El seguir el mover de Dios implica, entre otras cosas, que lo natural ha de acoplarse a lo divino; es decir, al mover espiritual.
          Quiero hacer esta salvedad pues he visto, en músicos o en cantores de fondo, casos parecidos al de la joven que mencioné casi al principio de este artículo.

A. LOS CANTORES DE FONDO:
          Por ejemplo, quienes forman parte del coro de fondo, voces de apoyo al cantor principal, o como quiera llamárseles; éstos, tal como el cantante que dirige la ministración, deben también estar al tanto de las señales y órdenes que éste les envíe; ya sea mediante señas o en palabra. Es decir,
          En lo natural, por ejemplo, este acople no solo tiene que ver con seguir correctamente la letra o segmento de la canción que se esté interpretando en el momento dado, o mantenerse entonados. Las cosas anteriores son solo lo básico. Pero además, los cantores de fondo deben estar atentos al modo vocal adecuado al momento, según la guía del cantante principal. Es decir, si hay que cantar dulce y suavemente, con fuerza y energía, etc. O bien, inferirle a la voz las cadencias necesarias, de acuerdo al ritmo y género musical que se está interpretando. También, han de estar atentos a los cambios de tono (si hay que subir o bajar); a las pausas, a las repeticiones; a los silencios (en qué parte deben cantar y en qué parte no); al cambio de una canción a otra; a los cierres, etc.
Los cantores de fondo deben seguir y acoplarse al rumbo o desarrollo que lleva la ministración, para mantener el acople necesario, tanto en lo natural como en lo espiritual. Y es que, al seguir el mover de Dios, los aspectos naturales deben acoplarse al mover espiritual; no al revés. Lo espiritual va a ir marcando el rumbo que debe seguir lo natural.
          Y todo lo anterior, bien pueden coordinarlo, sin por ello perder su comunión con Dios o su "inspiración" para sumergirse en adorarle. Un cantor de fondo o aquel que forma parte de un coro no debe olvidar que él es parte de un todo, de un equipo. Y que como tal, su participación dentro del mismo tiene un momento y lugar y es importante. Por eso, no debería "desconectarse" de lo que le compete hacer, so pretexto de que no puede cantar o concentrarse bien, porque está adorando a Dios.
Como mencioné más atrás, el rendir adoración a Dios no tiene porqué desfasarnos de mantenernos dentro del fluir divino de la ministración. Mas bien, es todo lo contrario. El "montarnos" en la corriente del río de Dios, nos lleva a desempeñar aún mejor nuestra función.

B. LOS MÚSICOS:
          En lo particular, me gozo cuando encuentro músicos que se deleitan en adorar a Dios y que a través de la ejecución de su instrumento, le ofrecen su ofrenda de alabanza y adoración al Señor. Eso es hermoso y es la actitud que todo músico debería tener (lo cual, por cierto, no es tan fácil de encontrar).
Pero sumergirse en la alabanza y adoración a Dios no tiene por qué desconcentrar o desenfocar al músico de su ejecución en el instrumento que esté tocando. Debería poder hacer ambas cosas a la vez: adorar al Señor y mantenerse también al tanto de lo que, humanamente, le corresponde en el momento hacer; que es, interpretar su instrumento musical. No me parece por qué razón no pueda compaginar ambas cosas.

          He visto músicos que se cuando se meten de lleno a alabar a Dios, mientras están tocando su instrumento, como que se les olvida que esa es la función que están desempeñando dentro del grupo en ese momento. Y entonces, o dejan de tocar su instrumento por largo rato; o bien, lo siguen tocando, pero no atienden a las señales que les envía el cantante que está al frente, ni mantienen la comunicación visual con los demás músicos. Por tanto, ni se dan por enterado de lo que está sucediendo, porque ellos quieren estar nada más con sus ojos cerrados, desconectados del mover espritual y natural a su alrededor.
          También sucede que si el músico, a la vez que ejecuta su instrumento, tiene un micrófono para hacer voz de fondo o de apoyo, pues deja por completo de tocar (por largo rato), porque prefiere solamente seguir cantando. Eso sería factible, hasta cierto punto, si el instrumento musical que él está tocando no es un instrumento "básico" dentro de la interpretación musical; o si hay más músicos ejecutando otro instrumento igual. Pero si él está tocando el único instrumento que hay en su clase, pues no puede simplemente dejar de tocarlo por lago rato, solo porque cambió de parecer y en ese momento, pues "se siente más cómodo" cantando.
          Pienso que esto no debería ser así. Si al alabar a Dios, una persona no puede concentrarse en las dos cosas (tocar y cantar), pues que haga una de ellas: la función principal que se le asignó, dentro de las piezas a interpretar.
          Particularmente, cuando toco algún instrumento musical en un tiempo congregacional de alabanza y adoración a Dios, mi deseo y enfoque es ofrecer mi música al Señor; que él sea exaltado a través de lo que hago y, por sobre todo, alegrar el corazón de ese Señor a Quien le estoy tocando.
          En ese momento, mientras estoy siendo un músico, esa es la vía principal mediante la cual le estoy ofreciendo exaltación a Dios. Y mientras lo hago, por que no, pues también puedo cantarle, puedo brincar, puedo levantar mis mano, puedo cerrar mis ojos, etc.
          Pero si levanto mi o mis manos o si cierro mis ojos, esto ha de ser momentáneamente, claro está. ¿Por qué? Porque no debería desatender la ejecución de mi instrumento, ni tampoco, perder la comunicación visual entre músicos, ni tampoco entre los músicos y el cantante. Si lo hago, podría yo misma generar confusión, aún sin querer.
          Quienes son músicos saben a lo que me refiero. Si es importante para un cantante que está dirigiendo al frente no desatender lo que hace y mantenerse en comunicación con todo el grupo que está detrás de él; pues es igualmente importante, entre músicos, mantener una clara comunicación. Esto puede ser visualmente (mediante señas preestablecidas) o a través de silbidos, palabras (cuando es posible) u otras guías.
Un buen músico sabe que si forma parte de un grupo o conjunto musical, no puede terminar "tocando solo". Se trata de un trabajo en equipo.
          Pero si el músico "se desconecta" de los demás músicos y de lo que está sucediendo en derredor, puede terminar "tocando solo", por su cuenta; es decir, puede desfasarse, musicalmente hablando.
          El hecho de que yo atienda la ejecúción de mi instrumento musical durante un tiempo de ministración, no significa que por eso, no esté alabando ni adorando a Dios. No quiere decir que solo aquel que cierra sus ojos y levanta sus manos es el que está "inspirado" y "concentrado en Dios".
Podemos concentrarnos en el Señor, sin por eso, desconcentrarnos de nuestro intrumento.
          Si estoy "desconectada" de todo lo que está pasando a mi alrededor, entonces ¿cómo saber, por ejemplo, cuando viene una pausa, un cambio de tono, un cambio de ritmo, de compás, de canción, etc., o un cierre de la pieza? Entonces, los demás lo harán, pero yo estaría desfasada, pues ni me di por enterada.
          Algunos me dirán que estar al tanto de todos esos detalles musicales son simplemente nimiedades, pequeñeces, insignificancias, comparadas con lo hermoso de estar concentrados en alabar a Dios. En eso concuerdo perfectamente. Lo importante para un músico cristiano debe ser adorar a Dios; y esto puede hacerlo perfectamente sin su instrumento.
          Pero también les digo que un músico puede adorar y exaltar al Señor, a través del instrumento musical que él le ha concedido tocar para él. Y si en ese momento esa es la función y el servicio que ese músico está desempeñando para Dios, pues me parece que debería concentrarse en cumplirlo. Puede adorar a Dios, pero esto no debería por qué hacer que se desconcentre de hacer lo que se le ha conferido hacer.
          Ahora bien, todo esto a lo cual me he estado refiriendo en estos puntos 1 y 2, en cuanto a estar al tanto del mover de Dios en el desarrollo de una ministración musical, quedaría totalmente anulado cuando el Señor desciende sobre su pueblo y toma el control total y absoluto de todo.
Soy testigo de que hay momentos en que está de más cualquier cosa que hagamos, digamos, cantemos o toquemos. En esos momentos, la presencia de Dios anula nuestra presencia, conjuntamente con nuestra humanidad, habilidades. talentos y acciones. Cuando Dios está allí, más nada vale ni tiene importancia. Cuando la presencia y el control divino está, cualquier acción humana está de más.
          Es como nos cuenta la palabra de Dios en el siguiente pasaje:
"Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová."
1 Reyes 8:11
          Todo esto es algo hermoso. Solo que no ocurre siempre, en cada día de ministración de alabanza. Así que, a menos que de veras nos sea imposible controlar lo que hacemos, debido al toque de Dios en nuestras vidas, pues mantengámonos en adoración a Dios, pero siempre al tanto del mover espiritual y natural, para desarrollar más efectivamente la ministración de un tiempo congregacional de alabanza y adoración al Señor.
Debemos recordar que si estamos en ese altar del Señor no es solo para recibir nosotros de Dios; sino también para dar: para dar a Dios, y para dar al pueblo de Dios.
          Si solo queremos recibir, pues podemos hacerlo más cómodamente, participando solo como parte de la congregacíón. Pero si Dios nos ha puesto como líderes en un altar, ante toda la congregación, pues también nos corresponder dar y serles a ellos de bendición. Se pueden hacer las cosas bien y, por sobre todo, rendirle adoración a Dios, en espíritu y en verdad.

1 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

Hermana en cristo jesus dijo...

Si gracias .quisiera saber cual es la diferencia entre alabanza y adoración. Y como me lleno de dios para ministrar su presensia en el altar según sus experiencias.?

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