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marzo 26, 2013

Cómo ministrar a los niños con música

CÓMO PREPARAR UNA MINISTRACIÓN MUSICAL PARA NIÑOS: 

Una de las primeras cosas que debemos identificar al emprender una labor dentro de cualquier ministerio en la obra de Dios (y esto también aplica para otras facetas de la vida), es identificar a quiénes queremos llegar, a qué personas buscamos alcanzar. Entonces, de acuerdo a ello, enfocaremos nuestro plan de acción.

Y con la música no es distinto: un punto clave cuando vamos a preparar y llevar a cabo una ministración musical es tener perfectamente en cuenta el tipo de audiencia a la cual nos vamos a dirigir. Por eso, espiritual, emocional y técnicamente hablando, debemos saber la forma en que conduciremos la ministración, de acuerdo a los oyentes.

Debemos definir la mecánica de nuestra ministración, la cual puede (y de hecho, debe variar) de acuerdo a las circunstancias y al tipo de audiencia. Y en ese sentido, hay situaciones en las cuales nos debemos dirigir a un público específico; por ejemplo, en cuando a edad se refiere.

No podemos ministrar de idéntica forma al tratar con adultos, que al tratar con un grupo de jóvenes; o bien, con niños. Todo ello va de acuerdo a la edad. Y nos ocuparemos en este artículo del caso específico de cómo preparar y desarrollar una ministración musical dirigida hacia los niños.

Lo primero al respecto, es conocer cómo es nuestra audiencia infantil. Veamos:

1. CARACTERÍSTICAS DE UN AUDIENCIA INFANTIL:
Los niños son expresivos, desinhibidos y
espontáneos, por naturaleza.

Este es un tipo de audiencia muy especial y única. Sin importar el lugar, la raza, el idioma, religión, condición social o el grado de educación, los niños son siempre y sencillamente... ¡niños!

Los niños son sencillos de corazón y no temen expresar sus emociones (sean éstas positivas o negativas). Son expresivos, desinhibidos y espontáneos por naturaleza.

Todos recordamos esos juguetes de cajas sorpresas en los que, al levantar la tapa, aparece de pronto un muñequito unido a un resorte, el cual salta de la caja.

Bueno, así como a ese muñequito, hay que permitirle a los niños la oportunidad de exteriorizar toda esa energía y pasión que llevan dentro. Y el tiempo de alabanza a Dios con música es ideal para ello, si sabemos canalizarlo de la manera adecuada.
Algo muy importante: el introducir a los niños en la esfera de alabar a Dios no se trata solamente de entretenerles y dejar que se diviertan a través de la música (aunque esto también debe cumplirse cuando se trata de niños).

Más que lo anterior, es una oportunidad para guiarlos a que igualmente aprendan a alabar al Señor. Es una ocasión para enseñarles que no solo la “gente grande” puede hacerlo, sino que a Dios mismo le interesa y le gusta que los niños le alaben. Es un tiempo para mostrarles que Dios recibe la alabanza de los niños con muchísimo placer y agrado. Es un grandioso momento para cultivar en ellos, desde pequeños, un espíritu de alabanza y sentar las bases para que se conviertan en verdaderos adoradores para Dios. 

Es más, nosotros mismos, al exaltar a Dios deberíamos recordar lo que dijo el Señor Jesús: "...De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza." (Mateo 21:16). Ojalá  todos fuésemos siempre un poquito más como niños cuando alabamos y adoramos al Señor. Pero bueno, de eso hablaremos en otro momento, en otro artículo de este blog. Por ahora, prosigamos con el tema que nos ocupa.


2. INFLUENCIA DE LA MÚSICA EN LOS NIÑOS:
La música influye en nuestros niños a nivel físico,
psicológico, intelectual, social y hasta espiritualmente.
Sin importar la edad del individuo, la música tiene la sorprendente capacidad de influir en las personas en todos los niveles: física, psicológica, intelectual, social e incluso, espiritualmente. Y tratándose de niños, que aún no tienen su criterio, carácter ni personalidad totalmente formados, esto es aún mucho más radical.

La música puede influir para bien o para mal en ellos. Puede incitarles a hacer cosas, estimularles, instruirlos y puede mover y conmover sus emociones.

Lastimosamente, hoy por hoy los niños están expuestos a toda clase de música que afecta e influye para mal sobre ellos. Nos toca a nosotros romper con eso y aprender a utilizar sabiamente la música para beneficio y bendición de nuestros niños, tanto en casa como en la iglesia.

Los niños mostrarán preferencia por un tipo de música u otro, dependiendo de lo que comúnmente han estado escuchando a través del tiempo en el ambiente que les rodea, e influirá mucho en ello el abanico de opciones que los adultos les ofrezcamos.

Los niños, en especial los pequeños, regularmente no tienen la opción de escoger o decidir sobre qué música escucharán, ya que ellos terminan escuchando lo mismo que los adultos oímos. Por eso, ya que hemos de decidir por ellos, decidamos bien entonces. Si amamos a Dios y a nuestros niños, rodeémonos de música que sea buena y agradable ante Dios; música que traiga bendición a los que la escuchan.

Los niños son como una "esponjita" que, sin ninguna especie de filtro, absorben todo aquello que entre en contacto con ellos. Por eso es crucial que velemos celosamente por ellos en todo momento, lugar y circunstancia en que se encuentren. Y entre todas esas cosas, examinemos y supervisemos también la música que escuchan.


3. LA MÚSICA EN LA ENSEÑANZA Y MEMORIZACIÓN INFANTIL:
La música facilita la enseñanza, comprensión y
memorización, tanto en niños como adultos.
La música y los cantos son también una manera importante de afianzar en los niños una lección aprendida o un mensaje específico.

Aunque pase el tiempo y los niños después no recuerden con exactitud cierto mensaje o enseñanza que les impartió algún maestro o predicador en la iglesia, es muy seguro que sí recordarán la canción que se les enseñó, y por ende, el mensaje intrínseco en ella (que es lo principal que queremos inculcar).

Tal vez usted recordará todavía alguno o varios cantos infantiles que le enseñaron cuando era un niño pequeño, independientemente de si esto fue en la iglesia, en la escuela o en su casa.

Yo, por mi parte, todavía puedo recordar perfectamente algunos de los cantos que aprendí en mi temprana niñez y, sin importar las décadas que pasen, puedo cantar con exactitud toda la letra y recordar la música de éstos, pues quedaron grabados indeleblemente en mi memoria; y con ello, también el buen mensaje que traían consigo.

Es más, recuerdo que cuando recién llegué a los pies del Señor, me enseñaron en la iglesia dos canciones específicas: una, para aprender todos los libros del Antiguo Testamento; y la otra, para aprender los del Nuevo Testamento. En ese entonces yo era una adolescente de 14 años; y ambos cantos se los enseñaban también a todos los nuevos que llegaban a la iglesia, sin importar si fuesen jóvenes, adultos o ancianos. Y curiosamente, la música de dichas canciones era de un corte bastante infantil. Sin embargo, nos sirvieron para memorizar, en su correcto orden y clasificación, las decenas de libros que contiene la Biblia.

De eso han pasado ya décadas. Y aunque leo la Biblia prácticamente a diario, mi memoria, cuando así lo requiere, hasta el sol de hoy todavía echa mano de algún segmento de dichas canciones para encontrar con rapidez cualquier libro en la Biblia. Es que la música es ideal para afianzar y recordar las ideas en la mente.


4. CÓMO DEBEN SER LAS CANCIONES DIRIGIDAS A NIÑOS:
Óptimamente, los cantos dirigidos a un auditorio infantil deben ser fáciles de asimilar, aprender y memorizar (tanto en su música como en su letra) y con mensajes sencillos de comprender.
Desglosemos esto con mayor detenimiento en los siguientes puntos:

A. La letra de los cantos infantiles:
La letra de los cantos infantiles debe ser fácil de
aprender y con mensajes sencillos de comprender

LA LETRA de las canciones para niños debe ser de un lenguaje sencillo, y con palabras que no estén fuera del vocabulario infantil.  No debe ser muy larga ni complicada; y si es en rima, cuánto mejor.

Todo esto, para que los niños puedan aprenderla y memorizarla con facilidad; pues hay que tener en cuenta que cuando se trata de niños pequeños, éstos aún no saben leer; o si ya leen, todavía no pueden hacerlo con suficiente fluidez. Así que, en estos casos, un respaldo escrito en papel o una ayuda visual en un proyector no sirven de mucho.  Recordemos que los niños aprenden con muchísima más facilidad a través de la repetición, que leyendo.

B. El mensaje de los cantos infantiles:

Por otro lado, EL MENSAJE, moraleja o enseñanza de las canciones infantiles debe ser bien explícito, llevando un mensaje claramente entendible para ellos, porque los niños todavía no tienen bien desarrollada la capacidad de entender mensajes abstractos ni profundos.

También hay cantos que hablan de conceptos abstractos, pero que aún así pueden ser fáciles de comprender para los niños, siempre y cuando se los enseñemos no como una mera teoría, sino a través de cosas simples de la vida que ellos pueden ver y hacer a diario. Por ejemplo, valores como el amor, la obediencia, el perdón, el compartir, el ser agradecidos, la constancia, la verdad, la honestidad, la humildad, el compañerismo, la ayuda mutua, el respeto, etc. son temas que los niños pueden captar con más facilidad si les son explicados a través de ejemplos prácticos.

Son también muy apropiados para los niños los cantos que hablan de cierto pasaje peculiar de la Biblia o de algún personaje bíblico, que ellos puedan tomar como ejemplo. O cuánto mejor, canciones que hablen del propio Señor Jesús.
     Los niños siempre buscan y necesitan una figura (ya sea real o ficticia) con la cual se puedan identificar.

Así, podemos proporcionarles (no solo a través de la música, sino también mediante enseñanzas en clases) el ejemplo de muchas personas reales que aparecen en las Sagradas Escrituras.

No en vano se cuentan entre las historias favoritas de los niños, aquellas que hablan de hechos portentosos o casi "fantásticos" (pero que sabemos fueron totalmente reales). Tal es el caso de cómo David vence Goliat; de la super fuerza Sansón; de los animales en el arca de Noé; de José, convirtiéndose en gobernante de Egipto; del derrumbe de los muros de Jericó; de Jonás, tragado por un enorme animal marino, sin hacerle el menor daño; o de Moisés, cruzando el Mar Rojo. Y las niñas, románticas por naturaleza, se deleitan también en cómo una obediente jovencita llegó a convertirse en la hermosa princesa Ester; o cómo Rut, una sencilla y pobre mujer encontró el esposo rico y bueno de sus sueños. Otras niñas, de espíritu más aguerrido, toman como ejemplo a mujeres como la valiente Débora, que ayudó a derrotar a un enemigo de su pueblo.

Pero sobre todo, debemos compartirles a los niños acerca de todas aquellas hazañas, milagros y maravillas que realizó el mismo Señor Jesucristo, quien es el mayor Héroe del Universo.

No sin razón las caricaturas de súper héroes y heroínas han sido y siguen siendo tan populares entre los niños, porque ellos siempre necesitan un modelo que puedan admirar, seguir y hasta imitar. Lastimosamente, muchos de los héroes que el mercado de hoy nos vende para los niños no son siempre buenos ejemplos. Ojalá y fuese el Señor Jesucristo Quien ocupase para nuestros niños la posición de Súper Héroe. Pero eso nos corresponde a nosotros mismos inculcárselos.

Al respecto, hay algo curioso que podemos notar respecto a las caricaturas o películas de dibujos animados que han sido exitosas contando una historia dirigida a niños (ya sea real o ficticia). Solo haga memoria de aquellas que haya visto y se dará cuenta de que, acompañando al personaje humano principal, casi siempre suele haber implicado algún niño, algún animal o alguna figura de ficción, ya sea como espectador, como narrador, como personaje de relleno o incluso, como parte de la trama (aunque dicho personaje sea una añadidura, ajena a la historia original).

La presencia de un personaje así suele resultar crucial para que, psicológicamente, los niños puedan identificarse con él y así sentirse parte de la historia, y no ajenos a ésta. Esto es debido a que a veces el héroe o heroína de la historia, precisamente por esas características tan "fantásticas" o inalcanzables que tiene, no siempre resulta un personaje con el cual todos lo niños o niñas se puedan identificar. Quizás sí admirarlo, pero no identificarse con él. Y es allí cuando aparece este otro personaje peculiar y añadido.

Eso es algo que los productores de Disney (para bien o para mal) han sabido aprovechar y utilizar, al llevar a la pantalla sus películas infantiles, introduciendo en ellas personajes ficticios (que a veces ni siquiera figuraban en la historia original), pero que por alguna característica peculiar que le imprimen, se convierten en el personaje que le da ese "toque" atrayente a los niños.

Por ejemplo, Pocahontas tenía al mapache Meeko y al colibrí Flit que le acompañaban; la sirenita tenía como amigo inseparable al cangrejo Sebastián; Winnie the Pooh tiene a su amigo Christopher Robin; Mulan tenía un pequeño dragón; Pinochio tenía como consejero a Pepe Grillo; Peter Pan tenía a su amiga Tinkerbell; Aladino tenía a Abu, su mono; en el jorobado de Notre Dame habían gárgolas; en La Bella y la Bestia había tazones, relojes y otros objetos que hablaban y tomaban parte en la historia. Y esos son solo algunos ejemplos. Lo que quiero con esto es ilustrar la idea de lo importante que es para los niños identificarse con algún personaje, para poder así asimilar mejor la historia que le queremos enseñar (sea ésta narrada o cantada).

Incluso he visto muchos programas de TV o películas de dibujos animados (hechas por casas productoras cristianas) sobre historias de la Biblia y temas de ese tipo, que van dirigidas a un público infantil. Y curiosamente, éstas también echan mano de este recurso del clásico "personaje incrustado" del que vengo hablando (incluso al representar historias de la biblia). Tal es el caso de series cristianas para niños, como Súper Libro, Querubín, VeggieTales, La Casa Voladora, y muchas más.

Es que así funciona la mente infantil, y si somos sabios, podemos y debemos usar los recursos necesarios para ser de bendición a nuestros niños.

C. La música de las canciones infantiles:

En lo que respecta a la música de una canción, hay tres componentes básicos de la misma que sería sabio tener en cuenta a la hora de producir e interpretar música para niños. Dichos aspectos son: el ritmo, la estructura musical y la estructura de la canción en sí. Veamos cada uno de éstos.

1. EL RITMO:

Cuando se trata de una ministración musical dirigida a los niños, ayuda muchísimo (o más bien, me atrevería a decir que es casi imprescindible) que los cantos tengan una música movida, alegre y animada. Los niños, de buenas a primeras, son abiertos a aceptar diversos géneros musicales, siempre y cuando cumplan con los requisitos que acabamos de mencionar.

El gritar, cantar, reír, saltar, aplaudir, agitar sus brazos,
bailar, etc. es algo inherente al comportamiento infantil.
A ellos les gusta gritar, cantar, reír, saltar, aplaudir, agitar sus brazos, hacer muecas, bailar, etc. Eso es algo inherente al comportamiento infantil, lo cual no podemos limitar ni restringir, si es que queremos que nuestros niños se sientan en libertad. 
     Hay que fomentar esa expresividad natural en los niños; y cuánto más, si es para expresarle a Dios su alabanza.

Es más, la misma Biblia nos habla, en múltiples ocasiones, acerca de exaltar a Dios con fuerte y alta voz, con gritos de júbilo, con cantos de alegría, levantando las manos, dando palmadas de aplauso, saltando y más. Así que si eso es lo que los niños hacen por naturaleza, ¿por qué habríamos de impedírselo?

Más bien somos nosotros, los adultos, los que deberíamos aprender y acostumbrarnos, como algo natural, a expresar de esa forma nuestra alabanza a Dios. Pero por simple inhibición o por "guardar la compostura y el orden" nos abstenemos muchas veces de esas cosas y nos privamos de bellas bendiciones.

Así, la música de los cantos para los niños debe brindar el marco para que ellos puedan hacer todas esas cosas en libertad. Si solo les ministramos canciones lentas, los niños pequeños no le hallan mucha gracia y no mantienen la atención, pues se aburren.

Ahora bien, eso no quiere decir que no podamos ministrarles a los niños con cantos de un ritmo más suave, por ejemplo, para adorar a Dios. Claro que sí podemos; y es más, debemos. Solo hay que saber ir llevando progresivamente esa ministración musical hasta alcanzar ese punto en que ellos puedan conectarse con Dios y adorarle. No hay nada más bello que ver a un niño o niña adorando al Señor.

 
Digan ustedes si es o no es hermoso contemplar
a los niños adorando al Señor...
2. LA ESTRUCTURA MUSICAL:

La música infantil debe ser fácilmente
asimilable al oído de los niños.
La “estructura musical” de una canción infantil debe ser lo más sencilla posible. La melodía y la armonía también deben ser simples y fáciles de captar y de anticipar por el oído común. Debe ser música fácilmente asimilable al oído de los niños.  
Aquellos que son músicos seguramente comprenden más claramente a qué me estoy refiriendo. Pero trataré de hacer una explicación, lo más simple y práctica posible, para aquellos que no lo son.

La música es todo un lenguaje que está compuesto por elementos fundamentales, como lo son el ritmo, la melodía y la armonía (entre otras cosas). Nuestro oído, de manera espontánea y natural, percibe la música como un todo. Pero nuestro cerebro necesita analizar o "traducir" lo que escucha, para entonces poder comprenderlo, asimilarlo, aceptarlo e incluso, fijarlo en la memoria. Y todo ello se da a un nivel subconsciente ante nosotros; es decir, de manera casi "automática" o "transparente", ya que no nos damos cuenta de ello. Y precisamente de todo esto (o sea, de cuán "asimilable" o "no asimilable" sea a nuestro cerebro) va a depender, al fin de cuentas, si esa música nos termina por gustar o desagradar. Así de simple.

El cerebro humano (aún sin que nos demos cuenta) necesita encontrar cierta "estructura" o secuencia ordenada y "comprensible" dentro de la música que escucha, para que pueda parecerle agradable. (Y me estoy refiriendo aquí específicamente a la música per sé, separada de cualquier letra o mensaje verbal).
El cerebro humano necesita encontrar cierta estructura o secuencia ordenada
y comprensible dentro de la música que escucha, para sentir que es agradable.

Al respecto, estudios científicos han mostrado que existen ciertos patrones musicales, por así decirlo, que son fácilmente "asimilables" al oído humano común y promedio. Son combinaciones sencillas de secuencias musicales para las cuales nuestro cerebro no tiene que hacer demasiado análisis, pues no son complicadas de entender.

Y como son estructuras y secuencias fácilmente "descifrables" y "comprensibles" para el cerebro (musicalmente hablando), entonces éste puede entender dichos patrones, aprenderlos e inclusive, "anticipar" cómo será el segmento musical inmediato de tal o cual pieza musical, aún y cuando nunca antes la haya escuchado. Eso es lo que es una música "asimilable" al oído. Dicha característica también es conocida con el nombre de "musicalidad".

En cambio, cuando nuestro cerebro no logra definir o descifrar un patrón, organización o estructura claramente "entendible" en una pieza musical, es bastante seguro que ésta no nos resulte muy agradable que digamos. Y eso no significa que dicha música no tenga una estructura musical organizada y correcta; simplemente es que nuestro cerebro no la entiende. Por eso, le termina pareciendo muy "compleja", y por ende, poco agradable.
No todas las personas disfrutan presenciar
durante horas un concierto clásico o una ópera.

Lo anterior podríamos compararlo a leer un libro que está escrito en un lenguaje demasiado "elevado" y en el cual abundan las palabras rebuscadas, que escapan de nuestro vocabulario y léxico conocido. O también, sería comparable a leer un libro escrito en un lenguaje técnico, con demasiados términos que no alcanzamos a entender.

No nos resulta nada agradable ponernos a leer un escrito así, en el cual debemos leer cada párrafo dos o tres veces para entenderlo; o incluso, tenemos que tener a mano un diccionario, pues nos topamos (más veces de lo que nuestra paciencia puede soportar), con palabras cuyo significado desconocemos. Lo más seguro es que usted o yo cerremos ese libro y lo pondremos a un lado. Bueno, algo parecido sucede cuando oímos música que no nos resulta agradable al oído: simplemente nos bloqueamos y la desechamos.

Esa es una de las razones por la cual no toda la gente encuentra deleite en sentarse a escuchar un concierto completo de música clásica, o de jazz o una ópera. Es porque generalmente esas son piezas musicales cuya estructura y patrones musicales son complejos y elaborados (ya sea en su ritmo, melodía o armonía); y precisamente por eso, no son fácilmente asimilables al oído común. En otras palabras, si es música que no "entendemos", tampoco nos gustará.

Claro está, esto también se aprende. Cuando la persona tiene un oído entrenado o, al menos, posee cierto oído musical innato, tendrá mayor capacidad de "asimilar" piezas musicales más complejas. Mas no es así para la mayoría de la gente. Y menos aún, cuando se trata de niños pequeños.

Por eso, es importante que las canciones netamente infantiles se ajusten a esa necesidad del oído infantil, para que así el niño pueda asimilar la música que percibe.

Ahora bien, todo lo anterior no quiere decir que la música infantil ha de ser simple, sosa o monótona. Claro que no. La música para niños puede tener hermosos arreglos musicales, una elaborada instrumentación, buenos arreglos vocales y todo lo demás, sin que ello vaya en detrimento de la asimilación que el oído infantil pueda hacer de esa música. Puede cumplirse todo lo anterior en una canción infantil, siempre y cuando se conserve una estructura y composición musical inteligibles para el oído del niño.

3. LA ESTRUCTURA DE LA CANCIÓN EN SÍ:

En la música popular, la estructura de una canción se refiere a las partes o segmentos en que una pieza musical está dividida. Dicho de otra forma, son los "módulos", unidades, secciones o "bloques" que conforman una canción.
Los cantos infantiles deben ser fáciles de memorizar.

Así, la estructura de una pieza musical puede incluir, por ejemplo, una introducción, estrofas, coros, estribillos, intermedio, puente, cierre, etc.

Los anteriores son secciones o "bloques" dentro de la canción que guardan cierta similitud interna, pero que difieren entre sí la una de la otra, y van apareciendo en determinado orden (a veces repetitivo, a veces alternado), según prosiga el desarrollo de la canción.

Cuando se trata de cantos infantiles, es aconsejable que dicha estructura de la canción sea bastante simple; siguiendo un patrón sencillo y fácil de asimilar para el niño. Ejemplo de ello puede ser: estrofa - coro - otra estrofa - coro - cierre.

Aunque las diferentes partes de la canción ayudan a entenderla y aprenderla mejor, no es necesario complicarla, incluyendo demasiados segmentos diferentes que "fragmenten" la canción. Lo importante es que sea una canción que fácilmente el niño pueda seguir.

5. LA MÍMICA EN LAS CANCIONES INFANTILES:
Es importante que los cantos para niños sean lo más interactivos posible; por ejemplo, con mímicas, señas y movimientos del cuerpo. Esto, además de animar a los niños, les ayuda a memorizar mejor la canción, y a que el mensaje quede grabado en su memoria con mayor eficacia.
Son buenos para ese fin los cantos que estimulen al movimiento y expresión corporal (cosa que les encanta a los niños). Por eso, es importante que quienes trabajan directamente con los niños en una ministración musical, preparen algún tipo de coreografía o mímica sencilla que vaya acorde a las canciones que se hayan de interpretar.

Las mímicas sirven para afianzar el mensaje de la canción y divertir al niño.
No deben ser demasiado complicadas, para no confundirlo.
Pero es importante recordar que el objetivo de las mímicas o coreografías es ayudar al niño a afianzar el mensaje de la canción, así como entretenerle y divertirle, permitiéndole expresarse en libertad. No deben ser mímicas complicadas, para no confundirlo.
Principalmente tratándose de ministraciones o presentaciones en vivo, si incluimos mímicas, éstas deben ser mímicas simples, pues recordemos que el niño las estará viendo, siguiendo, aprendiendo y realizando en real time; es decir, sobre la marcha. Y si el niño no consigue seguirlas, se distraerá, se sentirá incapaz y, lo peor, se frustrará.

Todo tiene sus límites. La mímica es solo un complemento, y no debe ser tan complicada que termine produciendo un efecto contraproducente en el niño, al no poder éste copiarla ni seguirla, porque le resulta difícil asimilarla e imitarla. En esos casos, como dijimos, lo que produce en el niño es una sensación de confusión y frustración. Y eso no es lo que queremos conseguir.


6. LA MÚSICA CRISTIANA PARA NIÑOS EN LA ACTUALIDAD:

Los tiempos cambian aceleradamente. Y aún dentro de la iglesia cristiana se dan cambios en la manera en que trabajamos y hacemos las cosas, en lo que respecta a las costumbres y metodologías. Y entre esas cosas, está el ministerio enfocado y dirigido a los niños.

Los niños de hoy no son como los de antes. En la actualidad, aún desde muy temprana edad, nuestros niños están expuestos a una multiplicidad de estímulos, influencias y factores que inciden sobre ellos de manera positiva o negativa; estímulos estos que los niños de antaño jamás tuvieron. Por eso, no podemos pretender trabajar con los niños en nuestras iglesias de la misma manera en que lo hacíamos hace treinta, veinte, quince, ni diez años atrás.

El mensaje del Evangelio ES y DEBE permanecer íntegro e inmutable. Pero nuestra manera de comunicarlo y difundirlo es la que debemos adaptar a los tiempos y circunstancias.
Si deseamos captar y mantener la atención e interés de los niños, debemos ofrecerles, en el camino cristiano, estímulos más atractivos que los que reciben fuera, en el mundo. Y en lo que respecta a la música que dirigimos a la audiencia infantil de la actualidad, debemos buscar la manera en que la música resulte atractiva para los niños; pero sobre todo, que alcance a tocar y bendecir sus vidas.
Manuel Bonilla fue por décadas uno de
los máximos exponentes de la
música cristiana infantil.

Recuerdo cómo era la música infantil cristiana hace más de treinta años, cuando llegué a los pies del Señor. Era muy diferente a la que podemos escuchar hoy.

Aunque en el haber cristiano de ese tiempo existían diversos cantos que fueron diseñados especialmente para los niños, no eran tan populares ni tan difundidos como los cantos para la gente adulta en las iglesias de ese entonces. Tampoco eran tan "atractivos", por así decirlo, en cuanto a su música se refiere. Eran pocos los intérpretes que grababan profesionalmente música cristiana para niños. Uno de los mayores exponentes en esa área en el pasado fue el hermano Manuel Bonilla, con su discografía, videos y programas radiales y televisivos para niños.

En general, la música cristiana infantil en la iglesia de hace décadas era bonita, sencilla y quizás algo simple, si es que la comparamos con la música para los niños de ahora. Pero cumplía su propósito, de acuerdo a las necesidades de los niños de ese entonces.

Hoy por hoy, los tiempos han ido cambiando y seguirán cambiando aún más. Por eso, los sistemas y estructuras que fuero efectivos en épocas pasadas, no necesariamente lo serán en el tiempo presente.

A Dios gracias, en las iglesias cristianas de hoy existen diferentes ministerios infantiles bien organizados y efectivos, enfocados a alcanzar a los niños para Cristo y ministrarles de manera preciosa.

Incluso hay iglesias completas para niños, cosa que hace varias décadas no era común encontrar. Gloria a Dios por el despertar que ha habido y hay en la iglesia del Señor para atender las necesidades especiales de los niños, tanto de los que están dentro como fuera de las iglesias.

Xtreme Kids es un grupo juvenil cristiano
que se especializa en producir música
para los niños
Además, existen diversos grupos musicales en el ámbito cristiano internacional que se especializan en producir música para niños, de alta calidad, muy actual y de corte popular. Es más, es un tipo de música tan excelente que aún a muchos adultos en la iglesia cristiana les gusta también.

     Dichos grupos también realizan espectáculos musicales en vivo para los niños, los cuales son también muy difundidos a través de videos en internet. Sería bueno revisarlos para aprender de ellos y tomar ciertos modelos y metodología de trabajo que seguro serán de ayuda a aquel que sirve al Señor en la música dirigida hacia los niños.

Por eso es importante, si usted trabaja en la música dirigida a niños, que nutra su repertorio con cantos de este tipo.
Además de lo anterior, al ministrar música para los niños en la iglesia, también es importante incluir canciones que regularmente los niños ven y escuchan cantar a los adultos, canciones éstas que eleven alabanza directa a Dios; ya que los niños suelen amar el cantar para el Señor.

Además, cuando le ministramos música a una audiencia infantil, no todo es asunto de saltar, gritar y hacer mímica solamente. Se puede y se debe guiar a los niños a adorar a Dios.

Para eso podemos echar mano de cantos más suaves o lentos, propios para ello. Pero éstos tienen que ser sumamente sencillos, tanto en su letra, música y mensaje; pues a los niños les costará mantener la atención en canciones que contengan una letra que no comprenden o que es muy larga; igualmente sucederá, si la música les resulta muy complicada o "aburrida".


7. PARA MINISTRAR A NIÑOS, HAY QUE SER COMO NIÑOS:

Algo muy importante que debemos tener en cuenta al ministrar música para niños es tratar de ponernos en el lugar de ellos e intentar pensar como piensan ellos; o incluso, tratar de sentir como sienten ellos. Y dije "intentar", ya que los niños son únicos y especiales y no podemos ser exactamente como ellos lo son. ¡Ellos tienen tanto, pero tanto que enseñarnos!

Ya que los niños buscan y emanan chispa y energía, tenemos también nosotros que ser expresivos, interactivos y dejar las inhibiciones a la hora de ministrarles con música, si es que queremos alcanzar su atención y conservar su interés en lo que estamos haciendo.
Si vamos a trabajar con niños, entonces...
¡seamos un poco más como niños!

A los niños no les importa mucho el qué dirán sus amiguitos si ellos cantan, gritan, bailan, dan vueltas, se agachan, levantan las manos o saltan. Al fin y al cabo, son niños y eso es lo que se espera de ellos, como algo natural; precisamente, porque son niños.
     Así que si usted va a trabajar con niños, entonces, por favor ¡sea un poco más como niño!

No debemos reprimirnos por el qué dirán los demás. Hay que despojarse de las limitaciones que quizás nosotros mismos nos hemos auto-impuesto. No pretendamos que los niños hagan algo que nosotros mismos no estamos dispuestos a manifestar.

Quien trabaja con niños sabe muy bien que hay que despojarse de la pena o vergüenza. Si según la mecánica de lo que estamos haciendo, hay que saltar, gritar, hacer muecas, actuar, reír, llorar, agacharse, arrodillarse, tirarse al suelo, danzar o lo que sea, entonces, ¡hagámoslo! ¿Por qué no?

Tenemos que abrir nuestra mentalidad, si queremos trabajar con los niños en libertad y fluidez. La espontaneidad, las deshinibiciones, y la expresividad son cosas que los adultos vamos perdiendo mientras crecemos. Pero hay que rescatarlas.
Dios quiere hallar en nosotros, hacia él, esa sencillez,
amor, candidez, credulidad, fe, confianza y pasión que,
de manera innata, tienen los niños

Por otro lado, recordemos además lo que dijo el Señor Jesús:
"Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos."Mateo 18:2,3

Aunque esta es una expresión que va más allá de lo literal, tengamos presente que el Señor quiere hallar en nosotros, hacia él, esa sencillez, amor, candidez, credulidad, fe, confianza y pasión que, de manera innata, tienen los niños. Así que, un requisito fundamental para ministrar música ante los niños y trabajar con ellos, es tratar, nosotros mismos, de ser un poco más como ellos son en estas cosas.

No es lo mismo ministrar con música a los niños que a los adultos. Quizás la mayoría de quienes ministran en la música se han acostumbrado a hacerlo en una iglesia, culto o concierto, pero siempre ante una audiencia adulta. Por eso, no todo cantante o director de alabanzas tiene la gracia de Dios para ministrar a los niños.

Trabajar con niños es todo un arte; y más que ello, es una vocación.
Trabajar con niños es todo un arte. Más que un arte, es una vocación. Y a la vez, es una enorme responsabilidad.

A veces no tenemos ni idea de las repercusiones que tendrá nuestro trato con un niño. Unas breves palabras o una sencilla acción pueden impactar tremendamente a un niño, tanto para bien como para mal. Por eso ,necesitamos recibir de Dios mucha sabiduría para tratar con los niños, así como paciencia, iniciativa, imaginación y sobre todo, mucho pero mucho amor.

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2 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

Griselda Lopez dijo...

muy buen material, me identifico claramente con el contenido, Dios es grande y gracias por compartir su experiencia

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, me sirve mucho, muchas gracias y que Dios les siga dando mas sabiduria y revelacion para servir a su reino.

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