Hoy es - ¡Este es el día que hizo el Señor!

mayo 28, 2012

HUMILDAD Y SENCILLEZ, características indispensables en un ministro de alabanza

Cualquier cosa que tú o yo hagamos para Dios, creo que será importante y valorado por el Señor, si es que realmente lo hacemos con un corazón alegre y sencillo, por amor a él. En ese sentido, la humildad y sencillez de corazón son características indispensables en la vida de todo creyente; pero sobre todo, resultan imprescindibles como parte del carácter de todo aquel que sirve a Dios en cualquier ministerio.

En la viña del Señor existen incontables formas de servirle. Algunas de ellas, muy a la vista de todos; y otras, que pareciera que solo Dios las ve.

Al respecto, he notado algo muy particular: el trabajar o servir en el ministerio de la alabanza a Dios tiene una característica que lo diferencia un poco de los demás ministerios y que suele ser la caída de algunos ministros y servidores: Y es que, quiérase o no, éste resulta un ministerio vistoso y atractivo,  "entre brillos y luces". Pero, ¿en qué sentido lo digo? Bueno, veamos pues:

1. QUE NO TE DESLUMBREN LAS LUCES:
No dejes que la gente te ponga en un pedestal.


La música para exaltar a Dios es un ministerio que se realiza para el Señor, pero que se desarrolla de manera pública. Es decir, no se ejecuta en secreto o discretamente, como algunos otros ministerios. Al contrario, el trabajo realizado en la alabanza, como ministerio, está y estará forzosamente a la vista de los demás.

Además, por la naturaleza del ministerio mismo en sí (que se ejecuta teniendo como móvil la música y el canto, que son formas o expresiones de arte), éste llega a ser un ministerio que la gente tiende a admirar. Incluso, llegan a admirar al propio ministro de la música. Y es precisamente dicha característica de "brillo" de este ministerio lo que se convierte en el "talón de Aquiles" de algunos cantantes y músicos cristianos.

Quienes son usados por Dios en el ministerio de la música, suelen ser el blanco “ideal”, por así decirlo, de aquellos que tienden a enaltecerlos o a “ponerlos en un pedestal”, debido a la vistosidad y atractivo mismo del ministerio en sí.

A la mayoría de los cristianos dentro de una iglesia quizás no les resulten tan singulares sus maestros que le imparten una enriquecedora enseñanza bíblica cada domingo en la escuela dominical. Tampoco la gente se fija mucho en aquellos que un día les ministraron a través de una sencilla oración de fe; ni en aquellos valientes y esforzados guerreros espirituales que, con su intercesión y ayunos constantes, se convierten en pilares espirituales de su congregación.

De manera similar, prácticamente nadie tiende a admirar a aquellos que trabajan para el Señor en el área administrativa de su iglesia; ni tampoco a los que fielmente sirven como ujieres y porteros, o como consejeros, o evangelizando de puerta en puerta, de casa en casa. Quizás tampoco suelen prestar atención en quiénes son los preciosos servidores que a diario mantienen el templo en orden, y limpio, el suelo que todos pisan; ni tampoco se le concede mayor relevancia a los encargados tras bastidores de toda la logística y aspectos técnicos de audio, iluminación o video durante cada culto o servicio.

Todos los ejemplos que mencioné en los dos párrafos anteriores son solo algunas de las distintas, importantes y necesarias formas del servicio a Dios dentro de una iglesia. Pero como anoté hace un momento, muchas veces pasan de inadvertidas y casi "de incógnitas" ante el común de las personas de su congregación.

¿Conoces a todos los líderes de tu iglesia? Tal vez no.
Pero seguro que sí sabes quiénes son los cantantes y músicos.
Corroborando esto que digo, y solo a manera de ejercicio curioso, pensemos en lo siguiente: Si en las iglesias de congregaciones numerosas indagáramos a los nuevos creyentes (a los que tienen todavía muy poco tiempo de congregarse en ellas) y les preguntásemos si saben o pueden indicarnos, aunque sea de vista, quiénes son los diferentes líderes y servidores de su iglesia (tales como diáconos, ancianos, superintendentes, maestros, directores de departamentos, de redes o células, secretarias, personal administrativo y demás); probablemente los nuevos creyentes no tengan idea de quiénes son estos líderes en su iglesia. A lo más, sabrán quizás reconocer solamente quiénes son los pastores y predicadores de su congregación.



Pero lo más seguro es que, incluso las personas nuevas en la iglesia, sabrán identificar con facilidad y podrán señalarnos e indicarnos cuáles son los cantantes y los músicos de su iglesia.


Y esto es precisamente así debido a que los ministros de alabanza están siempre al frente, y porque la música es un medio llamativo. Todo esto hace que estos ministros sean un tanto "populares" y "destacados", aún sin ellos siquiera procurarlo. Basta pensar en eso para darnos cuenta de la importancia de conducirnos rectamente delante de Dios y delante del hombre.

Al ser los cantantes y músicos, lo que podría decirse, “figuras públicas” dentro de su congregación, entonces, sus logros, cualidades, y por supuesto, sus faltas y errores, serán también mucho más notorias que los de las demás personas. Y esto es así debido a que siempre están en la mira de los demás; razón suficiente para llevar una vida límpida y transparente.

Es que quien sirve a Dios en la alabanza y adoración como ministerio (ya sea cantando o tocando algún instrumento musical) es, de una u otra forma, un artista. Esto lo digo en el sentido específico de que son personas que expresan una forma de arte (tal como lo hace un pintor, un escultor, un poeta o un actor). Solo que en el caso al que nos referimos, esta expresión artística es la música.  Sin embargo, no sucede así con la mayoría de los demás ministerios en la obra del Señor, los cuales no echan mano de algún tipo de arte escénica para su ejecución.

Las "artes escénicas" siempre atraen la atención y admiración. 
Es una realidad innegable que, quienes son capaces de crear o expresar algún tipo de arte escénica (llámese actuación, teatro, danza, música o canto), siempre atraerán hacia sí a aquellas personas que apreciarán esa expresión artística y que, en cierta forma, los admirarán.

Y esto no sucede solo con los artistas en el mundo secular (es decir, fuera del ámbito cristiano). También, dentro de la iglesia del Señor, los propios creyentes suelen levantar íconos para admirar, en especial, de cantantes y músicos que son de su agrado o que les resultan de bendición. Incluso, hay muchos cristianos que los toman como ejemplo a seguir y hasta los tratan de imitar.

Por eso, ser una "persona pública" dentro de un ministerio (cualquiera que este fuera).implica una gran responsabilidad.


2. ¡CUIDADO CON LA VANAGLORIA!
ENTRE MÁS USADO POR DIOS SEA UN MÚSICO O UN CANTANTE, las personas más lo admirarán y hasta lo tomarán como ejemplo a seguir. Incluso, MAYOR RIESGO CORRERÁ DE SER EXALTADO E IDEALIZADO POR LA GENTE. Y esto sucede, a veces, sin ninguna mala intención por parte de quienes lo admiran. 
La gente tiende a idealizar a los ministros de Dios.
Por eso, el ministro que sirve a Dios en este ministerio no puede cerrar los ojos ante dicha realidad, y debe estar apercibido para guardarse siempre y no dejar en su corazón ni el más mínimo lugar para la vanagloria.

Y si somos honestos, me atrevería a pedir que tire la primera piedra aquel cantante o músico cristiano que, siendo de gran bendición a las personas con su ministerio, nunca, jamás, ni por un solo instante en su vida, le ha picado el gusanillo de la vanidad, de la autosuficiencia o del orgullo al ejercer su ministerio, y al ver lo bien que le salen las cosas.

Que lance la primera piedra aquel ministro a quien nunca el diablo le ha susurrado al oído palabras que le inciten a la jactancia, aunque sea en lo íntimo de su corazón. Y sé que los ministros de alabanza saben a lo que me refiero.

El pecado no está en que algún pensamiento así nos llegue a la cabeza. El pecado surge cuando empezamos a acariciar dichos pensamientos.


La clave está en cómo reaccionamos y cuál es la actitud que tomamos si pasa por nuestra cabeza algún pensamiento de esa índole. Si lo albergamos y empezamos a "acariciarlo", ese es el comienzo de la caída. Pero si inmediatamente desechamos cualquier tipo de actitud que sabemos que desagrada a Dios y ponemos los pies sobre la tierra, sabiendo que todo lo debemos siempre al Señor y que sola y exclusivamente a él pertenece toda gloria por lo bueno que podamos hacer, entonces ya vamos en el camino correcto.


Si sentimos que brota en nuestro interior, aunque sea una pequeña chispa de orgullo, vanidad, pretensión, prepotencia, jactancia, altivez, soberbia o autosuficiencia; entonces, hay que apagar inmediatamente esa chispa, con el río de agua viva que fluye y que viene de Dios.

Aquí valdría la pena recordar aquel pensamiento (quizás ya algo trillado para algunos), pero que tiene mucho de cierto: "No puedes evitar que los pájaros revoloteen sobre tu cabeza, pero sí puedes impedir que hagan nido en ella".

 Si somos tentados a la vanagloria, recordemos lo siguiente:

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.”
Salmo 115:1

No dejes que los pájaros aniden en tu cabeza.
"Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente."
Job 35:13

"No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?"
1 Corintios 5:6

"Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala."
Santiago 4:16

"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad..."
Filipenses 2:3

"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga."
1 Corintios 10:12

3. EXALTEMOS AL ALFARERO, NO A LA VASIJA:

Cuando el Señor utiliza a sus hijos como instrumentos para hacer milagros, sanidades y prodigios (tales como predicadores, evangelistas, pastores, etc.), éstos también corren el riesgo de ser exaltados e idealizados por la gente. Sin embargo, dada la naturaleza sobrenatural de las obras que Dios haga a través de ellos, estos siervos saben muy dentro de sí que humanamente les sería imposible realizar tales maravillas. Eso les hace mantener los pies sobre la tierra (al menos, a la mayoría de ellos), pues se entiende, y ellos mismos comprenden, que el hacer esos milagros no depende de sus capacidades humanas, sino únicamente de Dios.

En cambio, cuando el Señor usa a sus ministros de la música para realizar maravillas y tocar y bendecir a su pueblo a través de la alabanza y adoración, es más fácil que (tanto la gente como ellos mismos) lleguen a pensar, erróneamente, que fueron sus habilidades o talentos los que humanamente lograron las cosas.

La gloria siempre es y será de Dios, no del hombre.
Por ejemplo, hay gente en las congregaciones que llega a pensar que sintieron algo bonito porque la música estuvo bien ejecutada o bien cantada. O creen que descendió la presencia del Señor porque quien dirigía los cantos era un ministro experimentado. O piensan que, por el simple hecho de tratarse de un ministro famoso, el concierto fue de gran bendición. O tal vez puedan creer que la música llegó al corazón de los oyentes porque quien dirigió la alabanza tenía una dulce y hermosa voz. Pero nada más equivocado.

En otras palabras, hay cristianos que cuando sienten que son bendecidos por Dios a través de algún ministro, atribuyen los honores a dicho ministro, en lugar de dárselos al Señor. Cuando Dios usa a sus ministros de la música para bendecir a su pueblo, démosle solo a Dios la gloria por eso.

Ahora bien, comúnmente sucede que los creyentes que son bendecidos por Dios a través del ministerio de un cantor o músico, se acercan a éste con toda sinceridad al final del culto, para comunicarle con alegría la bendición que recibieron. Y eso en sí no tiene nada de malo. (Todo ser humano necesita en algún momento algo de retroalimentación, lo cual veremos un poco más adelante).

Pero el error en los halagos de estos bien intencionados hermanitos es que, sin darse cuenta y por falta de sabiduría, terminan alabando con sus comentarios al ministro de alabanza, en lugar de alabar al Dios de la alabanza.

CASOS Y COSAS QUE PASAN:

Que conste que no voy a exagerar, sino que cosas como las que mencionaré a continuación suceden con frecuencia en las iglesias. Incluso, varias de esos comentarios los he escuchado de primera mano, tanto hacia mi persona, como hacia otros compañeros de ministerio, estando yo ahí presente. Por ejemplo, al final del culto se acercan al cantante y le dicen cosas como éstas:

  • -“¡Oiga! ¡Pero qué bonito cantó usted!”
  • -“¡Qué voz tan linda la suya!” - (en tono de suma admiración).
  • -“Usted es el que más me gusta oír cantar en esta iglesia".
  • -"¡Solo cuando usted dirige la alabanza es que yo recibo tanta bendición!" -(en tono de gran regocijo).
  • -"Ay...(con tono de disgusto) - ¡Yo no sé por qué ponen a otros a cantar aquí, si usted es el que siempre debería dirigir la alabanza en esta iglesia!"
  • -"¿Sabe qué? Yo me quedé en esta iglesia porque me encanta cómo usted canta."
  • -"¡Con razón que cayó la presencia de Dios! - (y luego, exhalan un suspiro) - ...Es que usted canta como un ángel..."

Y para con los músicos... ni se diga. Los halagos no se quedan atrás. Les dicen por ejemplo alguna de estas cosas:

  • -"Oiga, me ha dejado impresionado... - (y mientras, le dan unas palmaditas en la espalda)... -Yo no sabía que usted era todo un profesional."
  • -“¡Wao! Usted sí que sabe tocar bien el... - (póngase aquí el nombre del instrumento)."
  • -"De veras que lo felicito. Usted toca hermoso."
  • -Oiga (con aire jocoso) -no me quito el sombrero ante usted, solo porque no traje. 
  • En tono de gran solemnidad: -"Realmente usted es un músico virtuoso."
  • "Ahhh... - (con un suspiro de por medio) - ...si yo supiera tocar tan lindo como usted..."
  • Con tono imperativo: "Los otros músicos del grupo deberían aprender a tocar como usted."
  • Con aire de admiración: ¡Usted es el mejor músico en esta iglesia!”.

Y lo peor es que, ante este tipo de halagos, he visto a muchos cantantes y músicos tragárselos de muy buena gana y, con una enorme sonrisa de satisfacción de oreja a oreja, responder un gran "¡Graaaaacias!", sin atribuirle en ninguna forma la gloria que pertenece solo a Dios. Bueno, quizás con eso "ya tienen su recompensa". (Mateo 6:2,5,16)."

Cuando situaciones similares de elogios personales por el ejercicio del ministerio se repiten y llegan a ser el pan de cada día para ese cantor o ese músico, terminan siendo realmente peligrosas, si es que dicho ministro no sabe lidiar con ellas.

Si nos conceden tales alabanzas, es necesario que sepamos “redirigirlas” inmediatamente a Dios y atribuirle a él la gloria por las cosas que hagamos bien.


En otras ocasiones los propulsores de levantar "íconos" para admirar e idealizar, y esto, sin ninguna mala intención, son los propios medios de comunicación cristianos.

Al respecto, podemos ver lo que sucede cuando se aproxima a nuestro país la visita o concierto de algún cantante muy conocido (y supongo que lo mismo sucede en otras latitudes): as emisoras de radio y de televisión cristianas se saturan de anuncios, música, videos, documentales, entrevistas y todo tipo de propaganda alusiva a dicho cantante o grupo musical. El inconveniente no está precisamente en eso, sino en la manera en que se publicita a dichos ministerios.

El principal objetivo al publicitarlos debería ser aprovechar para extender de esa forma el mensaje del Evangelio, a través de la música y testimonio del tal cantante, músico o grupo musical.

Comprendo perfectamente que, además de lo anterior, es bueno, importante y necesario hacer publicidad de los conciertos, presentaciones y de las producciones musicales de los ministros del Señor (con lo cual estoy totalmente de acuerdo). Hay que promover el talento cristiano, sea éste nacional o extranjero. Solo que hay que tener cuidado en la manera en cómo esto se hace. 

Hay que publicitar a los ministros de la música, pero siempre, concediéndole la honra y la preeminencia solo a Dios. Una cosa es honrar al hombre y exaltar a Dios. Pero otra cosa es exaltar al hombre, dejando de lado a Dios.


Muchas veces se pondera y se le dan demasiados y tantos honores, títulos y elogios a ese hermano, hermana o grupo musical (tal como sucede con algunos predicadores); a tal punto en que, sin querer, lo que se termina haciendo es exaltar a los ministros de Dios, quienes al fin y al cabo, no son más que simple vasos usados por el Señor; y que sin Dios, nada de lo que hacen tendría valor.


EXALTEMOS AL ALFARERO, NO A LA VASIJA:

"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros."
2 Corintios 4:7

"...He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano..."
(Isaías 18:6).


"Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros."
(Isaías 64:8).

4. LOS "MM":


Nunca seas un "MM" ("Ministro Mimado").
Es precisamente por toda esa atención especial que suele brindársele a los ministros de la música, que surgen, lo que yo llamaría, "Los MM". Y no me refiero a aquellos conocidos chocolates, sino a los "Ministros Mimados" (consentidos, mal acostumbrados, quisquillosos, melindrosos, susceptibles, delicados, exigentes y demás calificativos de esa misma línea).

Sí. Me he topado con algunos ministros de alabanza que se mal acostumbran a que se les dé preferencia y a que se les atienda por encima de los demás o con tratos especiales; al punto en que sienten y creen pertenecer a una "casta especial" o "élite" dentro de la iglesia.

Por ejemplo, he escuchado a aquellos que dicen cosas tales como:

  • "Yo no voy a cantar a esa iglesia a la que me invitaron, a menos que ellos me vengan a buscar en carro a mi casa, y me lleven de vuelta".
  • "Tienen que reservarnos asientos especiales para todos nosotros, los del grupo de alabanza".
  • "Si no me pagan, aunque sea una buena cena después del culto, yo no voy a tocar".
  • "Necesito usar un micrófono de tal o cual marca, una equis cantidad de monitores y que las bocinas sean de esta o de aquella marca".
  • "Si el piano no es de equis modelo o marca, no voy a poder fluir bien."
  • "No puedo cantar más de tres canciones, para no dañar mi voz".
  • "Si el evento es al aire libre, no vamos a participar, porque la acústica ahí es muy mala".
  • O peor: "Tengo que saber de antemano cuánto me van a dar de ofrenda, para saber si voy o no voy". 

Y no me estoy refiriendo a "ministros famosos", sino a los ministros de alabanza de las propias congregaciones e iglesias locales, que vienen con exigencias para ver si "aceptan conceder" el "privilegio" de su participación en tal o cual lugar o evento.

Y no es que tampoco los "ministros famosos" internacionales, reconocidos o de renombre tengan el derecho de andar con tales exigencias. Es bien sabido el caso de ciertos cantantes cristianos (y también predicadores, por cierto) que, cuando los invitan a ministrar en tal o cual país, envían de antemano cuáles son sus "honorarios", así como su muy extensa, detallada y exclusiva "lista de requerimientos". Y si tal iglesia o ministerio no puede proporcionarles lo estipulado, simplemente declinan la invitación y no van.

Es totalmente cierto que el obrero y siervo de Dios es digno de su salario. Por supuesto que sí. Pero no creo que el ministro deba poner sus exigencias como condición o requisito, para ver si ministra o no ministra en tal o cual lugar, evento u ocasión. (El Señor Jesús nunca lo hizo; ni Pablo, ni Juan, ni Pedro, ni Felipe... y la lista sería larga. Y si ellos no lo hicieron, ¿acaso somos nosotros mejores que ellos?

Aquellos que eligen servir a Dios con un corazón sencillo, incondicionalmente e independientemente de lo que puedan recibir a cambio, a esos precisamente es quienes Dios mismo honrará, bendecirá, exaltará y prosperará, de la forma en que solo él puede y sabe hacerlo.

No busquemos recompensas del hombre. Esas son pasajeras y perecederas. Esperemos la recompensa de Dios, que es perfecta, completa y más allá de lo que pedimos o entendemos.

Al respecto, muy bien nos enseñó nuestro Señor Jesucristo:

"Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros."



5. ¡FUERA CON EL ESPÍRITU DE DIÓTREFES!

"Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe."
(3 Juan 1:9).

Diótrefes quería ocupar la preminencia en todo.
El apóstol Juan, en su tercera carta, le cuenta al anciano Gayo acerca de un tal Diótrefes, que siempre quería tener la preminenencia entre todos y quería mandar en todo lo que se hacía allí; impidiendo incluso que los hermanos recibieran a Juan y hablando mal de él.

Quizás, el susodicho Diótrefes veía a Juan como su competidor, como alguien que resultaría "mejor que él" y que "le quitaría el primer lugar", que el mismo Diótrefes se había atribuido. Aunque obviamente era alguna autoridad en esa iglesia local (pues los hermanos de ahí le hacían caso), Diótrefes no era digno de tal honor.

Demasiadas veces hay quienes toman el ministerio de la música como si fuera una competencia o una especie de "reality show", en donde se pelean por ser el primero, el mejor y por ganar. Bueno, y ganar no sé qué; porque el mismo Señor nos enseñó que los primeros serán los últimos; y que el que quiera tener el primer lugar, empiece por ser el servidor de los demás. Así que, buscando tener la preminencia, lo único que conseguirán, al final, es quedar de últimos.

Se da el caso de cantantes y/o músicos que quieren sobresalir y tener el primer lugar entre todos. Y debido a que la gente de la congregación, e incluso las propias autoridades de la iglesia los han puesto en un pedestal, entonces tales ministros se creen más que los demás.

Estos Diótrefes de hoy ven como una amenaza si entra al grupo un nuevo integrante que canta o que toca su instrumento mejor que ellos. Eso no lo pueden soportar, y entonces tratan de hacer todo lo posible para minimizar y poner tropiezo a aquel nuevo hermano o hermana, en cuanto al ejercicio de su ministerio se refiere:

Le recortan las oportunidades de participar en la ministración; le mandan a bajar el volumen de su micrófono o le dan el micrófono más viejo y de menor calidad; le asignan las canciones "menos buenas"; le conceden menos tiempo para practicar su parte en los ensayos; en fin... Y no exagero, porque, aunque parezca mentira, todo eso ya lo he visto.

Es vergonzoso y lamentable que en la viña del Señor ocurran cosas así. En realidad eso es producto de personas inmaduras, inseguras de sí mismas, egoístas, envidiosas, altivas y vanagloriosas; es decir, cristianos carnales, que no deberían llamarse "ministros" de Dios, si es que hacen tales cosas.


6. SEAMOS PRUDENTES DE LABIOS:

En este punto quiero dirigirme ahora, no al ministro de la música a quien con frecuencia la gente está alabando, sino a aquellos buenos hermanos que, sin ninguna mala intención, tienen la costumbre de enaltecer, idealizar y elogiar personalmente y en demasía a predicadores y ministros de alabanza. Mis queridos hermanos: hacer eso no es bueno; ni para ellos, ni para ustedes.

Quizás en un momento dado ustedes se sientan gozosos por el trato y el toque del Señor en sus vidas, lo cual sucedió durante el tiempo de alabanza y adoración a Dios en la iglesia, o a través del ministerio de tal o cual cantante o músico. Por eso, desean acercarse a esa persona para comunicarles de qué forma su ministerio ha sido de bendición para la vida de ustedes. Eso en sí está bien. El asunto es la forma en que algunos lo hacen.

El detalle está en comprender que Dios es quien hace y obra en los corazones y en las vidas de cada quien. Hay que entender que hay poder en la alabanza a Dios porque él así lo determinó. Hay que saber que Dios busca verdaderos adoradores y que cuando lo adoramos en espíritu y en verdad ocurren grandezas y maravillas. Pero todo, todo, todo eso depende, está y reside en el poder de Dios; y jamás en la acción del hombre. Por tanto, si sabemos y estamos convencidos de esto último, no tendremos por qué pensar siquiera en alabar al hombre por algo que viene de Dios.

Es que en ocasiones, en vez de nuestros elogios resultar de bendición para ese ministro (como quizás era nuestra intención) terminan siendo de tropiezo para éste, si es que ese ministro no tiene la madurez necesaria para lidiar espiritualmente con tales halagos que se le otorgan.

"El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos."
Proverbios 29:5

Por eso, cuidemos nuestras palabras y pensemos lo que vamos a decir, antes de hablar por hablar.

"El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios."
Proverbios 16:23

"Hay oro y multitud de piedras preciosas; mas los labios prudentes son joya preciosa."
Proverbios 20:15



7. HONRAR Y ANIMAR NO ES LO MISMO QUE EXALTAR Y ALABAR:

Ahora bien, quizás muchos me dirán que hay que reconocer y estimular a las personas, y que todo ser humano necesita saber, aunque no lo admita, que es útil y sentirse aceptado por los demás. Que por eso, cuando alguien hace algo bien, hay que decírselo. Incluso, es como una especie de retroalimentación, la cual nos impulsa a seguir haciendo lo que hacemos con más empeño y ahínco; además de que nos permite alegrarnos al conocer las buenas cosas que nuestro trabajo ha generado.

¡Por supuesto que estoy de acuerdo con todo eso! Incluso, encuentro versículos bíblicos para corroborarlo:
"Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros..."
Romanos 13:7,8

"Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros."
1 Tesalonicenses 5:11-13

"El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye."
Gálatas 6:6

Y esto de hacerlos partícipes "de toda cosa buena" se refiere tanto a lo material, como a lo emocional, lo afectivo y lo espiritual.

Pero el meollo del asunto en todo esto es que debemos encontrar el balance entre ANIMAR Y HONRAR al hombre en la forma en que Dios manda, sin caer en ALABAR Y ENALTECER al hombre, ni en OTORGARLE EL CRÉDITO QUE CORRESPONDE A DIOS.

Debemos diferenciar y no sobrepasar la delgada línea que existe entre lo que implica estimar, reconocer y honrar con respeto a una persona, y lo que implica enaltecer, alabar e idealizar a alguien.


8. ¡PASA PRONTO EL BALÓN!:

Vuelvo ahora a dirigirme a los ministros de la música, con un sano consejo:
Cuando alguien nos adjudica algo de la gloria que solo pertenece a Dios, nunca debemos apropiárnosla, sino más bien, enviarla inmediatamente “de rebote” hacia el trono de Dios.

Es algo así como lo que sucede en un partido de voleibol: cuando la pelota llega a las manos de un jugador, éste no la atrapa ni la retiene (si lo hiciera, su equipo perdería puntos). Por el contrario, el objeto del juego es precisamente enviar el balón lo más rápidamente posible al otro equipo. Si la bola se mantiene mucho tiempo (por más de tres golpes) dentro del mismo equipo, éste pierde esa mano del juego.

Algo similar debemos hacer nosotros (y por nuestro propio bien): jamás retener "el balón” de la gloria en nuestras manos, sino pasarla inmediatamente al Señor; (tal como si se tratase de una papa o patata caliente, que no podemos sostener en nuestras manos, pues de hacerlo, nos quemaríamos).

Ahora bien, hay diferentes maneras de hacerle ver a aquella persona que nos está halagando que nos alegra haber sido de bendición para su vida, pero que si le ha gustado lo que vio, escuchó o sintió, es gracias a la unción, la gracia y el favor de Dios sobre nosotros, por su gran misericordia

Debemos exhortar a esa persona a que alabe y le dé las gracias al Señor, si es que resultó bendecida por nuestro ministerio. Incluso, hasta podemos pedirle a ese hermano o hermana que nos mantenga en sus oraciones, haciéndole comprender nuestra total dependencia del Señor.

Hay que hacerle entender (en pocas palabras, claro está) que no se debe a nuestras habilidades o talentos, sino a Dios, quien es el que hace todas las cosas; que solo hemos sido un simple instrumento o canal para que Dios bendiga a esa persona. Pero para ello, es necesario que primeramente nosotros mismos estemos conscientes y convencidos de que es así. Si nosotros mismos no lo creemos y entendemos, ya vamos mal.

Dicho de otra forma, al ver que hemos sido o somos usados por Dios, debemos rendirle la gloria única, sola, total y completamente a Dios, y no quedarnos ni siquiera con un poquito de ella.  Y esto tenemos que hacerlo tanto externamente (mediante nuestras palabras y acciones), como en lo más interno o escondido de nuestro corazón; allí en donde nadie ve lo que hay, sino solo el Señor.

Cuando un ministro llega a ser alabado por la gente y no ha guardado su corazón, queda expuesto a caer en vanagloriarse, tal vez muy dentro de sí, aún cuando no lo exprese externamente. 

Posiblemente, con sus labios podría responder solemnemente delante de quien le alaba: “La gloria es para Dios, hermano”, o “Todo eso es gracias al Señor”.

Pero en lo oculto de su corazón podría estar diciendo para sí mismo: “¡Cuán grandemente me usa Dios!  ¡Qué talento tan tremendo tengo!   ¡Cuando yo ministro, todos ven la diferencia!  ¡Conmigo sí que desciende la presencia del Señor!”



¡Que el Señor nos libre de pensamientos así! Mas bien, Acuérdate de Jehová tu Dios...” (Deuteronomio 8:18).

Pero... "¿Y entonces...?" Se preguntarán algunos. "¿Es que acaso no tengo derecho a recibir alguna alabanza, gratitud o elogio de la gente por nada de lo bueno que yo haga para Dios?" Bueno, mi querido hermano o hermana: si quiere que le conteste con la verdad, y a la luz de lo que nos enseña la Biblia, permítame entonces responderle con un rotundo NO.

Es que en el reino de Dios las cosas no funcionan ni se hacen como es lo "normal" en el sistema de este mundo. Casi siempre es exactamente lo opuesto: dar, para recibir; bendecir, en vez de maldecir; amar al que te odia; perdonar a quien te hace mal; pagar bien, por mal; ser pequeño, para ser grande; humillarse, para ser enaltecido; y así por el estilo.

Y en el ministerio de la alabanza:
No estamos para recibir nosotros gloria, sino para dar gloria a Dios.
No estamos para que otros nos alaben, sino para enseñar a otros a alabar a Dios.
Tenemos que quitarnos nosotros, para que Dios tenga la preminencia.
Dios es el centro, la razón y el motivo de nuestra alabanza y adoración.

Entonces, siendo así, ¿por qué y para qué recibir nosotros gloria? ¿Acaso somos dignos de ella? Mmm... De veras que no. ¿Acaso deseamos gloria? Ojalá que no. Además, no nos conviene recibir gloria, porque eso dañaría nuestro corazón:

“El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, y al hombre, la boca del que lo alaba.
Proverbios 27:21

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón..”
Jeremías 17:9,10

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23

La actitud correcta de todo ministro debería ser cederle al Señor el trono en nuestro corazón, para que sea él quien lo gobierne, y no nuestras emociones.

Al respecto, me gusta un pensamiento de Charles Dickens que leí una vez y que expresa poéticamente esta gran verdad, de permitirle a Dios que ordene y dirija nuestro corazón para sacar de éste buenas cosas:

“El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el Perfecto Conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.”

Cedámosle al Gran Músico el instrumento de nuestro corazón, para que él saque de nosotros las más hermosas melodías.


9. VISTÁMONOS POR DENTRO Y POR FUERA DE HUMILDAD Y SENCILLEZ:

Como mencioné al inicio de este artículo, pienso que la verdadera humildad y sencillez de corazón es una cualidad indispensable, imprescindible e insustituible, la cual nunca debe faltar en un ministro de Dios. ¡Y CUÁNTO MÁS SI SE TRATA DE UN MINISTRO DE ALABANZA!

Pero lamentablemente, humildad y sencillez son virtudes que a algunos ministros de la música se le escapan tan fácil como el agua entra las manos. 

Siendo éste un ministerio CUYA ESCENCIA ES EXALTAR A DIOS, paradójicamente, es el ministerio en donde los propios ministros más tienden a tomarse la exaltación para sí; y en el cual el propio pueblo de Dios más acostumbra exaltar a los ministros, EN LUGAR DE EXALTAR SOLO A DIOS.

El ministro de alabanza debe tener siempre, pero siempre muy en claro, no solo en su mente sino también en su corazón y aún muy dentro de su alma, que todo lo bueno que pueda llegar a ser y hacer en esta vida es precisamente por Dios, para Dios y gracias a Dios; y que sino fuera por Dios mismo, nunca podríamos hacer ni ser nada.

Siempre me gusta recordar el pasaje del libro de Daniel, acerca de lo que le sucedió al rey de Babilonia, Nabucodonosor.

Como Dios sabía lo que había en el corazón de este rey, le reveló en un sueño lo que llegaría a acontecerle si se comportaba con jactancia y soberbia. Envió al profeta Daniel con un mensaje de advertencia para él. Pero al parecer, el rey pronto lo olvidó. Y un año después del sueño, esto fue lo que pasó:

"Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor. Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?

Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.

En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.
Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.

Daniel 4:28-37
(En este enlace puedes leer el pasaje completo).

Algunas biblias subtitulan ese pasaje como "la locura de Nabucodonosor". Es que el rey perdió literalmente la razón. Pero esa locura le sobrevino a raíz de una locura aún mayor y peor: pretender que la grandeza que él había alcanzado se la debía a sí mismo y no a Dios. Gravísimo y casi fatal error. A Dios gracias, él tuvo misericordia de Nabucodonosor, cuando éste reconoció su pecado.

Y si ese escarmiento le sucedió a un rey que, en su tiempo, fue el más poderoso del mundo, ¿qué se espera de nosotros, si pretendemos enorgullecernos en nuestro corazón y se nos ocurre adjudicarnos "un poquitín" de la gloria que corresponde a Dios? Dios nos libre de ello.

El caso de Nabucodonosor es una muestra casi literal de lo que dice el siguiente versículo:
"El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen."
Salmo 49:20

Me gusta una canción que interpreta Marcos Yaroide que dice: "Todo se lo debo a él... Mi casa, mi familia, y todas mis canciones, todo se lo debo a él..." Y así mismo es: sin el Señor, nada seríamos.

"Todas las cosas por él (Cristo) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho."
Juan 1:3

Una vez escuché en televisión a un ministro de alabanza (no recuerdo cuál) decir una frase que me pareció muy atinada: "Los cristianos no decimos mentiras cuando hablamos, pero sí cuando cantamos".

Y es que con cuánta frecuencia le decimos a Dios en nuestras oraciones y en nuestros cantos cosas como: "mi vida eres tú"; "el centro de todo eres tú"; “tuya es toda la gloria"; "tuya es la honra"; "eres el único digno de ser alabado”; etc. Pero ¿lo hacemos realmente siempre así en la práctica? ¿Cuán dispuestos estamos a darle siempre, todo el tiempo, y solamente al Señor la gloria por todas las cosas que hacemos bien? ¿O a veces intentamos “robarnos” un poquito del crédito?  Cuidado con eso, pues el Señor dice:

"Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza...."
Isaías 42:8

"No os engañéis; Dios no puede ser burlado..."
Gálatas 6:7

"...Porque la gloria de Jehová es grande. Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos."
Salmo 138:5,6

“Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente.
Salmo 12:3

Así, es peligroso tomarnos el crédito por algo que no es nuestro, sino de Dios. Además de que eso sería robar, creo que sería ilógico y muy tonto pretender jactarnos por algo que nosotros no hemos hecho. ¿No creen?

 “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido?  Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
1 Corintios 4:7

"Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación."
Santiago 1:16-17

“…No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
Juan 3:27

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.”
Salmos 127:1

Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
Gálatas 6:3

No nos equivoquemos, tal como la anécdota del burro vanidoso que se nos narra en aquella canción de Michael Rodríguez, la cual dice en el coro: "¡Burro, no te equivoques! Les recomiendo que vean ese video en este enlace; el cual, además de traernos un gran mensaje, seguro les sacará una que otra sonrisa por la ocurrente letra de esa canción.

Es que nunca somos ni seremos dignos de alabarnos a nosotros:

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24

Según lo que Dios mismo nos dice, lo único que importa y que es digno de alabanza es entender y conocer al Señor. Y aún así, ni eso podemos decir que tenemos a nuestro favor para alabarnos, pues a Dios nadie le puede entender:

Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable.
Salmo 145:3

“El cual (Dios) hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número;
Job 5:9

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?”
Romanos 11:33-34


Así que, después de leer estos versículos, pregunto entonces: ¿en qué nos podemos alabar?  Pues diría yo que realmente en nada. Todo se lo debemos al Señor.

Además, sin importar cuánto podamos ser usados por el Señor y cuán lejos podamos llegar en la vida, siempre Dios es quien debe ser el exaltado:

El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.”
Deuteronomio 10:21

¿Qué opinas de todo esto? Déjanos tus comentarios...

11 Comentarios. ¿Dejas el tuyo? :

Anónimo dijo...

Hola:
Mi nombre es Soledad y dirigo la alabanza en la clase de Dorcas, y es verdad que hay que tener mucho cuidado, la carne es muy débil, y hay hermanos y hermanas q te alaban quizás con la mejor de las intenciones, pero es muy peligroso, y recordar siempre q la gloria es para el Señor, otra cosa cuando a mi me dicen q lo hice bien o que canto lindo hermanita, (dentro de mi digo, no lo hice tan bien) es una lucha constante, q hay q estar en oración y ayuno... y si no lo haces eres carne para el león q esta hambriento, por comer...
Pero hay veces q es necesario sentirse q lo haces bien, y la mejor manera de saberlo es cuando la presencia del Señor desciende y eso a mi me dice q el Señor me esta usando... es bno sentirse apoyado, porque generalmente los músicos y cantantes cristianos son solitarios ¿porque? no lo sé. Bueno eso quería aportar y muy bueno aprender sobre la vanagloria... gracias q el Señor Jesús les bendiga.

Vicky dijo...

Hola Soledad!
Tienes mucha razón. Es imprescindible mantenernos sencillos y humildes en nuestro corazón en todo momento y si no lo hacemos, es peligroso para nosotros mismos.
Y cuando sientes que no lo hiciste tan bien, pero aún así las personas te dicen que lo hiciste bien, como dices, es precisamente por la gracia del Señor en ti. Y es porque "Su poder se perfecciona en nuestra debilidad" y él hace todo lo que no podemos lograr humanamente.
Y como dices, todos necesitamos de vez en cuando cierta retroalimentación, y eso tampoco es malo del todo. A veces, el Señor permite que otros nos digan cómo les hemos sido de bendición, quizás solo para confirmarnos a nosotros mismos el ministerio y el llamado que Él nos ha dado.
También es muy cierto lo que dices, que un bello indicativo de que somos instrumentos de Dios es cuando vemos las obras maravillosas que él hace a través de nosotros y eso nos llena de gozo.
Si la presencia de Dios está en lo que hacemos, eso será lo más importante.
Que el Señor te bendiga muy especialmente.
Saludos, Soledad!

Anónimo dijo...

Exelente buena enseñanza muchas gracias,tenemos que entender que es un ministerio muy delicado y tenemos que guardarnos en todo porq somos vistos por toda la congregacion y temos que ser ejemplo.me hayudara de mucho todo lo que aprendi bendiciones

Vicky dijo...

Hola, Anónimo. Tienes mucha razón.
Y qué bueno que esta enseñanza te fue de bendición.
Gloria a Dios.
Bendiciones para ti!

Anónimo dijo...

Buen post, gracias por compartir.

dina ferrufino dijo...

Gracias mi Dios por tu palabra bendito padre celestial

Anónimo dijo...

MUY BONITA REFLEXIÓN
PARA LOS MINISTERIOS DE ALABANZA DIOS LE BENDIGA MUCHO

Sea tu voluntad dijo...

Exelente Dios los bendiga

Carlos Ruiz dijo...

Hola, soy líder del Ministerio de Alabanza de mi Congregación, bendiciones por este estudio y que Dios le siga dando más y mucho más, pues esto nos sirve para mejorar nuestro servicio a Dios, dirigiendo Alabanza y Adoración, aprendiendo del Gran Maestro. (Aprended de mi, que son manso y humilde de corazón)
Dios bendiga su ministerio y su vida personal.

Anónimo dijo...

DTB, EL MATERIAL ES UN APOYO QUE VA DIRIGIDO PARA TODOS AQUEL QUE SE VANAGLORIA Y CON ÉSTE MATERIAL SE DARÁN CUENTA QUE A QUIEN SE LE HONRA Y GLORIA A NUESTRO DIOS. EXALTEMOS SU SANTO NOMBRE. LES BENDIGO GRANDEMENTE

dIOS HA TOCADO MI CORAZON dijo...

LINDO MENSAJE, DIOS TE BENDIGA.

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